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Venezuela 

 

Rescate en llamas

 
Rescate en llamas
 Angélica Díaz de Vera 

10 DE NOVIEMBRE DE 2011

Suenan nuevamente las alarmas, casi a la misma hora que la última vez. Una voz en el corredor se cuela entre todos, sonando por los pasillos del lugar:

- Ya saben lo que sigue. Deben caminar en fila, cercanos a las paredes; deprisa, pero manteniendo la cordura. Todos podrán salir sanos y salvos, sólo hagan lo que corresponde a cada uno.

- ¿Viste, amigo? Incluyeron efectos de humo en la práctica -dijo Julio a uno de sus compañeros-.Lástima que dejé en casa mi casco de bombero. Habría sido una buena oportunidad para usarlo. Papá me lo regaló en mi cumpleaños, es perfecto, igualito al de él.

Las instrucciones de las maestras se oyen entre un corredor y otro:

- ¡Velocidad, niños! ¡Avancen! Caminen de prisa cerca de las paredes.
Así decían, mientras con una mano se tapaban la mitad de la cara y con la otra hacían las señas de avance, cual fiscal de tránsito, pero con un poco de angustia.

Casi al llegar a la salida de la escuela para presenciar el momento en que las autoridades del colegio de seguro volverían a felicitarlos por la buena conducta y el excelente manejo en medio de situaciones de siniestro, una de las maestras de preescolar gritó desesperada:

- ¡Me falta un niño, no está en mi fila, debió quedarse en el salón en la segunda planta! ¡Es Jaime García!

El grito llegó a los oídos de Julio, y rápidamente sumó todos los factores que estaban desarrollándose ante él en aquella supuesta escena de cotidiano simulacro. Pero los detalles extraños le hicieron saber que realmente estaba ocurriendo algo: la angustia de las maestras y el humo en los pasillos sin duda eran un factor nuevo que no había visto en las prácticas anteriores.

Al escuchar que Jaime no estaba con su grupo decidió correr e ir al rescate de su pequeño hermano. Salió con determinación de la fila que lo conducía a la puerta principal y, abandonando su morral en medio de aquel desolado pasillo, en su afán por llegar a tiempo al salón de preescolar, se repetía una y otra vez para infundirse confianza:

- Debajo de tus alas estamos seguros. Señor, ayúdame; permite que podamos salir a tiempo.

Finalmente Jaime, escondido debajo del escritorio de la maestra, lloraba desesperado por no entender bien lo que ocurría. Salió corriendo al encuentro de su hermano, que le decía:

- Vente, Jaimito, todo está bien. Vamos a casa, papá nos esperan. Al llegar les contaremos esta aventura. Ahora tú y yo también somos bomberos.

Ambos niños corrían de la mano, buscando una salida alternativa, pues las maderas del viejo techo se dejaron caer, impidiéndoles volver por el mismo camino por el que llegó Julio.

- De prisa, Jaimito, nos esperan afuera, tenemos que salir. Ya verás cómo ganamos esta vez. No dejes de correr, ya falta poco.

Sin embargo, al llegar al final del pasillo, las llamas se encargaron de abrir la puerta por la que los pequeños planeaban salir.

Desconcertados se abrazaron. Tras un fuerte ruido pudieron ver a un hombre vestido de bombero que atravesaba las llamas. Su semblante inspiraba confianza, su carrera les daba seguridad. Aquel hombre les cubrió con una gruesa manta de color vino, los cargó a ambos, cada uno en un brazo. Atravesaron la puerta en llamas. El bombero los dejó a mitad del pasillo de la entrada y les dijo:

- Salgan, mientras tanto yo iré a ver si queda alguien más.

Los niños, agradecidos y contentos, salieron deprisa, sanos y salvos, delante de la multitud. Maestros, amigos y familiares esperaban en primera fila cómo sería el desenlace de este desdichado suceso. Los niños, a pesar de los hilos de llanto que se imprimieron sobre las capas de humo que empolvaban sus mejillas, sonreían a la vida nuevamente. Ya estaban sus padres en la escena. Entre abrazos y besos de reencuentro, su madre preguntó:

- ¿Cómo hicieron mis hijos para salir de ese infierno? ¿Cómo lograron salir con bien?

- El bombero mamá -dijo Julito, y Jaime asentía con la cabeza, mientras sus ojos aún escurrían algunas lágrimas.El bombero de la manta roja nos cubrió, y abrazándonos nos dejó casi a la salida del colegio. Corrimos como él nos dijo, y pudimos salir.

Ambos padres se miraron sorprendidos. A los pocos segundos pudieron comprender que loocurrido con sus hijos era, sin duda, un rescate de parte del cielo. Al momento siguiente, la reportera informaba en una señal de enlace con todos los canales de televisión de la región:

- De manera milagrosa los niños que permanecíandentro han salido sanos y salvos. Es un milagro que este suceso no haya dejadoheridos ni víctimas fatales. Sin embargo, después de casi media hora desde que el incendio comenzó, aún se espera que llegue el Cuerpo de Bomberos de la ciudad. Aunque estamos seguros de que no queda ninguna persona dentro de las instalaciones, se requiere su presencia para asegurar que la situación está controlada.

***

Hoy muchos esperan ser rescatados de las llamas que arden cercándoles la vida, esperan que alguien venga en su rescate, pues de lo contrario no habrá manera de sobrevivir a su propio siniestro.

Mira hacia adelante y no dejes que el humo de las circunstancias te impida ver que Él corre hacia ti, que ha venido por tu vida. No cuestiones Su presencia y no opongas resistencia. Deja que te cubra y que te cargue, después de todo, en Sus brazos, pues aun atravesando las llamas estarás a salvo.

 “Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” ( Isaías 43:2 ) 

Angélica Díaz de Vera – Valencia, Carabobo, Venezuela
 

© Protestante Digital 2012

 
 



 

 

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