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Editorial

 

 

 

¿Suicidio colectivo o caminos de esperanza?

 
¿Suicidio colectivo o caminos de esperanza?
 
El caso del español Ramón Sampedro dio la vuelta al mundo. Pero no el de Fran Otero.

08 DE JULIO DE 2011

No sólo salió en la prensa, radios y televisiones de todo el mundo. Llegó incluso a la gran pantalla de la mano del genial  Amenábar . Su caso clínico: una tetraplejia por accidente. No podía moverse del cuello hacia debajo.

 Sampedro  podía respirar, hablar, comer, mover la cabeza, y vivir indefinidamente, al menos sin un plazo fijo para su muerte.

Con su inteligencia y consciencia totalmente conservadas, como en el caso de Sampedro, Fran Otero  no sólo está totalmente inmóvil sino que además no puede siquiera tragar los alimentos (los recibe por una gastrostomía). Tampoco es capaz de respirar, necesitando ventilación mecánica continua. No logra mover la cabeza, apenas el mentón y la cara. Y milagrosamente ha superado en mucho el plazo de vida máximo que le dieron cuando fue diagnosticado de  ELA  (Esclerosis Lateral Amiotrófica).

Pero el mayor milagro, como desarrolla la noticia  “ Francisco Otero, una fe dinámica en un cuerpo casi inmóvil , ” es que su actividad es mayor que en la mayoría de las personas sin limitación física alguna (publica artículos y libros, está comprometido con ONGs, experimenta una fe viva y activa, es padre y marido presente, no ausente…).

 Con los tiempos que corren es otro milagro su matrimonio  que, con las lógicas pruebas y dificultades que cualquier puede apenas imaginarse, es una evidencia de entrega y amor mutuos, frente a tantos otros rotos, hastiados de bienestar y facilidades (les recomendamos escuchar la entrevista a Dámaris que se incluye adjunta a estas líneas del presente Editorial).

No es extraño saber de alguien que muere por una causa, pero es excepcional conocer de quien es capaz de vivir por ella a contracorriente, contra viento y marea, cada día, durante toda una vida. Es el caso de Francisco Otero y Dámaris Domínguez.

Y sin embargo  la historia de Fran (y Dámaris) no ha ocupado los medios de comunicación, ni en España ni en el mundo.  Mucho menos una película.

Si lo miramos objetivamente, entendemos que  el suicidio asistido, y el derecho a decidir la propia muerte, de Sampedro se promocionan infinitamente más en nuestra sociedad que la esperanza y la lucha por la vida digna que hace Fran Otero.  Y la importancia de esta idea es que no sólo hablamos del final de la vida. Hay suicidios por sobredosis de rutina, por intoxicación de materialismo o por comodidad; también por matar los ideales, los sueños y los proyectos de vida a la primera dificultad o fracaso serio. Y hoy -creemos- se vive en este sentido un suicidio social colectivo.

Y este es el mensaje ¿Qué sociedad estamos construyendo?  No son sólo los derechos que teóricamente defendemos, sino el estilo de vida y valores que promocionamos –y por los que luchamos- lo que nos definen como personas y como pueblo.

 Cualquier persona puede suicidarse, sea legal o ilegalmente, como vemos en el caso de Sampedro. Pero muy pocas pueden transmitir un mensaje de esperanza como Fran Otero  y Dámaris Domínguez.

Nuestra sociedad promociona lo primero, la nada como salida al dolor y al sufrimiento. Pero silencia a los héroes, el ejemplo de quienes dignifican el derecho a vivir, el canto a la esperanza en medio de la mayor dificultad, el esfuerzo que triunfa dándonos a todos una vida mejor porque con su ejemplo la hacen más alta, más clara, más digna, más libre.

 Por eso no hemos podido dejar de escribir este Editorial.  Porque Fran, Dámaris y los suyos se lo merecen. Porque son el mejor ejemplo para una sociedad aburrida, decadente, desilusionada y vacía de esperanza.

Mirándoles a ellos  cobra nuevo sentido la frase de Jesús:   Yo soy el camino, la verdad y la vida ; y  se vuelve más borroso que nunca el canto de sirenas de nuestro tiempo :  Cada cual tiene su camino, todo es relativo, y si la vida te falla siempre te queda el suicidio. 
 

 

 

Comentarios (5)

 
Id Autor/Fecha Comentario
5

Derechos

23/07/2011 02:12h

Se le da más relevancia a los casos de personas que desean morir porque no pueden hacer realidad su deseo legalmente. Quienes quieren seguir viviendo, lo pueden hacer, sin problemas legales. Mis respetos para quien opte por una cosa o por otra.

4

Liza

23/07/2011 02:12h

¡gracias por publicar este articulo! puedo contemplar a Dios a traves de una vida rendida a El;su poder y su gloria y ser mas agradecida por todo lo que el me da.¡gracias Señor!

3

Ubaldo (México)

16/07/2011 22:30h

Par de grandes testimonios en un mundo donde se fomenta más la muerte que la Esperanza en el creador, Jesucristo.

2

Alejandro Alcázar

10/07/2011 04:19h

La llamada ¨cultura de la muerte¨ no solo se conforma con hacer su propaganda, sino también a silenciar los casos de fé y lucha por la vida como el de Fran Otero. Lo peor de las leyes pro-eutanasia es que reconocen implicitamente que una vida enferma o limitada no merece ser vivida. Gran testimonio el de Fran.

1

maria

09/07/2011 19:48h

Gracias por este mensaje, lei el anterior y estaba incompleto sin esta segunda parte.Hoshino Tomihiro en una persona con unas condiciones parecidas a las de fran , cuando estaba en un hospital (estuvo ingresado 9 años), pensando como podria morir, conocio a personas que le hablaron del evangelio y ahora despues de años escribe unos poemas fantasticos. ¿que importa que Fran no tenga la misma repercusion que Sampedro, por lo que vi en tv este señor Sampedro estaba amargado (no lo culpo) pero no buscaba nada mas que todo se terminase, yo creo que Fran espera en el Señor y sabe que El hara. Uno de sus poemas: 'Tengo una herida, Pero su ternura penetro a través de mis heridas'

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