En un artículo anterior ( Tarsis, Iberia y Salomón ) tratamos la conexión de Tartesios en la Península Ibérica con las empresas comerciales fenicias y su socio israelita. Continuamos ahora con la relación entre estos estados, de los que la Biblia menciona que tenían un pacto de hermanos ( 1 Reyes 5:12 , Amós 1:9 ).
A partir del siglo XII aC, posiblemente la presión de nuevos pueblos que emergían en la región cananea, como los filisteos, arameos, e israelitas, desplazó parte de la población autóctona hacia el litoral, provocando el desarrollo de las ciudades fenicias desde el monte Carmelo hasta Arwad. Sus principales ciudades fueron: la mencionada Arwad, Biblos, Beirut, Sidón, Tiro y Akko, es decir, la franja costera del actual Líbano.
La ocupación de las ciudades fenicias, no obstante, se eleva al 3º y 4º milenio aC como Biblos, constatándose en este periodo el transporte y utilización de sus afamados cedros en la arquitectura monumental y templaria de Egipto. En la Edad del Hierro I, el testimonio del relato de Unamón muestra el espíritu comercial y marítimo de las ciudades fenicias, e informa de la existencia de escribas en la corte de Zakarbaal de Biblos y de registros reales similar a las crónicas de los reyes de Israel y Judá indicado por la Biblia ( 1 Reyes 14:19, 29 ) desde donde se documentó la composición de los libros 1º y 2º de Reyes.
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Durante el periodo del reinado de Hiram I (970-936 aC) hubo una gran expansión fenicia en el Mediterráneo, con una fuerte presencia en Chipre y Creta. Igualmente su reino creció en la zona costera y del interior donde es constatado por los restos arqueológicos al norte del monte Carmelo, la llanura de Akko y la Galilea occidental. Esta región coincide con la entregada por Salomón después de terminada la construcción del templo de Jerusalén tras el pago por Hiram de casi 4000 kilogramos de oro ( 1 Reyes 9:10-14 ). Una de las ciudadelas halladas en la zona es la fortaleza fenicia de Khirbet Rosh Zayit (la bíblica Cabul), lugar de control y almacenamiento, donde se encontró más de 300 ánforas fenicias con trigo, vino y aceite.
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Uno de los elementos característicos transmitido por la avanzada cultura fenicia al pueblo israelita fue el alfabeto de 22 letras, surgido en Biblos al final del segundo milenio aC y del que deriva el hebreo, arameo y lenguas afines. Igualmente, su politeísmo está presente en representaciones como las figuras de la diosa Astarté, un poco diferente a las halladas en Judá y filistea y asociada al culto de Baal, del que los profetas de Israel como Elías, opusieron una férrea lucha ( 2 Reyes 18:20-40 ). Por el contrario en textos asirios encontramos colaboraciones militares de reyes fenicios e israelitas para detener los ataques de este imperio.
Las relaciones comerciales entre estos pueblos vecinos, no sólo se constata en territorio de Israel, sino también en Judá como indica el arqueólogo I. Finkelstein, donde existen contactos culturales entre la costa fenicia y el interior de Judá, como en Tell Masos situado en el valle del Beersheva, posiblemente en la ruta caravanera del comercio del cobre de los centros mineros del Arabá y también de los productos que procedían de Arabia.
Del mismo modo, la ciudadela real de Ramat Rajel cerca de Belén, muestra una arquitectura palaciega de origen fenicio con capiteles proto-eólicos al final del siglo VII aC. Esta influencia fenicia y su mercadería seguían presente en Jerusalén en tiempos de Nehemías, concretamente en el mercado tirio de la Puerta de los Pescados ( Nehemías 3:3, 13:16 ). Por otro lado, se descubren productos agrícolas de Israel en Tiro, mediante los hallazgos de ánforas israelitas de cuerpo cilíndrico adecuadas para el grano y otros productos agrícolas.
Continuará…









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