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Domingo 20 DE MAYO

SUPLEMENTO DOMINICAL DE PROTESTANTE DIGITAL

  • Colores

     

     

     

    Hélder Favarin

    ¿Quién soy?

     
    ¿Quién soy?
     

     Solemos intentar responder a la pregunta «¿quién soy?» de tres formas, como mínimo. 

    18 DE FEBRERO DE 2012

     
     Se cuenta que una noche  Arthur Schopenhauer , un influyente filósofo del siglo XIX, estaba sentado solo en un parque, en Alemania. Un guarda, que lo tomó por un vagabundo, se acercó a él y le preguntó bruscamente: «¿Quién eres?».  A lo que Schopenhauer respondió: «¡Ojalá lo supiera!». 

    Se trata de una pregunta de difícil respuesta, ¿no es así? Sin embargo, tanto si reflexionamos sobre ella a propósito como si no, nuestra naturaleza humana nos obliga a buscar la respuesta.

    En mi opinión, solemos intentar responder a la pregunta «¿quién soy?» de tres formas, como mínimo.

     En primer lugar, muchos se definen por  lo que tienen . En una sociedad en la que se valora más a quienes más tienen, sentimos una presión constante que nos lleva a adquirir más y mejores cosas sin cesar.

    Muchas veces confundimos nuestra identidad con nuestros bienes materiales. Tracy Chapman expresó esta idea en una de sus canciones:
     Consume por encima de tus necesidades. 
     Este es el sueño. 
     O eres un indigente 
     o eres una reina. 
     No voy a morir sola. 
     Lo tengo todo preparado. 
     [Cavaré] una tumba ancha y profunda 
     para mí y para mis montañas de cosas. [1] 

     En segundo lugar, los logros (o los fracasos) representan el áncora de la identidad de algunos .  Soy  el puesto que ocupo en el trabajo.  Soy  los títulos que he obtenido.  Soy  mi grado de intelectualidad.  Soy  las metas que alcanzo.

    Además,  en la actualidad hemos empezado a describirnos a nosotros mismos en función de la cantidad de  conexiones  que establecemos y de su valía . El número de amigos en Facebook o de seguidores en Twitter puede condicionar cómo percibimos nuestro valor o nuestra importancia.

    El amor propio bien puede depender del grado de popularidad y de aceptación que creemos tener en un círculo determinado.

     No obstante, los cristianos creemos que el origen de la respuesta a la pregunta «quién soy» debe ser otro: el amor incondicional que siente Dios por nosotros y que se manifiesta en Jesús .

    Prudentemente,  Brennan Manning recomienda que nos definamos radicalmente como seres amados por Dios . En su opinión, en ese amor radica el verdadero yo y cualquier otra identidad es una ilusión. [2]  Asimismo, afirma que la búsqueda de una identidad fuera de nosotros mismos es lo que hace que la acumulación de poder, riqueza y honor resulte atractiva o lo que nos lleva a establecer nuestro centro de gravedad en las relaciones interpersonales.

    En palabras de Manning, si la vida y el significado emanan de una fuente distinta a ese amor, estamos muertos espiritualmente, ya que al relegar a Dios a un segundo plano con respecto a alguna alhaja o bagatela, cambiamos una perla de gran valor por fragmentos de vidrio tintado. [3] 

     ¿A qué pozo acudimos a beber para definir quiénes somos? No cabe duda de que las pertenencias, los logros y las conexiones ocupan un lugar en nuestras vidas. Sin embargo, creo que no pueden sustituir el único y verdadero eje de la identidad para la que fuimos creados .

    Ante la pregunta «quién soy», Thomas Merton se respondió: «Soy el objeto del amor de Cristo». [4]  ¿Cuál sería nuestra respuesta?


     
     
       [1]  Tracy Chapman, Mountains O’ Things
     
       [2]  Brennan Manning, Abba’s Child: The Cry of the Heart for Intimate Belonging  [Hijo de Abba: El corazón clama por una pertenencia íntima] (no disponible en español)
     
       [3]  ibídem.
     
       [4]  James Finley,  Merton’s palace of nowhere  [El palacio de Merton en ninguna parte] , p. 96 (no disponible en español)
     

    Autores: Hélder Favarin


    ©Protestante Digital 2012

     
     



     

     

     

     

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