| Analfabetismos Los
cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia
la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro
día, y una noche a otra noche declara sabiduría.
No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz.
Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo
del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo
para el sol; y éste, como esposo que sale de su
tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino.
De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta
el término de ellos; y nada hay que se esconda de
su calor.
La ley de Señor es perfecta, que convierte el alma;
el testimonio de Señor es fiel, que hace sabio al
sencillo. Los mandamientos de Señor son rectos, que
alegran el corazón; el precepto de Señor es
puro, que alumbra los ojos. El temor de Señor es limpio,
que permanece para siempre; los juicios de Señor son
verdad, todos justos. Deseables son más que el oro,
y más que mucho oro afinado; y dulces más que
miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además
amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón. ¿Quién
podrá entender sus propios errores? Líbrame
de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo
de las soberbias; que no se enseñoreen de mí;
entonces seré íntegro, y estaré limpio
de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca
y la meditación de mi corazón delante de ti,
oh Señor, roca mía, y redentor mío.
(Salmo 19) Como cada 8 de septiembre desde 1967
la UNESCO acaba de conmemorar el Día Mundial de la Alfabetización,
con el fin de recordarnos a todos la situación de los
860 millones de adultos en todo el globo que no saben leer
ni escribir y los más de 100 millones de niños
que no tienen acceso a la escuela. Si uno de los consabidos
y dramáticos contrastes de nuestro mundo es el de países
ricos y países pobres, otro, tal vez no tan conocido
pero no menos dramático, es el de países alfabetizados
y países semi-alfabetizados o cuasi-analfabetos. Un
70% aproximadamente de las personas analfabetas viven en el África
Subsahariana, Asia Meridional y Occidental, los Estados Árabes
y África del Norte. En Asia Oriental y el Pacífico,
el índice comunicado de alfabetización es de
un 86%, lo cual supone que 185 millones de personas siguen
siendo analfabetas. En la región de América Latina
y el Caribe, el número de analfabetos asciende a 39
millones, lo cual representa un 11% del total de la población
adulta. De la cifra total mundial de analfabetos dos terceras
partes son mujeres. Aunque en las últimas décadas
se ha acuñado el concepto de ‘aldea global’ para
referirse al vertiginoso acercamiento que se está produciendo
entre distantes culturas y naciones como fruto de las nuevas
tecnologías de la comunicación, el 8 de septiembre
viene a recordarnos que para una de cada seis personas que
viven en este planeta ese concepto está a millones de
años luz de su experiencia, pues viven no en la ‘aldea
global’ sino en multitud de ‘aldeas fragmentales’,
en la que están recluidos como resultado de su analfabetismo.
Esas ‘aldeas fragmentales’ suelen estar compuestas
por sectores a los que es más difícil llegar:
las mujeres, especialmente las que pertenecen a grupos minoritarios
o viven en áreas rurales; las personas más pobres
de las zonas urbanas y rurales; y los niños de la calle
y los adolescentes que han desertado de la escuela. En muchas
ocasiones son sub-mundos sumergidos en la marginación
y el desprecio. Aquellos que trabajan en el campo de la alfabetización
dan fe de los evidentes resultados que supone para una comunidad
el hecho de aprender a leer y a escribir. Mencionaré dos
ejemplos sacados de entre las tribus que viven en la selva
del Perú; uno es el de los aguaruna, una de las comunidades
que hablan una lengua perteneciente a la rama jíbara
de la familia ecuatorial-tucanoana. Una vez, unos colonos
que no eran indígenas les mostraron a los aguaruna
un documento diciéndoles que en el mismo el Gobierno
les otorgaba el título de propiedad de algunos territorios
aguaruna; pero un aguaruna que había aprendido a leer
tomó el documento y enseguida reconoció lo
que en realidad era: ¡La garantía de una máquina
de coser Singer!. El otro caso es el de los ticuna, que viven
en la selva amazónica del Perú y que han experimentado
una transformación social y cultural gracias a la
alfabetización. Antes, los ticuna estaban explotados
y siempre endeudados; hoy son dueños de sus propias
tierras y saben cómo dirigir sus asuntos y trabajar
en diversas producciones, sintiéndose orgullosos de
su cultura y de su lengua. Pero además del analfabetismo literario hay otro
analfabetismo extendido por todo el orbe: el espiritual,
por el cual las personas quedan incomunicadas de su Creador,
siendo víctimas fáciles del engaño,
la manipulación y la superstición. Si el analfabetismo
literario ata a las personas y a los pueblos en la ignorancia
y la oscuridad, el analfabetismo espiritual las esclaviza
en un mundo de tinieblas y perdición. Y la cuestión
es que los analfabetos espirituales se pueden encontrar lo
mismo en una selva africana que en una oficina europea, igual
entre los hombres con taparrabos que entre los hombres que
manejan computadoras. No hay diferencias en este terreno. El texto bíblico arriba citado nos habla de dos Libros
por medio de los cuales Dios se ha manifestado: La Creación
y la Biblia.
El primero, la Creación, nos trae un mensaje continuo: ’Un
día emite palabra a otro día’, entendible: ‘cuentan
la gloria de Dios’ y universal: ‘Por toda la
tierra salió su voz’. Un mensaje que nos habla
de la existencia, grandeza, poder, sabiduría y bondad
del Creador. Un mensaje que nos hace responsables a todos,
porque todos, desde la selva hasta la oficina, lo estamos
recibiendo. De manera que nadie podrá justificarse
un día alegando ignorancia. Pero este Libro tiene
una limitación: No nos provee el remedio para salir
de nuestra condición.
El segundo, la Biblia, es el que profundiza en la información
que nos trae el primero, pues además de hablarnos
del mismo Dios nos lo presenta en otra faceta que necesitamos
los de la selva y los de la oficina: La salvación.
Esa salvación nos viene a través de la Palabra,
la Palabra escrita donde está anunciada la Palabra
hecha carne: Jesucristo el Salvador (Salvador de los de la
selva y Salvador de los de la oficina). Esto es lo que hace
imperioso que el segundo Libro sea traducido, editado, distribuido
y predicado, para desarraigar el analfabetismo literario
y también el espiritual.
Si tú estás alfabetizado literariamente y
permaneces analfabeto espiritual, recuerda que tendrás
que dar cuentas de más cosas un día que los
analfabetos literarios, pues las oportunidades que tú tienes
ellos nunca las tuvieron.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
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