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Magacín

Domingo 20 DE MAYO

SUPLEMENTO DOMINICAL DE PROTESTANTE DIGITAL

  • Kairós y Cronos

     

     

     

    Carlos Martínez García

    Monsiváis y la Biblia Reina-Valera

     
    Monsiváis y la Biblia Reina-Valera
     

     Carlos Monsiváis: escenas de temor (una) y amistad (muchas) -II

     Recibió el voluminoso libro con gran entusiasmo. Puse en manos de Carlos Monsiváis un ejemplar facsimilar de la  Biblia del Oso , que le hacía llegar por mi conducto Rolando Gutiérrez Cortés, pastor de la Iglesia Bautista Horeb, en la ciudad de México, y presidente de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.

    03 DE JULIO DE 2010

     
    El episodio tuvo lugar hacia finales de 1988, en casa del escritor, y recuerdo nítidamente que él recorrió las páginas de esa Biblia con entusiasmo. Conocía bien los avatares por los que debió transitar la traducción de Casiodoro de Reina para ver la luz en 1569. Carlos abrevó toda su vida capítulos y versículos que se grabaron para siempre en su mente en la revisión de 1909 de sus siempre queridos y admirados Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera.

    Leyó con atención la dedicatoria del pastor Gutiérrez Cortés, y después reprodujo en voz alta algunas secciones de sus pasajes favoritos. No faltó entre ellos el Salmo 19. Enfatizó que la sonoridad del lenguaje, su elegancia, el sentido poético eran insuperables si se le comparaba con cualquier traducción de la Biblia. Incontables ocasiones me tocó escuchar tal aseveración, tanto en conversaciones personales como en conferencias públicas.

    En uno de nuestros habituales desayunos, en los que invariablemente participaba mi amigo de la adolescencia Carlos Mondragón González, después de referirnos su decidida parcialidad por la versión antigua de Reina-Valera, lanzó una de sus acostumbradas frases que resumían la argumentación que había desplegado en nuestra plática: “Hay libros que lleva uno en su ADN”.

     Acerca de la centralidad de la Biblia en la formación cultural y literaria de Carlos Monsiváis dos de sus amigos de juventud, y que siguieron como tales hasta la muerte de aquel, nos referimos a Sergio Pitol (Premio Cervantes 2005) y José Emilio Pacheco (Premio Cervantes 2009), han dejado testimonios claros al respecto . El primero reconstruye la impresión que le produce conocer a Carlos en la Escuela Nacional Preparatoria (en 1954), en San Ildefonso, y su relación en los años siguientes hasta que Pitol se va a Europa (en 1961).

    Un día de 1957, en los acostumbrados intercambios de lecturas ya realizadas y adquisición de novedades bibliográficas, coinciden en que “el lenguaje de Borges constituye el mayor milagro que le ha ocurrido en este siglo a nuestro idioma”. Entonces Monsiváis reivindica a los autores de la traducción bíblica de su preferencia y admiración:
     …hace allí una leve pausa y añade que uno de los momentos más altos de la lengua castellana le es debido a Casiodoro de Reina y a su discípulo Cipriano de Valera, y cuando desconcertado ante aquellos nombres, le preguntó: ¿y ésos quiénes son?, me responde escandalizado, que nada menos que los traductores de la Biblia. Aspira, me dice, a que algún día su prosa muestre el beneficio de los infinitos años que ha dedicado a leer los textos bíblicos; yo que soy lego en ellos, comento bastante encogido que la mayor influencia que registro por el momento es la de William Faulkner, y allí me da jaque mate al aclararme que el lenguaje de Faulkner, como el de Melville y Hawthorne, están profundamente marcados por la Biblia: son una derivación no religiosa del Lenguaje Revelado.  (1)

    Por su parte José Emilio enfatiza el tema de la Biblia en la formación de su amigo, y en distintos momentos se ha referido la centralidad de la lectura de la Biblia en la vida y obra de Monsiváis. Lo hace en 1992, en el marco de un homenaje a Carlos en la Universidad de Guadalajara. Ahí menciona que Monsiváis lo deja asombrado cuando le descubre la Biblia Reina-Valera. A fines de los cincuentas del siglo XX ambos comparten el goce de películas y libros: “En la feliz ignorancia del porvenir, combinamos sin saberlo alta cultura y cultura popular: programas triples en viejos cines ya también desaparecidos y lecturas de la Biblia en la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Como buen niño católico yo ignoraba esta obra maestra y me había mantenido a distancia de poetas rojos como Pablo Neruda y César Vallejo”. (2)

    El autor de  Las batallas en el desierto  vuelve al tema en vísperas del cumpleaños número setenta de Carlos Monsiváis. En una autoentrevista José Emilio Pacheco evoca el perfil del joven
     
     escritor, a quien conoce en 1957, y le deslumbra por la solidez y vastedad de sus conocimientos, “cuando lo conocí a sus diecinueve años, nadie de nuestra generación había leído tanto como él. A menudo se olvida que la lectura es tiempo y no podemos dar por leído lo que sólo hojeamos o picoteamos. Monsiváis a esa edad tenía ya una gran cantidad de libros perfectamente y críticamente asimilados”. (3)

    Entre esos libros bien apropiados que Carlos comparte con José Emilio está, sobre todos, la Biblia como recuerda éste último:
     …ese niño se forma en la Biblia de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, una obra maestra del Siglo de Oro a la que nunca se toma en cuenta como parte esencial de la gran literatura española, mientras para la mayoría de sus contemporáneos la prosa castellana era lo que leían en las más veloces y descuidadas traducciones, pagadas a un céntimo por línea.
    -¿Usted leyó también la Biblia de Reina y Valera?
    -Sí, pero tarde y gracias a Monsiváis. Yo ni siquiera me había acercado a las biblias católicas, excepto por supuesto a los Evangelios. En vez de la lectura directa, que nos desalentaban casi como una invitación al luteranismo, había clases de “Historia sagrada” en que nos contaban los relatos de Adán y Eva y el diluvio y la torre de Babel
     . (4)

     Más recientemente, en el 2004 y el 2008, en actos a los que me tocó invitar a Carlos Monsiváis, él hizo detenida mención de su traducción preferida de la Biblia.  En el primer caso subrayó el tópico en la conferencia de apertura del Segundo Simposio Internacional sobre el Protestantismo Evangélico en América Latina y el Caribe, que tuvo lugar en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Originalmente yo le solicité que disertara sobre la variante, extendida al conjunto de América Latina, de un tema que había expuesto el 28 de febrero de 1998 en una sesión del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano. Entonces el título de su participación fue “¿Por qué estudiar al protestantismo mexicano?”. (5)

    Pero Carlos decidió cambiar el encabezado y contenido de su conferencia por el de “Aunque me llamen un aleluya… Las ventajas y desventajas de las minorías religiosas”. Los asistentes le escucharon varias menciones a la Biblia en su gustada versión antigua. De la misma manera que elogió a los traductores de la Biblia a lenguas indígenas. Incluso afirmó que debería organizarse un acto de reconocimiento a los traductores del Instituto Lingüístico de Verano, organismo tan denostado por la izquierda latinoamericana muy influida por un catolicismo que percibe como intrusos indeseables a los misioneros protestantes.

     En el 2008, y en el marco de hacerle entrega del Premio de Derechos Humanos Miguel Caxlán ( ver  Protestante Digital , en su edición número 243 ), en el programa incluimos la lectura de pasajes bíblicos.  Ensayamos la ceremonia, y en ese acto previo distribuí a los estudiantes del Seminario Teológico Presbiteriano de México las secciones a leer públicamente, les reiteré que debían estudiar bien los pasajes asignados en la versión antigua de Reina-Valera.

    Ya en el acto de entrega del reconocimiento a Monsiváis, los estudiantes pasaron a realizar las lecturas, pero por una confusión de su parte las hicieron en la Reina-Valera de 1960. Inmediatamente constaté el desasosiego de Carlos, ya que estaba sentado a su lado, y estuve seguro de que algo diría al respecto en su discurso.

    Así fue. Carlos Monsiváis comentó a los presentes en la ceremonia sobre su preferencia por la antigua versión. Volvió a encomiar esa traducción, y aunque dijo entender el cambio por parte de las iglesias protestantes y evangélicas hacia versiones más contemporáneas, justificó la permanencia de la Biblia de 1909; tanto por las evocaciones emotivas que ella le despertaba como por su belleza lingüística.

    En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en el auditorio del Centro Cultural Jaime Sabines, el gran poeta chiapaneco, el 19 de marzo del 2002, me correspondió hacer una semblanza (6) de Carlos Monsiváis, previa a la extensa conferencia que desarrolló en ese lugar. Al día siguiente ambos regresamos a la ciudad de México en el mismo vuelo. Ya en el avión, la charla derivó al libro tatuado en su ADN, la Biblia. Justo una fila delante de nosotros iba un adolescente que leía precisamente la Biblia. Monsivaís le solicitó le prestara un momento Las Escrituras. Ya con el ejemplar en sus manos rápidamente localizó el Salmo 19, al mismo tiempo que corroboraba que se trataba de la versión Reina-Valera de 1960. Entonces cerró el Libro y comenzó a reproducir de memoria la versión de sus afectos. A miles de metros de altura le oí comenzar: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. El un día emite palabra al otro día, y la noche a la otra noche declara sabiduría…”


     Artículos anteriores de esta serie:
       1 Cómo conocí a Carlos Monsiváis
     


    --------------------------------------------------
    (1) Sergio Pitol, Escritos autobiográficos, Obras Reunidas tomo IV, Fondo de Cultura Económica, México, 2006, p. 64.
    (2) José Emilio Pacheco, “Monsiváis y el desierto del pasado”, en Laberinto, suplemento de Milenio Diario, 3 de mayo 2008.
    (3) José Emilio Pacheco, “La iniciación de Monsiváis”, en Nexos, mayo del 2008, p.34.
    (4) Ibid.
    (5) El texto está incluido en el libro Protestantismo, diversidad y tolerancia, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, México, 2002, pp. 83-87.
    (6) “Los recorridos de Carlos Monsiváis”, en Expreso Chiapas, 19 de marzo del 2002, p. 13.

    Autores: Carlos Martínez García


    ©Protestante Digital 2012

     
     



     

     

     

     

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