| Todos
diferentes, Todos iguales Contemplo una fotografía tomada
por Spencer Tunik. Un fotógrafo peculiar, que levanta
todo tipo de críticas por tener como tema constante en
sus instantáneas el cuerpo humano al desnudo. No sé
cuales son las motivaciones de este artista, ni qué es
lo que intenta mostrar con sus imágenes, pero si sé
lo que ellas producen en mi. Cuando las miro, no me detengo
a observar las formas de los cuerpos ;si son masculinos o femeninos,
no veo en ellos ningún tipo de morboso interés,
sólo consigo percibir en ellas la certera sensación
de que todos somos iguales. Aquello que nos hace físicamente
diferentes no es el cuerpo en sí, más bien creo
que esa diferencia radica en el atuendo que lo cubre, unido
a los muchos abalorios con los cuales lo ornamentamos. A fin
de cuentas, todos estamos compuestos de la misma materia. Unos
más gordos, otros más flacos, altos o bajos, da
igual cual sea nuestra forma externa, pues el elemento que nos
recubre es el mismo. Comento este pensamiento con un amigo y él me ofrece
una reflexión que tuvo y que se asemeja mucho a esto
que pienso. Me comenta que un día paseando por un camino
lleno de piedrecitas pequeñas tomó una en su
mano y se detuvo a observarla. Comprobó la infinidad
de particularidades que tenía, los matices de color
que poseía siendo tan pequeña. Tras su análisis,
la lanzó junto al resto y dice que fue incapaz de volverla
a encontrar. Cuando estaba en su mano, esa piedra era singular,
especial, pero una vez junto a las demás dejó
de ser distinta para convertirse en parte de un conjunto. Es eso lo que he sonsacado al mirar algunas de las fotografías
de este autor, reconociendo, que aunque todos somos diferentes,
esa diferencia se disipa cuando abandonamos lo superfluo y
quedamos desnudos ante la vida. Las calles donde aparecen
esos cuerpos desataviados, me muestran la frágil estructura
humana en contraposición con la dureza de los sólidos
componentes donde se fundamentan los edificios. Somos parte
de una escena, un decorado al que pretendemos sublevar a nuestro
antojo, condicionando todo cuanto nos rodea y poniéndolo
a nuestros pies, sin reconocer, que somos individuos plagados
de mortalidad, efímeros cuerpos en un mundo que se
deshace poco a poco. Pero aún así, seguimos mirando por encima del
hombro a quien pasa a nuestro lado, creyéndonos superiores
¡Que insensatez! Quizá no nos hayamos dado cuenta
de que somos todos iguales y si no estáis de acuerdo
os invito a que contempléis una foto de Tunik.
Yolanda Tamayo es colaboradora de
la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2003, España |