| ¿Cómo
surgió la Cábala? (2) La obra de Maimónides "que
no era propiamente un cabalista" transcurrió en
paralelo a la de Azriel (1160-1238) que sí lo era y
que se convirtió merecidamente en el centro de un pequeño
núcleo de cabalistas con sede en Gerona. En Azriel ya
encontramos casi cuajada la Cábala especulativa que
después desarrollarían discípulos suyos
como Isaac ben Sheshet y Nahmanides. Sin embargo, aún
no nos encontramos con un producto plenamente concluido de
ese saber cabalista. De hecho, ese producto no sería
otro que el Zohar que nacería en tierras de Castilla. Escrito en torno a los años
1280 y 1286 por Moisés de León, el Zohar “o
libro del Resplandor “ es una obra pseudoepigráfica.
Su autor era consciente de hasta qué punto sus ideas
podían chocar con el judaísmo ortodoxo y presentó la
obra como redactada por Simón Bar Yojai, un rabino del
siglo II d. de C. No hace falta decir que el análisis
lingüístico del texto y las fuentes que se pueden
desvelar convierten semejante pretensión en inadmisible
pero, con todo, el Zohar iba a cosechar un éxito extraordinario
hasta el punto de que puede considerarse casi como la primera
obra cabalística de categoría y, desde luego,
como base fundamental de la Cábala. A partir del Zohar
podemos decir que la Cábala existe, con anterioridad
a este libro o no hay Cábala o sus formulaciones son
todavía parciales e imperfectas. El Zohar, escrito en un arameo peculiar, presenta una cosmología
en cuya cima se encuentra Dios incognoscible e inmutable,
Ein Sof, infinito. Sólo sus emanaciones presentadas
como esferas (sefirot) permiten que el poder divino se irradie
para crear el cosmos y también para que podamos conocerlo.
El entendimiento de esas sefirot permite, por lo tanto, comprender
el cosmos y la vida pero, a la vez, arroja una luz especial
sobre la Historia de Israel y la obediencia a la Torah. De
hecho, el cumplimiento del menor mandamiento adquiere una
trascendencia cósmica y permite que el mundo, aún
sin saberlo, avance hacia su redención final. De manera
no poco sugestiva, el ser humano no obra bien ya sólo
para obtener su salvación sino para colaborar en la
causa de Dios en el cosmos. Como puede imaginarse, esta visión cabalística
ya cuajada no tardó en encontrar detractores que,
cosa lógica, surgieron de entre los rabinos principales
de la época. Para ellos, aquella interpretación
cabalística excedía otros aportes previos de
origen oriental y entraba en peligrosas interpretaciones
sobre la relación entre Dios y Sus criaturas. No les faltaba razón si examinamos la cuestión
en términos objetivos pero la Cábala iba a
abrirse camino por una serie de razones de considerable importancia.
En primer lugar, aunque la Cábala no había
formado parte de las Escrituras, procuraba empero no oponerse
a ellas en cuestiones éticas como el cumplimiento
del sábado, la práctica de la circuncisión
o el resto de la Torah tal y como aparece interpretada en
el Talmud. En otras palabras, uno se podía someter
a la práctica talmúdica y, a la vez, aceptar
las enseñanzas de la Cábala. En segundo lugar, la Cábala tenía la pretensión
de aportar una interpretación del mundo que concediera
consuelo en medio de enormes dificultades. Que Gabirol y
Maimónides “ambos exiliados “ fueron dos
de sus precursores no resulta extraño sino, hasta
cierto punto, lógico. Finalmente, la Cábala “en
su vertiente práctica y no especulativa “ supuestamente
contaba con resortes mágicos para alterar una realidad
difícil y hostil. Que esto no fue así en la
práctica resulta fuera de toda duda pero no es menos
cierto que proporcionó esperanza a generaciones enteras
de judíos “como los expulsados de España
en 1492 “ en tiempos de especial dificultad. No fue mal resultado en términos históricos
para un proceso que comenzó con la aceptación
de fórmulas mágicas de origen babilónico
aceptadas en el periodo talmúdico, que continuó con
la aceptación de algunas enseñanzas orientales
de carácter esotérico, que se enriqueció “tras
su llegada a Occidente en el siglo IX “ con los aportes
indirectos de carácter filosófico de Gabirol
y Maimónides y que, finalmente, tras intentos en Provenza
y Cataluña, terminó de cuajar en los siglos
XII y XIII en Castilla para desde allí proyectarse
a toda Europa, especialmente a partir del siglo XV.
(ir a la primera parte del artículo)
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2003, España.
|