Número 02 - 9 de septiembre de 2003
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Editorial

Derecho a ser/opinar diferente

Vivimos tiempos en los que los derechos humanos incluyen sorprendentemente la obligación de los cristianos al voto de silencio monacal en temas determinados. Nos explicamos. La libertad de expresión es el derecho a exponer las propias ideas dentro del respeto al otro, pero sin renunciar a la propia identidad, aunque contradiga o cuestione al contrario. Pero estamos cayendo en la obligación de “no ofender”, entendiendo como ofensa el simple cuestionamiento de las ideas del otro.

Por ejemplo, un musulmán declaraba en una noticia del anterior número de esta revista que le ofendía que alguien le diese un tratado cristiano, aunque luego explicaba que lo tiraba tranquilamente sin ningún problema ni presión. Y esta ofensa era uno de los posibles justificantes para que las autoridades portuarias de Algeciras (España) prohibiesen una pacífica campaña de reparto de literatura cristiana durante la Operación Estrecho, en la que muchos árabes residentes en Europa vuelven a su país de origen durante las vacaciones de verano.

Consecuencia: en los paises árabes está prohibido (y a veces perseguido) la libre expresión del cristianismo, que no del islam -lo cual no debe ofendernos en ninguna manera- y en nuestra propia tierra las autoridades nos lo prohiben para que no ofendamos a los seguidores del islam. Paradójica aplicación del las libertades, que recuerda poderosamente a la llamada Ley del embudo, nada constitucional.

Otra cuestión. Si tenemos un amigo heterosexual que es infiel a su mujer, y en una conversación le expresamos que no nos parece correcta su actuación, es fácil que no perdamos la relación ni nos tilden de atentar contra sus derechos fundamentales. En el peor de los casos nos llamarán conservadores, o retrógrados, o estrictos. Pero si el amigo es homosexual y discrepamos con el máximo respeto del origen genético de su orientación sexual o de la práctica homosexual, seremos generalmente (que no siempre, hay muchas honrosas excepciones) definidos como homófobos y perseguidores de la libertad ajena.

En esta línea, llegará el tiempo en que ofenda, e incluso se prohiba, anunciar el mensaje de Jesús: “De tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16) ¡Cómo que alguien se pierde si no cree en Jesús? ¡Cállese y no me ofenda, por favor!, nos dirán.

En definitiva, se entiende la libertad de expresión como la libertad a SER diferente, especialmente en nuestra vida íntima, pero nunca como el derecho a OPINAR diferente cuando esto custiona las posturas y conducta de quienes están a nuestro lado. Si esto se aplicase a la política, se podría ser del partido que uno quisiera, pero nunca ofender al rival cuestionando sus ideas. El paso siguiente: cerrar Parlamentos, Senados, Asambleas... de hecho, ya estamos cerrando el principal lugar de encuentro de los ciudadanos: el foro de la libre opinión dentro del máximo respeto.


 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
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