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Número 02 - 12 de septiembre de 2003
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Analfabetismos

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; y éste, como esposo que sale de su tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el término de ellos; y nada hay que se esconda de su calor.
La ley de Señor es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Señor es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Señor son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Señor es puro, que alumbra los ojos. El temor de Señor es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Señor son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía, y redentor mío. (Salmo 19)

Como cada 8 de septiembre desde 1967 la UNESCO acaba de conmemorar el Día Mundial de la Alfabetización, con el fin de recordarnos a todos la situación de los 860 millones de adultos en todo el globo que no saben leer ni escribir y los más de 100 millones de niños que no tienen acceso a la escuela. Si uno de los consabidos y dramáticos contrastes de nuestro mundo es el de países ricos y países pobres, otro, tal vez no tan conocido pero no menos dramático, es el de países alfabetizados y países semi-alfabetizados o cuasi-analfabetos. Un 70% aproximadamente de las personas analfabetas viven en el África Subsahariana, Asia Meridional y Occidental, los Estados Árabes y África del Norte. En Asia Oriental y el Pacífico, el índice comunicado de alfabetización es de un 86%, lo cual supone que 185 millones de personas siguen siendo analfabetas. En la región de América Latina y el Caribe, el número de analfabetos asciende a 39 millones, lo cual representa un 11% del total de la población adulta. De la cifra total mundial de analfabetos dos terceras partes son mujeres.

Aunque en las últimas décadas se ha acuñado el concepto de ‘aldea global’ para referirse al vertiginoso acercamiento que se está produciendo entre distantes culturas y naciones como fruto de las nuevas tecnologías de la comunicación, el 8 de septiembre viene a recordarnos que para una de cada seis personas que viven en este planeta ese concepto está a millones de años luz de su experiencia, pues viven no en la ‘aldea global’ sino en multitud de ‘aldeas fragmentales’, en la que están recluidos como resultado de su analfabetismo. Esas ‘aldeas fragmentales’ suelen estar compuestas por sectores a los que es más difícil llegar: las mujeres, especialmente las que pertenecen a grupos minoritarios o viven en áreas rurales; las personas más pobres de las zonas urbanas y rurales; y los niños de la calle y los adolescentes que han desertado de la escuela. En muchas ocasiones son sub-mundos sumergidos en la marginación y el desprecio.

Aquellos que trabajan en el campo de la alfabetización dan fe de los evidentes resultados que supone para una comunidad el hecho de aprender a leer y a escribir. Mencionaré dos ejemplos sacados de entre las tribus que viven en la selva del Perú; uno es el de los aguaruna, una de las comunidades que hablan una lengua perteneciente a la rama jíbara de la familia ecuatorial-tucanoana. Una vez, unos colonos que no eran indígenas les mostraron a los aguaruna un documento diciéndoles que en el mismo el Gobierno les otorgaba el título de propiedad de algunos territorios aguaruna; pero un aguaruna que había aprendido a leer tomó el documento y enseguida reconoció lo que en realidad era: ¡La garantía de una máquina de coser Singer!. El otro caso es el de los ticuna, que viven en la selva amazónica del Perú y que han experimentado una transformación social y cultural gracias a la alfabetización. Antes, los ticuna estaban explotados y siempre endeudados; hoy son dueños de sus propias tierras y saben cómo dirigir sus asuntos y trabajar en diversas producciones, sintiéndose orgullosos de su cultura y de su lengua.

Pero además del analfabetismo literario hay otro analfabetismo extendido por todo el orbe: el espiritual, por el cual las personas quedan incomunicadas de su Creador, siendo víctimas fáciles del engaño, la manipulación y la superstición. Si el analfabetismo literario ata a las personas y a los pueblos en la ignorancia y la oscuridad, el analfabetismo espiritual las esclaviza en un mundo de tinieblas y perdición. Y la cuestión es que los analfabetos espirituales se pueden encontrar lo mismo en una selva africana que en una oficina europea, igual entre los hombres con taparrabos que entre los hombres que manejan computadoras. No hay diferencias en este terreno.

El texto bíblico arriba citado nos habla de dos Libros por medio de los cuales Dios se ha manifestado: La Creación y la Biblia.

El primero, la Creación, nos trae un mensaje continuo: ’Un día emite palabra a otro día’, entendible: ‘cuentan la gloria de Dios’ y universal: ‘Por toda la tierra salió su voz’. Un mensaje que nos habla de la existencia, grandeza, poder, sabiduría y bondad del Creador. Un mensaje que nos hace responsables a todos, porque todos, desde la selva hasta la oficina, lo estamos recibiendo. De manera que nadie podrá justificarse un día alegando ignorancia. Pero este Libro tiene una limitación: No nos provee el remedio para salir de nuestra condición.


El segundo, la Biblia, es el que profundiza en la información que nos trae el primero, pues además de hablarnos del mismo Dios nos lo presenta en otra faceta que necesitamos los de la selva y los de la oficina: La salvación. Esa salvación nos viene a través de la Palabra, la Palabra escrita donde está anunciada la Palabra hecha carne: Jesucristo el Salvador (Salvador de los de la selva y Salvador de los de la oficina). Esto es lo que hace imperioso que el segundo Libro sea traducido, editado, distribuido y predicado, para desarraigar el analfabetismo literario y también el espiritual.

Si tú estás alfabetizado literariamente y permaneces analfabeto espiritual, recuerda que tendrás que dar cuentas de más cosas un día que los analfabetos literarios, pues las oportunidades que tú tienes ellos nunca las tuvieron.

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.

 
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