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Número 03 - 19 de septiembre de 2003
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Historias sin cuento
MARIO ESCOBAR

Bagdad, siempre nos quedará Bagdad

Mientras el último Omeya escapaba hacia el lejano Al-Andalus, los Abasíes reducían a escombros la hermosa Damasco.

El abuelo de Mahoma, Abdelmutáleb (siglo VII d. C.), tuvo tres hijos, el primogénito Abás, es el padre de los Abasíes. El nombre de esta tribu árabe Abasí, procede de la palabra Suna (costumbre, tradición, ley, moral). Del segundo hijo de Abdelmutáleb nació Mahoma que tuvo a su vez varios hijas, de las que destacó Fátima, que a su vez se casó con Ali, primo suyo y tercer hijo de Abdelmutáleb. Todo este culebrón para comprender, que los chiítas, son los seguidores de Ali y Fátima, a los que consideran los verdaderos descendientes de Mahoma y cuyo martirizado hijo Huseín fue asesinado en Kerbala, una de las ciudades que estarán dentro de la jurisdicción española en Irak.

Bagdad es un hermoso nombre cuyo significado no puede ser hoy más contradictorio: Ciudad de la Paz. Creada por el segundo califa abasí Abuyáafar Almansur (762). Una ciudad que llegó a tener dos millones de habitantes en edificios de hasta cinco pisos.

La Escuela de Traductores de Bagdad (Dar alhikma o casa de la sabiduría) , creada en el 813 por el Califa Maamún, fue una de las fuentes del conocimiento y gracias a ella se salvaron muchos de los libros del mundo clásico.

Bagdad pasó por varias manos hasta la llegada de los turcos otomanos que la conservaron hasta la entrada de los ingleses en la ciudad en el año 1918. Se nombró a Faisal (1920) como emir o rey de Irak, su llegada a Bagdad un año después pasó prácticamente desapercibida. En 1941las tropas británicas regresaron a Bagdad para acabar con la alianza de esta y Alemania. En 1958 se abolió la monarquía y se sucedieron varios gobiernos militares hasta la llegada al poder del dictador Saddam Hussein.

Bagdad, la ciudad de la paz, bombardeada en 1991 por la coalición bajo mandato de la ONU y reconquistada por Occidente en este año. Una ciudad milenaria saqueada en su patrimonio histórico, cuya población ha vuelto a la edad de piedra.
El viento ardiente del desierto mece los juncos del Tigris, muy cerca de allí se cree que existió el Paraíso. Tal vez Dios todavía recuerde los largos paseos al amanecer por la “ciudad de la paz” y observa la destrucción con tristeza. Bagdad, siempre nos quedará Bagdad.

Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma”
 
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