| Apoyo
al Líder
La clase política española
ha acaparado la atención de todos los medios de comunicación
en los primeros días de este mes de septiembre.
El Presidente
del Gobierno ha desvelado por fin quién será su
sucesor y candidato en las elecciones generales del próximo
año: Mariano Rajoy.
El suspense ha durado largo tiempo.
Aznar nos ha tenido con el alma en vilo. En un vivir desviviendo,
que diría el clásico.
Los periódicos coincidían el martes día
2 en que además de nombrarle sucesor, Aznar ha entregado
a Rajoy todos los poderes del Partido Popular. Se esté de
acuerdo o en desacuerdo con la política de Aznar,
hay que quitarse el sombrero ante la grandeza moral de este
gesto. No es habitual en un líder. En ningún
líder.
Esa lección del líder fue reconocida en público
por uno de sus hombres más cercanos, el ministro de
Economía Rodrigo Rato, quien también se perfilaba
como sucesor de Aznar. Ante más de 500 personalidades
que componen la Junta Directiva Nacional del Partido Popular,
Rato miró fijamente a Aznar y le dijo: "Hacer
realidad los sueños es cosa de grandes hombres, y
tú lo eres...
No puedo aceptar que dejes de ser nuestro líder...".
Todos
los presentes se volcaron en un cerrado aplauso.
¿Era sincero Rato? Habrá quien diga que no.
Que era pura teatralidad política. ¿Por qué hemos
de creer que todos los políticos están desprovistos
de las elementales cualidades humanas? ¡Yo si creo
en la sinceridad de Rato!
Lo que nos ocurre a nosotros, los
cristianos evangélicos,
es que rechazamos esos gestos porque somos incapaces de imitarlos.
A
una Iglesia le cuesta mucho reconocer a su líder,
y si puede, lo derriba. Los líderes de una denominación zancadillean
cuanto pueden a sus propios compañeros de grupo y
de liderazgo.
Entre líderes de diferentes
denominaciones se clavan todos los puñales al alcance,eso
si, por la espalda siempre, sonriendo de frente, matando
por detrás. Entre
nosotros es difícil que perduren los líderes,
porque en cuanto despuntan ya están recibiendo pedradas.
De todas partes. Hay regodeo, jocundidad, paladeo y mucho
morbo cuando un líder se tambalea o cae.
¿Hay luz limpia que ilumine este
drama? ¡Claro que la hay, pero no queremos encenderla!
Y en el pecado llevamos la penitencia.
Juan Antonio Monroy
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