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Domingo 20 DE ABRIL

SUPLEMENTO DOMINICAL DE PROTESTANTE DIGITAL

  • Por el último Adán

     

     

     

    Alfredo Pérez Alencart

    António Salvado y Dios tras la tormenta

     
    António Salvado y Dios tras la tormenta
     

     Salvado ha publicado 60 libros de poesía, pero de la selección que les ofrezco todos los poemas son inéditos. 

    18 DE FEBRERO DE 2012

     
    UN POETA DE LUSITANIA
    Acojan -en el Arca salvadora de vuestra memoria- el nombre y la obra de António Salvado (Castelo Branco, Portugal, 1936), notable representante de la poesía lusitana actual y, sin temor a equivocarme, el más genuino poeta cristiano que haya nacido en tierra portuguesa. Ninguno como él ha escrito cánticos tan sentidos al Señor. Ninguno como él ha sufrido tantas marginaciones del mundillo literario de su país, motivadas, entre otras cosas, por su declarada religación con Cristo y por su insobornable postura ética ante contubernios y mediocridades.

    A veces su silencio ha sido muy elocuente; a veces su negativa a participar en alardeantes encuentros ha sido silenciada. Pero él sigue sin perder su identidad cristiana, sin dar bandazos ni enmascaramientos. Salvado no invoca o interpela a Dios desde los vergeles, sino desde una inhóspita intemperie cuyos Vientos traspasan el alma para purificar todas sus lindes. Salvado no leva anclas ante el sufrimiento del prójimo. Ello le hace decir, esta vez en verso:“Hay en mí/ una inmensa voluntad/ de cantar y de llorar,/ porque en todos brotó/ el sufrimiento”. Y tras conocer a fondo el Evangelio, avanza la regla conductual que todo cristiano y poeta debería tener siempre presente: “Las llaves del Reino sólo podrán ser utilizadas después de la anulación del yo, después de la disolución del apego a lo inmediato y a lo transitorio. En una palabra: después del aniquilamiento de la ceguera del orgullo. Dolorido camino que el Poeta sabe traspasar”. Por ello, cuando lo traspase, podrá escribir como él lo hace, impregnando sus textos de benevolencia con el prójimo. Y así es como pergeña estos dos sabios proverbios:

    TERNURA
     En cada paso  
     que des, que un poco  
     de ternura comprometa  
     tu movimiento. 

    DENUEDO
     Que jamás el veneno de tantas brasas  
     te queme el corazón desencantado. 
     Escribe el mañana con tinta viva: 
     no dejes que un revés quiera apagarlo. 

    Conozco a António Salvado desde hace unos veinte años y puedo dar fe de su humildad nunca impostada, de su generosidad extrema en lo material, de su grandeza espiritual moldeada para atenuar sufrimientos y perturbaciones cotidianas. Salvado goza y agoniza, reconsidera el dolor ante las heridas de los suyos y las de su Maestro. Y luego, desde lo profundo, deja anotado el estatuto de su creencia: “De alma vigilante al llamamiento del Creador, cimentando la libre opción de intentar -con humildad- comprender el horizonte de la Verdad trascendente, concentrando el fluir personal de la existencia en la esperanza de la Gracia, me confieso creyente en la afirmación de que Jesús es el revelador del Padre y fuente de la fuente del Amor, hijo de Dios Uno y Trino. Y por el hecho circunstancial de ser yo poeta también, en el mensaje de salvación recogí, con débil propiedad no obstante, la sustancia que objetiva el contenido de uno u otro de mis poemas. Sustancia aclarada a veces con angustia, otras veces con serenidad y encantamiento”.

     POEMAS DE LA ANGUSTIA
    Veamos, en primer término, algunos poemas que reflejan esa tribulación o congoja que pugna por volver escombros la fe del creyente y que torna al poeta en un moderno Job, o bien en un Habacub o un David de nuestro tiempo. La Biblia, bien sabemos, contiene innúmeros pasajes que dan cuenta de dudas, vacilaciones ante fieros golpes de la vida, pero también del sostén de Dios para con sus hijos. Bastaría recordar el Salmo 119, de cuyos 176 versículos sólo cito algunos: “Angustia y aflicción han venido sobre mí, mas tus mandamientos son mi deleite”; “Si tu ley no hubiera sido mi deleite, entonces habría perecido en mi aflicción”; “Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra. Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra”.

    Tratándose de António Salvado, les dejo constancia de dos fragmentos ilustrativos de tales padecimientos y reclamos: “N o gastaré palabras para alabarte:/ paralizan mis labios una honda angustia/ y es de guerra mi grito cuando empapa/ esta ausencia de paz que no me serena.// Desasosiego, insomnio, desesperación:/ toda mi sangre turbia se subleva (…)// Entonces, Señor, soy Tu criatura…,/ de Tu creación un frágil polvo…:/ haz descender sobre mí la Gracia que sólo Tú/ podrás entregarme hecha Luz”. El segundo fragmento conexiona la angustia con la duda, el mejor carburante de la fe que logra consolidarse, pues bien conocemos que, por lo general, las súbitas expresiones de creencia devienen en súbitos abandonos de la comunión: “Angustioso/ es el remoto camino/ por donde transitamos/ sin saber/ si pronto surge el sol/ por el horizonte/ y que con sus rayos/ nos muestre dónde/ hallaremos la feliz certeza/ de haber sido recogidos/ sobre Tu manto de dulzura.// Y la duda, Señor,/ en mí persiste/ y más se hace presente/ cada día”. Aquí cuatro poemas inéditos que perfilan el sollozo del hombre titubeante y su esperanza puesta en el Señor: 

    DESHAZ, SEÑOR
     Deshaz, Señor, esta mortal angustia 
     que oprime mi corazón tan dolorido. 

     Y nada más Te ruego en este crepúsculo 
     donde ya anochece mi vida. 

    OH SEÑOR, DAME LA PAZ
     Oh Señor, dame la paz no merecida, 
     bien lo sé, en este camino atribulado 
     de tentaciones y de continuas caídas, 
     de vacilaciones y temores duraderos. 

     Dame una calma vívida de reposada 
     tranquilidad en mi pecho amargo. 
     Y nada más Te pido, en el silencio 
     de mi noche ardida en pesaroso fuego. 

     Señor: concédeme tu gracia 
     por los gritos sin sonido que yo lancé 
     cuando una sombra la luz me oscurecía. 

     Y que la fe permanezca perenne en mí, 
     hasta alcanzar el trillado camino  
     que me lleve a lo infinito de Tu Ser. 

    SEÑOR, SI ASÍ LO DESEARAS
     Señor, si así lo desearas, 
     concede a mi inquietud 
     el mayor anhelo 
     de acercarme a Ti 
     y que, en cada clamor de este quebranto 
     que a todo instante me lacera, 
     yo sienta 
     aunque sea una porción 
     del cielo acogedor de Tu gracia. 

    IMITARTE, SEÑOR
     Imitarte, Señor, en Tu paz 
     que me dejaste como un padre atento. 
     Pero perdona si no soy capaz, 
     -cobardemente indigno y abatido- 
     de imitarte, Señor, en el sufrimiento. 

     POEMAS DEL PERDÓN
    Antonio Salvado ha publicado sesenta libros de poesía (desde el inicial titulado  A Flor e a Noite,  aparecido en 1955, hasta  Conjunto de Sonetos, seguido de Novo Livro de Odes , editado en diciembre de 2011 por Palimage, de Coimbra), sin contar con varias antologías de su obra ni sus libros de ensayo sobre temas literarios, filológicos o etnológicos. Yo mismo he traducido al castellano varias antologías y poemarios suyos ( Los dominios de la mirada,  en 2000;  Malva,  en 2004;  Señales de Dios en mi poesía,  en 2005,  Otoño,  en 2009 o  La hora sagrada,  en 2010).

    Pero lo interesante de la selección que ahora les ofrezco es que todos los poemas son inéditos. No he querido repetir ninguno de los textos albergados en  Señales de Dios en mi poesía  o en sus otros libros publicados hasta hoy.Aquí les expongo un magnífico tríptico del perdón que a Cristo solicitan tres personajes relevantes del Evangelio: Pablo, Pedro y Judas. Y el poeta lo hace, intuyo, siguiendo las enseñanzas de Santiago, el hermano de Jesús,  “Confesaos vuestros ofensas unos a otros...”  (5:16).

    PERDÓN

    I - PABLO
     En cada senda oculta Lo perseguí, 
     en cada camino el pecho Le llagué: 
     con mi cólera yo era el mensajero 
     de una feroz y sórdida mentira. 

     La oscuridad en los ojos no permitía 
     (en los ojos y en el hosco corazón) 
     que yo, codicioso y venal, me acercara 
     al Ser y pudiera extenderle mis manos. 

     Hasta que un día oí una Voz profunda 
     cálida y paternalmente serena: 
     “¿Por qué -decía Ella- me persigues?” – 
     y aquellos sonidos, aunque soplo dócil 

     me rebanaron el alma, y todo el cuerpo 
     calenturiento cayó al suelo. 
     Angustiado, 
     sentí entonces que Su inmensa gracia 
     me fue otorgada cual sagrado perdón. 

    II - PEDRO
     Tres veces Lo negué y mi culpa 
     atravesó el tiempo insondable; 
     tres veces también tuve el temor 
     de que a Su lado me creyesen su amigo. 

     Miedo de los azotes, de las cadenas 
     que con fuerza flagelasen mi cuerpo – 
     ¡ah qué miseria llenó esa indolencia!: 
     cruel e inconsciente yo Lo negué. 

     ¿Cómo olvidé el fuego de la promesa 
     que jovial ardía por mi sangre 
     cuando Le apreté las manos y ante lo que Él  
     decía yo aseguré serle siempre fiel? 

     Contrito, arrepentido, el dolor lloré 
     para todo y siempre, dando ayes en la convicción 
     de que el perdón de Él vendría por completo, 
     pues sobre mí levantó Su iglesia. 

    III - JUDAS
     Son tantos los que venden diariamente 
     la grandeza infinita de Tu ser, 
     tantos aquellos que ignorando el brillo 
     de Tu luz se niegan a conocerte, 

     numerosos incrédulos, que despreciando 
     la belleza vivaz de Tu rostro, 
     es que reniegan -necios- el tamaño 
     ilimitado de ese poder que eres Tú, 

     ah, ¿cuántos te desprecian sólo a cambio 
     de una riqueza vana y pasajera, 
     viviendo, sin vida, el caudaloso 
     río miedoso de las malsanas ilusiones, 

     tantos, Señor, a quiénes Tu bondad 
     ya todo perdonó? 
     Por ello, estoy convencido 
     de que la última palabra que dijiste 
     fue decir Perdón a mi pecado.  

    POEMAS DEL GOZO
    Hace algunos años, cual milagro en estos tiempos de banalidades aupadas a la cima del éxito, un importante periódico lisboeta entrevistó a António Salvado, dedicándole sus dos páginas centrales. ¿Cuál el titular destacado? Esta fue su declaración: “Felices aquellos poetas que encuentran a Dios y, si no lo encuentran, es Dios quien hacia ellos va”. Otra prueba más del hondo sentimiento cristiano del poeta nacido en la región de la Beira Baixa, fronteriza con Badajoz y Salamanca.

    Ahora corresponde dejar constancia de sus poemas que irradian gozo y esperanza. En estos se aleja del salmista David: “Me rodean males sin número, y el corazón me falla./ Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme” (Salmo 40:11-13), o del profeta Habacuc: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?” (1:2). Se aleja de él mismo, de su otra vertiente más agónica y reclamadora. En estos poemas Salvado ha entendido a la perfección el mandato de Jesús: “Toma tu cruz y sígueme” (Mat. 16:24), y, en efecto, sigue a su Maestro:

    ENTRO EN ESA ALEGRÍA...
     Entro en esa alegría de Tu ser, 
     presente siempre aunque lejano, 
     corrida la hilera de la cortina 
     abierta al infinito para verte. 

     Y sé que estás allí, aquí, a la espera 
     de que en mis labios Tus palabras suenen, 
     que todo en mí sea constante oración 
     de plena fidelidad a Tu amor. 

     Perdí temores, ansiedades, grandes 
     sequías anegadas en angustias: 
     porque entro en Ti, directriz de júbilo, 
     para que me sientas a Tus pies, cantándote. 

    DIJERON MUCHAS VECES...
     Dijeron muchas veces que no hay 
     palabras que definan Tu rostro, 
     que ninguna lengua podrá marcar 
     o conseguir trazar Tu perfil. 

     Revelan las ciencias lo real, 
     lo tocable corpóreo de lo concreto 
     y así se explica ahí y nada más 
     la dimensión fatal del universo. 

     Pero quedas para el más allá innominable, 
     Señor de otras grandezas, luz de la fe. 
     ¿Para qué buscar palabras que no dicen 
     con precisión aquello que Tú eres? 

    SIN PREMIO, RECOMPENSA...
     Sin premio, recompensa: Te amo, en fin, 
     gratuitamente: como un siervo humilde 
     que purifica el suelo hollado de residuos 
     dejados allí por los peregrinos 

     de muchas generaciones pasadas. 
     Simplemente te serviré: a Tu servicio 
     vibrando, jovial de contentamiento, 
     con júbilo mayor y regocijo. 

     Y con pasión me entrego sin pensar 
     que un mísero temblor pueda abatir 
     el llamamiento que de Ti se extiende 
     por toda mi sangre que Te pertenece. 

    MELODÍA DE AMOR…
     Melodía de amor, Tu voz 
     suaviza, serena y compasivamente, 
     todas las perturbaciones a mis horas, 
     todo desasosiego a mi vida. 

     Y la seducción del mundo se va fuera, 
     cual inútil fulgor de un falso brillo, 
     cuando Ella, cordial pero incisiva, 
     me llama dulcemente hacia Vos. 

     Entonces permite, Señor, que ella a mi lado 
     me acompañe por mares y desiertos, 
     por abruptas montañas y selvas, 
     por incertidumbres que el futuro traiga. 

     Acepta complaciente mi oración: 
     Sin melodía, pero de amor engalanada. 

    VERTIENTES DE SU OBRA
    Con ayuda del rabino de Lisboa y al término de su licenciatura en Filología, Salvado hizo una bella versión del  Cantar,  publicada bajo el título  de Cântico dos Cânticos de Salom ã o  (1962). Una década después dio a imprenta otro libro de versiones:  Oraç ã o dos Primeiros Crist ã os  (1972). No abundo más en la solera de su cristianismo.

    Pero ahora dejemos que sea el propio poeta, quien estos días cumple 75 años de vida, haga balance de su creación. Lo extraigo de un texto inédito, leído en Salamanca en octubre de 2010, cuando el XII Encuentro de Poetas Iberoamericanos lo tuvo como poeta homenajeado: “Habiendo ya traspasado ampliamente la ‘mitad del camino de nuestra vida’, sirviéndome del verso del Dante, y autor de un número algo destacado de títulos, siento la poesía en todo lo que ven mis ojos, como si de la primera mirada se tratase, y en todo lo que consigue hacer fluir mejor a mi sangre, como si se tratase de un alimento esencial para la vida. Mi poesía se impregna de amor y desamor; de esperanza y de desesperación; de algunas afirmaciones y de muchas negaciones; de seriedad y de ironía; de expectante intervalos entre lo que sucede y lo que podrá o deberá suceder; de la limpidez y del caos. Algunas veces, cada cierto tiempo, mi cántico también se prolonga en una aproximación a la muerte; pero, de pronto, en él surgen, como escenario o plano de fondo, las flores silvestres de la región donde nací (el romero, las jaras) y el fluir del agua y el sabor del pan y las palpitaciones de mi corazón y el latido solidario del vuestro”.

    Y, de una amplia entrevista que yo le hiciera, extraigo un fragmento donde el poeta expone su forma de entender la poesía religiosa que escribe: “…la ‘sustancia’ a lo divino ilumina algunos de los momentos más inspirados de mi creación. Eso sí, debo señalar que las modulaciones religiosas que atraviesan muchos poemas míos raramente son de simple alabanza. Muy por el contrario: el acto de  creer  encierra, para mí, toda una enorme consistencia de inquietud y de angustia. De  eso  hablan la mayoría de mis poemas a lo divino” (Revista  Arquitrave,  Colombia, nº 48, junio de 2010).

     TORAL DE LOS GUZMANES (Y DE LOS POETAS DE DIOS)
    Hablar poéticamente de Toral de los Guzmanes, el pequeño pueblo leonés donde hace más de un siglo el misionero, poeta y musicólogo inglés Eduardo Turrall sembrara el Evangelio, es hablar del Encuentro “Los poetas y Dios”, que todos los años se celebra allí desde octubre de 2004. Tres nombres resaltan, en cuanto a la organización y amparo de esta cita ecuménica tan entrañable: el alcalde del pueblo, Miguel Ángel Fernández; y Manuel Corral junto con Isidoro Herrero, por parte de la Asociación Cultural Evangélica “Eduardo Turrall”. António Salvado es poeta-fundador de estos encuentros. No ha faltado a ninguno y no sé qué le sucedería a su corazón si esta cita llega a faltarle. ¿Creen que exagero? Pues lean un poema escrito para el encuentro de 2010:

    AMANECER EN TORAL DE LOS GUZMANES
     Mi angustiado corazón deja 
     de dolerme cuando en lo alto inmenso 
     comienza el canto de los pájaros 
     para que serena despierte mi fe. 

     Y, atravesando lo azul, mis ojos sienten 
     que esas aves, cantando, manifiestan 
     un recóndito amor, fértil y secreto 
     que hasta a ellas auxilia lentamente. 

     La madrugada moja mi sonrosado  
     rostro con gotas de rocío 
     caído jubilosamente del cielo. 

     Con las manos levantadas o cruzadas 
     al pecho, acompaño feliz esos gorjeos, 
     pues también las aves son la voz de Dios. 

    Sus poemas aparecen en el apreciado volumen titulado  Los poetas y Dios  (Diputación de León, 2006, pp. 251), donde se recogen poemas de los tres primeros encuentros. Y, como muestra de su gratitud espiritual, Salvado tradujo al portugués y publicó un texto de todos los poetas que han pasado por Toral en estos años. Así, en la plaqueta titulada  O Divino. Sílabas do Oeste  (Sirgo, Castelo Branco, 2010), se encuentran versos de Quintanilla Buey, Tarquis, Muñoz Quirós, Fonseca, Amat, Aganzo, Cayón, Estévez, Sagüillo, Torres Rechy, Acosta, Valle Alonso y tantos más. Todos, menos él, como corresponde. Pero aquí yo les selecciono tres últimas creaciones suyas, por él leídas en ese pueblo donde la Palabra está presente, donde Jesús más se nos hermana porque más en comunión estamos:

    CUANTO MÁS ME DESCONOZCO…
     Cuanto más me desconozco 
     más me aproximo a Ti; 
     cuanto más niego mi ser 
     más junto a mí Te siento. 

     Querer de noche, querer de día; 
     reconozco la pequeñez 
     de mis gestos vacíos 
     si por algún instante Te pierdo. 

     Aunque sordo, oigo las palabras 
     que en mi corazón repites; 
     es una piedra empedernida 
     que tiene difícil escucharte. 

     Negándome, persisto 
     en la esperanza de llegar a Ti: 
     y es esta, Señor, la lucha 
     en que estoy pugnando. 

    DE TANTO PEDIRTE…
     De tanto pedirte, a veces siento 
     un estertor de cansancio en mi interior, 
     y sin saber si el tiempo todavía es tiempo 
     desfallecido, prosigo así, 

     rogando la calidez de tu Gracia 
     y avivando el fervor de la Confianza: 
     voy arrastrando el corazón tan fatigado, 
     pero Tú, Señor mi Dios, nunca te cansas. 

    QUÉ LUZ SANA MI ALMA…
     Qué luz sana mi alma de oscuridades… 
     Qué pureza atravesando densas tinieblas 
     resurge y permanece… 
     Qué súbito destello en mí todo redime… 

     Desato mi voz, mi lengua, 
     y en versos convirtiendo hondas ansias, 
     beso el Mirar que brota de la distancia 
     y que me acaricia, seduce y anima. 

     (Vuelto hacia Ti, a Ti unido, 
     no necesito abrir otro camino: 
     a pesar de combates y conflictos, 
     Tu mano reposa sobre mí). 

     Y la nave que me lleva no conoce  
     límites a la dimensión de los mares: 
     es por lo infinito que navega, 
     llenas de Tu amor las curvadas velas, 
     y la Nave avanzando sin parar. 

     DESPEDIDA
    Tan cerca Portugal de España, pero tan lejos parece a veces, debido principalmente al desconocimiento o a los tópicos que acumulan los siglos. He querido ‘descubrirles’ a un poeta cristiano que merece un átomo de atención. Un poeta que dice, con cierta ironía:

     Dichosos  
     los que escriben 
     sin sentir: no tienen 
     que soñar; 
     piensan tan sólo. 

     Intacto quedará 
     su corazón. 

    Salvado se despide, cual contemporáneo Etán ezraíta, convencido de la paciencia de Dios ante sus angustias y reclamos:

     Tú, Señor mi Dios, nunca te cansas. 

     

     

     

     

    Comentarios (14)

     
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    14

    René Arrieta Pérez

    29/02/2012 19:59h

    Me complace mucho este artículo que el poeta y promotor cultural Alfredo Pérez Alencart dedica al maestro y extraordinario poeta Antonio Salvado, quien es uno de esos pocos seres con alma lumínica, que irradia luz, sabiduria, amor. Me honra esa amistad. ¡Poeta, maestro Antonio Salvado, siga dando lo más bello y precioso que tiene su alma!

    13

    leopoldo L. Samprón

    26/02/2012 16:38h

    Sr. D. Alfredo Perez Alencart, ¿por qué Dios te dió ese regalo, ese don de manejar tus letras para emocionarnos cuando 'critícas'a los demás. Tu exposición sobre nuestro amigo Salvado es el árbol nacido entre la playa y el silencio revestido con las hojas del corazón. De mis tres poetas, uno se nos fué (D. Andrés Quintanilla), el otro cumple 75 años, y tú. Tu que sigues ahí descubriendo los diamantes poéticos y almas de los otros y haces pasar desapercibido el talento que tienes que llevas de poeta y de persona. Gracias. Algún día pasaremos los acantilados y en la barra de la eternidad todos tomaremos la copa junto a nuestro Señor y los niños leerán los poemas en la puerta que has abierto. un abrazo

    12

    António Lourenço Marques

    26/02/2012 01:34h

    'Compreender o horizonte da Verdade transcendente', eis uma expressão do próprio poeta António Salvado, que pode sintetizar também o desígnio mais puro da sua vasta criação. Sim. É a Verdade e não uma verdade qualquer que encontramos quando olhamos para as faces luminosas dos seus poemas. São palavras consumadas que nos devolvem o Homem e o Mundo nos detalhes mais primitivos, isto é, como os julgaríamos à saída das Mãos originais. As coisas simples de que são feitos, mistérios desvendados, traças cheias de luz e um horizonte pleno de harmonia são para mim o cerne da obra poetica de António Salvado, que nos leva a essa Verdade. Gracias, Alfredo Pérez Alencart, por nos brindar com mais esta possibilidade de podermos desfrutar de uma visita a um percurso e a uma obra que nos são tão gratos.

    11

    Eduardo Aroso

    26/02/2012 01:34h

    Com grande alegria, faço presente um pequeno excerto do que escrevi, intitulado «António Salvado – Três Leituras», neste momento em publicação. «Desde que começou a publicar, em 1955, assim tem sido o percurso nunca interrompido de António Salvado, ao longo de cinquenta anos de vida literária. Muitas são as figuras que se têm referido à sua obra, desde Teixeira de Pascoaes e J. Gaspar Simões a Natália Correia e Pinharanda Gomes, ou ainda Alice Spindola, Maria de Lurdes Barata e A. Perez Alencart, entre muitos outros de várias sensibilidades e quadrantes do pensamento. De uma carta do poeta de Amarante, dirigida ao então ainda jovem poeta de Castelo Branco, podemos ler: «Meu querido amigo: Trato-o assim, pois considero da minha família todas as pessoas que amam a minha obra. Assim ela mereça esses amores! Trabalhe! E que a Musa de Orfeu o não abandone, é o que mais desejo!» (Teixeira de Pascoaes, 1951). (…) O acto poético de António Salvado dir-se-ia compulsivo, de uma imanência que p

    10

    Stefania Di Leo (Italia)

    24/02/2012 20:35h

    Felicito a la voz poética portuguesa más importante de nuestro tiempo, cuyos poemas he tenido la suerte de traducir al italiano. Su esencia poética es vital y sus palabras quedan inmortales en nuestra alma, a pesar de los límites geográficos. Felicito a este gran poeta con todo mi corazón.

    9

    Juan Ángel Torres Rechy (Salamanca, España)

    24/02/2012 03:18h

    Un corazón traspasado por la espada de las circunstancias. En sus brazos, un niño, oh, pobre, que no sabe fonética ni fonología, ni gramática, ni sintaxis, ni retórica, ni poética, pero que recita poesía plebeya y mística (que traducirán otros poetas a otros idiomas). Si esto fuera un retrato, ¿de quién sería? y ¿quién lo habría puesto en el lecho de nuestras pupilas? ¿Cómo no sentir ese algo que mueve a mirar adentro y arriba, leyéndolo? Gracias.

    8

    José Antonio Valle Alonso

    24/02/2012 03:18h

    Querido Alfredo, es un verdadero placer leer este breve y bello apunte-antológico que has hecho sobre nuestro común amigo entrañado en el alma Antonio Salvado, a quién admiro como poeta y como hombre pleno de bondad. He tenido la suerte de compartir veladas poéticas al cabo de los años en que tú nos presentaras en Toral de los Guzmanes, donde acudimos felizmente cada año a tu cita cristiana de 'Los poetas y Dios' .La poesía de Antonio Salvado toda ella es de un lirismo profundo y emotivo, y más si cabe cuando trae a la luz poemas cristianos de la talla de estos inéditos que has reunido en esta antología y de otros muchos donde Antonio llega sutilísimamente hasta las raíces del Amor, ebrio de humildad y de dolor por todas las heridas, porque todas le duelen, y clama y llora al Creador y camina lentamente hecho poesía, su voz serena y dulcemente profunda. Todo lo bueno que se diga de Antonio Salvado como poeta y como persona siempre se quedará pequeño. Y como viene de cumplir años lo f

    7

    Álvaro Alves de Faria

    24/02/2012 03:18h

    O poeta Antonio Salvado é um dos grandes nomes da poesia de Portugal. Um homem que cultiva a poesia que vem da terra, de sua observação, a poesia pela poesia mais honesta, numa elaboração de respeito à própria poesia e ao poema. Um poeta maior dessa lírica de Portugal, que nos merece tanto respeito. Abraço o poeta Antonio Salvado aqui do Brasil, desejando ter sempre sua poesia perto de mim, para que me possa descobrir em suas palavras.

    6

    David Leite

    22/02/2012 02:31h

    Alfredo Pérez Alencart proporciona a oportunidade de melhor conhecermos a obra desde grande escritor português que é António Salvado... Particulamente, já tinha tido o prazer de conhecer um pouco da vasta obra de Salvado, mas esta análise de Alencart abre horizontes para vermos outros ângulos... Parabéns Alencart! Parabéns Salvado! Abraços David Leite

    5

    Helena Villar Janeiro

    21/02/2012 01:32h

    Queridos António e Alfredo: Unha ledicia ler este traballo magnífico de Alfredo e atopar de novo ao querido António tan admirado poeta e tan admirada persoa. Teño visto pouca poesía tan autenticamente radical desde o sentimento dun cristián coherente coa súa obra. Os nosos encontros en Toral de los Guzmanes e en Idaia a Nova arriqueceron a miña experiencia poética e persoal, e espero que poidamos volver partillar palabras nas que eu poida aprender do gran mestre e amigo. Grazas, Alfredo, por este agasallo.

    4

    Boris Rozas

    20/02/2012 20:59h

    Maestro Salvado, tuve el gusto y el honor de compartir con usted mesa y verso hace ya casi dos años en la querida Salamanca, de la mano del gran Alfredo Pérez Alencart, en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos. Aquella ocasión especial ha quedado para siempre en la memoria latente del que aspira a convertirse en poeta con mayúsculas, como usted, como otros tantos. Toda mi paz y mi recuerdo en este día especial para un grande, Don Antonio Salvado. Muchas felicidades, maestro!! Gracias, Alfredo, por refrescarnos el alma con los versos y la espiritualidad del maestro. Un fuerte abrazo desde Valladolid.

    3

    Samuel Escobar

    19/02/2012 19:49h

    Gracias Alfredo por esta bella y edificante excursión por el territorio poético de un escritor luso que llega a nosotros gracias, también, a tu esfuerzo interpretativo. Una perla más para el hermoso collar que vienes elaborando. Paz, Samuel Escobar

    2

    Amigo

    19/02/2012 19:49h

    Há poetas que vêm connosco desde sempre. Perdidos na infância, ambos. Lembramos nomes. Às vezes ainda não como criadores de poemas e obras mas apenas um nome. Depois chegamos àquela idade que se deseja ler sem sabermos a causa. É aqui que surge António Salvado. Como outros, mas no meu tempo apenas, limitou uma pátria sensível e sobre ela escreve. Se este texto tivesse outro alcance, podia falar de uma cultura sensível, aquela que permanece inviolável nas comunidades beirãs: um olhar muito próximo da natureza que ele soube captar como poucos; um ouvido apurado para o fazer dos insectos se é verão; o itinerário das águas e a metamorfose das flores. E como todos os que chegam à sua idade (Castelo Branco, 20 de Fevereiro de 1936), sente-se agora nos seus poemas um outro alcance, uma espécie de ética poética que quer transmitir aos seus leitores. E por baixo, mesmo no lugar em que o seu sangue tinge as ribeiras, o assombro constante de quem pela primeira vez viu crescer e definhar uma flor.

    1

    Marcelo Gatica (Tallinn, Estonia)

    19/02/2012 15:39h

    La voz poética de Antonio Salvado surge desde un corazón desnundo que evidencia nuestra frágil humanidad pero al mismo tiempo devela con naturalidad la experiencia vital de la fe en medio de las circunstancias. Tal como lo poetizaba David. Gracias Alfredo por tu nueva entrega.

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