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Número 02 - 9 de septiembre de 2003
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JUan simarro

Las Malaventuranzas

Por regla general son más conocidas las bienaventuranzas del Evangelio de Mateo que las del Evangelio de Lucas. Pero Lucas tiene algunas características que no tiene Mateo. Lucas no habla de los “pobres en espíritu” como destinatarios de la bienaventuranza, sino que simplemente llama bienaventurados a los pobres: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Pareciera que se concretiza más en una de las realidades del Evangelio: los pobres como lugar teológico, como preocupación central del mensaje de Jesús que quiere dignificar a los oprimidos, excluidos y marginados del mundo. Además, se ve claramente que está hablando de los económicamente pobres porque lo hace en contraposición a los ricos de este mundo. Así, las bienaventuranzas de Lucas están en contraposición de las malaventuranzas dirigidas a los ricos y saciados de este mundo, a los que ríen y aquellos de los que los hombres hablan bien desde los parámetros sociales humanos. Por eso, en nuestra versión Reina Valera de la Biblia, encabeza las bienaventuranzas de Lucas con el siguiente título: “Bienaventuranzas y ayes”, ayes que nosotros vamos a cambiar por el concepto atípico de malaventuranzas.

Así, las bienaventuranzas y las malaventuranzas están en contraposición, más aún, a los ricos se les dirigen las malaventuranzas porque son los causantes de que existan los pobres que, como compensación por ese empobrecimiento y por ese soportar sobre ellos el pecado de los acumuladores, por sus llantos y por sus quebrantos, reciben de parte de Dios la bienaventuranza de ser herederos del Reino. La maldad de la riqueza no es sólo el hecho de confiar y regocijarse en ellas, sino que la riqueza es causa de la pobreza. La maldad última de la riqueza es que es la generadora de la pobreza. De ahí la denuncia de los profetas que decían que el despojo de los pobres estaba en la mesa de los ricos. Hay una relación entre riqueza y pobreza, tanto como la hay entre el concepto de bienaventuranza y en el de malaventuranza. Así como existe riqueza porque existe pobreza y viceversa, así van a existir también bienaventuranzas que están en relación con las malaventuranzas lanzadas a los ricos acumuladores.

¿Por qué la riqueza es tan duramente tratada por Jesús como si fuera algo que insulta al propio Dios? ¿Por que no sólo es deshumanizante, sino también excluye de la relación con la divinidad? Simplemente porque toda acumulación de riqueza es injusta, incide en el injusto reparto de los bienes de la tierra que pertenecen a todos... es idolatría.

Así, los acumuladores, los que juntan casa a casa y heredad a heredad como si la tierra fuera suya – actitud condenada por la denuncia profética – se sitúan en el antirreino, en el antidios, en el extremo opuesto a la divinidad, en contra de ella. Dios es lo opuesto a la acumulación de riquezas que empobrece a los más débiles. De ahí que Jesús diga que no se puede servir a Dios y a Mamón que es el dios de las riquezas. Simplemente porque hay una relación causal entre riqueza y pobreza. Así, bienaventuranzas y malaventuranzas van a ir juntas. Las malaventuranzas están en el Evangelio de Lucas como continuación de las bienaventuranzas. Nada más terminar éstas, lanza uno de sus ayes: “¡Ay de vosotros los ricos!” Malaventurados “porque ya tenéis vuestro consuelo”. Malaventurados “los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre”. El hambre que estáis causando con vuestra acumulación va a revertir sobre vosotros mismos. Esa es la predicción de vuestra malaventuranza. Por tanto aprovechad y reíd ahora, malaventurados, “porque lamentaréis y lloraréis”.

Malaventurados aquellos que son agasajados por los hombres ocupando los primeros puestos, tanto en la Iglesia como en la sociedad injusta. Regodeaos en esas alabanzas humanas antes de que llegue vuestra malaventuranza, “porque así hacían sus padres con los falsos profetas”. Así, al existir las bienaventuranzas de los pobres, tienen, necesariamente, que existir las malaventuranzas de los ricos, al igual que al existir la riqueza tiene que existir la pobreza. ¡Malaventurados los que la generáis! ¡Ay de vosotros!, porque el dolor del pobre de vosotros depende. Existe un nexo causal fatal entre ricos y pobres. Los pobres serán los empobrecidos o despojados para que puedan existir los vanos lujos de los ricos. Así de dura es la Biblia, así de duros son los Evangelios, así de radical fue Jesús con los empobrecedores y despojadores.

Y yo lo comento sin ningún tipo de exageraciones no para regodearme de ello, ni para desear estas malaventuranzas a nadie, sino para que sirva como un elemento de reflexión a todo aquél que quiera ser seguidor del Maestro... No sea que nos equivoquemos y, con nuestra acumulación de riquezas seamos despojadores, o con nuestro silencio seamos cómplices.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2003, Madrid, España.
 
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