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Magacín

Domingo 20 DE MAYO

SUPLEMENTO DOMINICAL DE PROTESTANTE DIGITAL

  • El punto en la palabra

     

     

     

    Juan Antonio Monroy

    Sembradoras

     
    Sembradoras
     

     33 mujeres del Antiguo Testamento, y 21 del Nuevo, dan testimonio de la extraordinaria importancia que tiene la mujer en la obra que Dios nos ha encomendado. 

    18 DE DICIEMBRE DE 2011

     
    Sembradoras, Anuario del grupo de mujeres de la Iglesia Evangélica en Paseo de la Estación, León. Noviembre 2011, 54 páginas.

     Treinta y tres mujeres del Antiguo Testamento, desde Eva a Ester, y veintiuna del Nuevo, desde la Virgen María a Febe, dan testimonio de la extraordinaria importancia que tiene la mujer en la obra que Dios nos ha encomendado. 

    La misma importancia que todavía hoy, a veinte siglos de la muerte y resurrección de Cristo, se le sigue negando. Casi todos los intérpretes de Génesis 3:18 – “no es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”, hacen una lectura eminentemente masculina del texto: Yo soy el varón, el macho, el que tengo el poder, los privilegios y lo que haya que tener. Y Dios ha querido que yo tenga una ayuda. Tengo muchas cosas que hacer y necesito a alguien que me ayude, como una especie de muleta, de bastón o de apoyo.

    No es eso, no. Los hebreos, sabios en el Antiguo Testamento, explican el texto así: “Le haré para el hombre un enfrente”. El enfrente significa el otro con el que establecer la comunicación y el diálogo. Esa es la relación de una pareja que quiere funcionar. La mujer es el enfrente del varón, pero el varón es el enfrente de la mujer. Uno es el enfrente del otro. La Biblia no es un libro represor ni favorece la discriminación por motivos de sexos. Al contrario. La Biblia aboga por una canalización adecuada en la pareja en el contexto de igualdad, la comprensión y el amor entre el hombre y la mujer.

     A lo largo de siglos y con el pretexto de explicar la historia de los hombres, representantes del género humano y los del sexo masculino en particular se han limitado a éstos, los hombres: maridos, hermanos, hijos y padres. Hijas, mujeres, hermanas y madres han quedado embarcadas silenciosamente, como pasajeros clandestinos; existen sólo de modo secundario. 

     Bienvenidos sean estos tiempos en los que la mujer ha sacudido la carga de la discriminación sexual y lidera grandes empresas en todo el mundo. Trabaja con dedicación e inteligencia. Entre estas mujeres están las que se congregan en la Iglesia evangélica que se reúne en el número 32 de la calle Paseo de la Estación, en Salamanca. Entre otras tantas iniciativas publican cada año un anuario en forma de revista que editan con el título de SEMBRADORAS. Directora del proyecto es la hispano peruana Jacqueline Alencar Polanco . En la literatura de esta cristiana consagrada ocupa un lugar importante su belleza y los sentimientos que inspira. Con algo de timidez, pero con firmeza intelectual, Jacqueline bucea con sus escritos en la marea de la intrincada conciencia humana y nos dice no cómo somos o cómo nos vemos, sino cómo nos ve Dios. De carácter retraído y ensimismado, sensible y delicada, Jacqueline -¿hace bien o mal?- se refugia en el poeta que tiene por esposo y no abunda en la escritura tanto como sus admiradores quisiéramos.

     En este número de SEMBRADORAS Jacqueline Alencar firma la página editorial, una entrevista a Rebeca Manley sobre la importancia de la obra misionera y un comentario a la epístola de Santiago escrito por Samuel Escobar y Eduardo Delás .

    Además de la directora aquí  escriben otras mujeres. María Gloria Sánchez y Beatriz Garrido  publican en página 2 bellos poemas. AIRE titula María Gloria y CUANDO LLEGUE EL OTOÑO SERENO DE MI VIDA, lo hace Beatriz.  Verónica Rossato  comparte con los lectores las nada fáciles experiencias de su estancia en el Sahara, en tanto que  Catalina Redman  se une al tema general, la misión y las misiones y, en un largo trabajo autobiográfico narra las circunstancias de su llamamiento y la obra realizada en unión de su esposo Pablo Wickham.  Margarita Burt  reflexiona sobre la historia de Rut.  Marisa Guardiola  profundiza en temas de la época: La dependencia, el sufrimiento, el autocuidado, el estrés y nos ilustra sobre la manera de cuidar a otros. Breve poema de  Esther M. Allison  e inmediatamente una crónica de  Pilar López  sobre el retiro de mujeres celebrado en Castilla y León.

    Me ha emocionado la buena crítica que  Eva López  hace al libro de Antonia Conesa titulado EXPERIENCIAS QUE GLORIFICAN A DIOS. Durante tres años, el tiempo que estudió Conesa en un instituto femenino de Tánger, la tuve como miembro de la congregación en la que yo ejercía como pastor, la Iglesia Bíblica de Tánger. Entonces tenía una voz muy bonita y con frecuencia le pedía que cerrara mis predicaciones con un solo, que toda la congregación agradecía.

    A la delgada directora de SEMBRADORAS se le ha ido en este número la mano con el sexo opuesto. Nada menos que  siete hombres escriben artículos: Samuel Escobar  (dos contribuciones),  Jesús Londoño, René Padilla, Amable Morales, Pablo Wickham, Bernard Coster y Harold Segura . ¿Va a seguir en esta línea en próximos números? ¿Allá usted, señora, pero entonces tendrá que rotular la revista SEMBRADORAS Y SEMBRADORES.

    Como siempre, los dibujos de  Miguel Elías  que ilustran los diferentes trabajos valen un potosí. Si una revista secular tuviera que pagar estas pinturas tendría que desembolsar muchos euros. Los dibujos de éste hombre tienen un alto valor artístico y crematístico. De natural sencillo y generoso, a SEMBRADORAS no cobra ni un centavo. No lo hace por amor a Dios, lo hace por su identificación con los objetivos cristianos de la revista.

    De la sección poética, siempre bien representada en SEMBRADORAS, ofrezco aquí el bellísimo y profundo poema de  Isabel Pavón  titulado RUEGO A DIOS POR MIS MANOS.

     Ruego a Dios por mis manos, 
     por los diez dedos de mis manos. 

     Ruego también 
     por la palma de mis manos.  

     Ruego por mis manos 
     ya que no alcanzan 
     la distancia adecuada hacia la luz. 

     Ruego a Dios por mis manos, 
     para que se abran siempre sin miedo. 

     Ruego por la condición de mis manos. 

     Ruego para que mis manos 
     lloren por sus poros 
     al palpar la iniquidad. 

     Ruego a Dios por mis manos, 
     para que sólo guarden la memoria 
     de cada día. 

     Ruego para que no flaqueen sus dedos 
     al prestar ayuda al hermano. 

     Ruego por mis manos 
     para que logren sanar 
     acariciando. 

     Ruego a Dios que fortalezca mis manos 
     al sostener la justicia 
     sin quebrarse. 

     Ruego por mis manos, 
     para que, al servir, jamás se enfunden 
     en guantes de sucias manos. 

     Ruego a Dios por mis manos 
     pues hace tiempo que no sienten, 
     que como acero se enfrían, 
     se endurecen. 

     

     

     

     

    Comentarios (2)

     
    Id Autor/Fecha Comentario
    2

    Silvia de Chiappero - Santa Fe, Argentina

    24/12/2011 15:20h

    Gracias Pastor por su artículo. Qué bueno, una revista para la mujer, cómo me gustaría suscribirme. Este año tuve la bendición de leer la revista española Caminemos Juntas, ¿la conoce Ud.?

    1

    Silvia Sánchez Tena

    19/12/2011 22:32h

    Claro que merece una buena crítica el libro de Antonia Conesa, para mí fue una delicia leerlo estas pasadas vacaciones estivales, y luego relatarlas a mi familia en el viaje...lo más valioso es que muchos protagonistas de esas 'experiencias que glorifican a Dios' siguen vivos, de vez en cuando encuentro alguno en persona. Hoy son grandes creyentes, pilares de la iglesia de Cristo en toda España, y dan fe de aquellas maravillosas experiencias. Lo que narra suple a lo que le falte en estilo y complejidad de redacción, ya que es parte de la historia del protestantismo en nuestro país, en primera persona. Me encantan las biografías así, las memorias de las diferentes iglesias evangélicas en España y sus diferentes comunidades, ciudades... si todos las leyéramos, valoraríamos mucho más lo que tenermos hoy, alcanzado con dificultad y oposición por nuestros padres y abuelos, carnales y en la fe. Me encanta que se haga también una obra por mujeres y sobre mujeres, y esa defensa de Monroy, gr

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