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Juan Simarro Fernández

La ley del muro

 
La ley del muro
 
La autorización para construir un muro de más de mil kilómetros en la frontera de los Estados Unidos con Méjico, ya está firmada. Será un muro de 1.126 kilómetros. Un tercio del total de esta frontera. Estamos seguros de que no será un muro impermeable y que dé total satisfacción a los deseos de Bush. Algunos, viendo las problemáticas de las migraciones en el mundo, entre las que está el fantasma del hambre, el subdesarrollo y la deficiente alimentación tanto de Méjico como de tantos otros puebl

21 DE NOVIEMBRE DE 2006

Este muro para muchos es absurdo y lo quieren clasificar como el nuevo muro de la vergüenza. Son como los traspasos del vergonzoso muro de Berlín a otras partes del mundo. Otras partes del mundo como España. Recordemos nuestro muro que separa Marruecos de Melilla. Muertes, violencias y miserias para que, al final, la Guardia Civil tenga que reconocer simplemente que “lo volverán a intentar”... Porque el hambre tiene fuerza suficiente como para derribar muros.

Quizás estos sistemas de frenada no sean lo más adecuado para resolver los problemas de insolidaridad del mundo. No creo que sean los pasos adecuados para las reformas que los procesos de migración y las leyes migratorias requieren. Lo malo es que, quizás, estos muros sean solamente un simple parche para después construir el resto del aislamiento necesario entre ricos y pobres. Al muro seguirán otras construcciones insolidarias, marginantes y contenedora de las riadas de hambrientos en el mundo.

Quizás el Presidente de los Estados Unidos también quiere poner contentos a la base conservadora de su partido. Necesita captar los votos de los que quieren el abordaje anti inmigrante. Pero ¿qué repercusión va a tener en las comunidades de latinos tanto dentro como fuera de los Estados Unidos? Quizás la Ley del muro lo único que está mostrando es el fracaso de las auténticas políticas migratorias, el fracaso de las reformas solidarias con el mundo pobre que se deberían haber aprobado en el Congreso de los Estados Unidos. Quizás a los españoles nos dirían, con cierta razón, que nos preocupemos nosotros de nuestro muro y que nos dediquemos a criticar nuestras vergüenzas e insolidaridades. Melilla tiene también su muro de protección de nuestros graneros, su muro de la vergüenza. Además, queremos dotarlo con rayos infrarrojos, cámaras de video, que sea triple y aplicar todo tipo de nuevas tecnologías. Tenemos que defender lo que es de todos, pero que nos lo apropiamos como nuestro, porque ¡cuántos recursos viene al mundo rico procedentes de los países pobres! Incluso la deuda externa es financiadota de nuestro bienestar.

Parece que los recursos de un mundo que es de todos, no puedan nunca llegar a ser de todos. Son solamente de unas minorías despojadoras que dan como resultado países empobrecidos.

Bush ha calificado esta ley como una “buena ley”. Ojalá que tanto los Estados Unidos, como el resto de los países del mundo y, entre ellos, España, se preocuparan de construir muros y puentes de solidaridad, de consensos entre los hombres, de cooperación y, desde el punto de vista cristiano, de projimidad. Los muros humanos de contención de flujos de personas, son necedad. Son muros que no van a resolver los problemas. No se pueden poner puertas al mundo para separar a los humillados, despojados y ofendidos.

 Eso va en contra de las ideas y valores bíblicos que apoyan la destrucción de los muros de separación entre las personas.  Así dice la Biblia en la Epístola de Pablo a los Efesios:  “Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando el muro intermedio de separación”.  Palabras que se pueden aplicar a la necedad de construir muros en lugar de crear políticas de cooperación solidarias para ir eliminando la pobreza en el mundo y las causas de las fuertes presiones migratorias.

Méjico, quizás, aun queriendo, no puede controlar sus fronteras. Necesita de la solidaridad del mundo. Desde el punto de vista cristiano no se puede decir que los muros de separación van a ser los que van a ir solucionando los problemas de la humanidad. Son símbolo de la necedad de la parábola del Rico necio que construía graneros mayores para almacenar lo que consideraba únicamente suyo:  “mis graneros, mis bienes, mis frutos, mi alma” ... ¡hasta el alma le pertenecía como sólo poseedor! Pero tanta profusión en los posesivos, hizo que Dios le calificara como necio.  “Esta noche van a pedir tu alma”  y ¿de quién será todo lo insolidariamente almacenado detrás de unos muros? Esa es la pregunta bíblica.

Por lo demás, el mejor muro que podemos construir los humanos hoy es el del desarrollo de los pueblos, los muros permeados por la solidaridad entre las naciones y entre las personas. Muro de pan y palabra compartida como símbolo de acercamiento del Reino de Dios a los pobres.
 

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2014

 
 

Tags:  muro


 

 

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