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Y no leer (y II)
Hace unos días reflexionaba en voz alta sobre la realidad del poco gusto por las letras que encontramos a nuestro alrededor.
24 DE ABRIL DE 2011
Explicaba cómo este hecho a mí se me antoja no sólo una pérdida de posibles deleites sino, principalmente, un problema respecto al acceso al conocimiento en determinados ámbitos y, específicamente, me refería a la dificultad de conocer a Dios.
Partiendo de la base de la infinitud del Señor de cielos y tierra y de nuestra limitada capacidad, parece claro que una vida entera dedicada al estudio y la profundización del conocimiento de Dios sólo darían para acercarnos someramente a algunos de los aspectos de su persona que Él hubiera tenido a bien mostrar.
Pero… Y ahí está el PERO. En el transcurso de la historia, ¿quién ha sabido leer? ¿cuántos han manejado los escritos, en tan diversos soportes, para adentrarse en la ciencia que fuera? ¿cómo se ha transmitido el saber de una generación a otra, y después a la siguiente, y luego a la no nacida todavía?
La mayoría de personas de la iglesia primera no sabía leer. Y recibió y aprendió la buena noticia de la fe con rigor y exactitud. Fue por eso que pudo detectarse con nitidez cuándo y cómo las doctrinas se desviaron.
Sabemos que Jesús, el Maestro, usó recursos didácticos para comunicarse con claridad, para captar la atención de sus oyentes .
De ahí el uso de parábolas , en ocasiones; en otras, ¿recordáis?, una higuera le sirvió de ejemplo , o un niño puesto allí en medio para expresar la sencillez de corazón; otras veces tomó las figuras de los hechos del Antiguo Testamento, para anunciar las verdades espirituales que Él mismo había venido a cumplir: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto…” .
Los profetas también fueron gráficos. Muchas veces era el Señor mismo el que les indicaba qué debían emplear como ilustración: la olla con agua hirviendo de Ezequiel, o la vida entera de Oseas con su mujer infiel, sin ir más lejos.
Hoy en día muchos andan preguntándose cómo hacer llegar el mensaje del evangelio y el conocimiento del Señor a las gentes que nos rodean, en el lenguaje de nuestro tiempo. La música, el audiovisual, el cine… la tecnología y las artes… el deporte y los juegos… Todo lo que quede al alcance de nuestra mano, y todas las combinaciones posibles y con sentido que se nos ocurran.
Los que trabajan entre adolescentes y jóvenes son los que están liderando esta reflexión y la puesta en práctica de las conclusiones a las que van llegando, máxime cuando no hemos parado de ver congregaciones que han muerto literalmente de viejas: por no haber sabido transmitir una noticia tan estupenda como la del evangelio en un lenguaje comprensible y actual a los que nacieron después de los años 50.
Porque se han perdido generaciones enteras: la de los 50, la de los 60, de los 70… Por parte de los que rechazaron el mensaje de salvación, es posible que aprovecharan el anacronismo en el lenguaje que usaron otros para la comunicación como excusa (cada cual usa la que le viene más a mano: me he comprado unas tierras, me he comprado unos bueyes, me he casado… ).
Pero que por nuestra parte no quede nada por hacer. Nuestro Dios es el Dios de la comunicación por excelencia, hasta tal punto que, para hacerse entender de la mejor manera posible, se hizo uno de nosotros, ¿no? “Nos habló, es estos postreros tiempos, en Hijo…” .
Hay películas que muestran muchos de los aspectos bíblicos a modo de parábolas modernas. Canciones, cuadros, power points , escenificaciones teatrales de menor o mayor duración, artes plásticas diversas, expresión corporal, juegos…
Y luego, como hemos venido haciendo en ocasiones, desde siempre, expliquemos con qué aspecto se relaciona del evangelio si es que aún hace falta. Como la oveja que se perdía, o la perla de mucho valor, o la casa bien fundamentada. Porque en realidad eso es lo que quería el Señor que hiciéramos: que proclamáramos el evangelio a toda criatura. No que ellos lo leyeran…
Pero… Y vuelvo con un PERO. Cuantas más herramientas demos a una persona, más independiente y autónoma será, en cualquier ámbito. Y es bueno fomentar su acercamiento individual al Señor a través de la lectura de Su Palabra, directamente, favoreciendo la meditación, la comunión, la intimidad.
Por lo tanto y finalmente, pues, propongo usar todos los recursos que según nuestra creatividad e inteligencia podamos para acercar lo que Dios ha revelado de sí mismo en su Palabra, comenzando por el precioso evangelio de salvación, pero sin renunciar a fomentar la lectura, que es lo que permitirá acercarnos ‘a la ley y al testimonio’ , ese glorioso regalo del Señor que ilumina y llena la desorientada y vacía vida de los humanos.







Comentarios (3)
Sonia Magdalena de Jesús.
29/11/2011 10:11h
FelicidadesFebe, eres de las mejores escritoras a más de poeta, claro que eso se adquiere al desarrollar la maravillosa habilidad para pasar, hojas y hojas y libros y libros y de ahí la gran biblioteca cerebral que nos lleva a crear nuevas cosas y grandes reflexiones. No te detengas!! que nos deleitas con tu hermosa creación y nos haces reflexionar mil gracias doy por tu vida preciosa.
Alfonso Chíncaro (Perú)
28/04/2011 00:18h
Solo tengo una pequeña discrepancia con usted. No creo que sean los medios los que hay que usar para llegar a las personas. Los que tienen que llegar son personas y complementar sus palabras con los medios. Me parece muy importante que, añadida la persona a la iglesia, se le acerque a la biblia. Si no se hace, puede aparecer el peligro de crear una casta encargada de interpretar la biblia por el pueblo (¡qué miedo!).
Alfonso Chíncaro (Perú)
25/04/2011 19:30h
Una observación muy aguda. Si la tomamos en cuenta, puede convertirse en un gol de media cancha a favor del evangelismo y el testimonio de las iglesias. Discúlpeme nomás que se me salga el teólogo que todo evangélico lleva adentro y que recuerde que las parábolas fueron dichas con el propósito específico de no hacerse entender (Mateo 13:10-15), pero igual son útiles hoy en día. Bendiciones.
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