 |
Hablando
de corazón ‘Sobre
toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él
mana la vida.’
(Proverbios 4:23). Una de las causas más frecuentes
de muerte en Occidente es el infarto de miocardio, siendo factores
de riesgo el tabaquismo, el stréss, la obesidad, la
alimentación inadecuada y la vida sedentaria, de ahí las
múltiples campañas que las organizaciones y especialistas
sanitarios lanzan de vez en cuando para advertirnos de sus
graves consecuencias y concienciarnos de la necesidad de tomar
medidas al respecto. Parece que las previsiones en los países
desarrollados no son esperanzadoras y todo indica que en décadas
venideras las muertes por fallos del corazón experimentarán
un notable incremento. Tal vez es el precio a pagar por el
estilo de vida que hemos fabricado. Pero sea lo que fuere,
una cosa está clara: el corazón es el órgano
vital por excelencia y de su estado pende el estado de la persona
en conjunto.
Y es que se puede vivir aunque nos falten determinados órganos
de nuestro cuerpo: riñones, ojos, estómago, brazos
o piernas, pero es imposible vivir sin la presencia y el funcionamiento
del corazón. En muchos sentidos, la calidad de vida
está directamente relacionada con la calidad de nuestro
corazón: Indefectiblemente, un corazón deteriorado
lleva aparejada una maltrecha calidad de vida mientras que
un corazón sano es fuente de salud y vigor.
Hace poco estuve alojado en la habitación de huéspedes
de una familia cristiana y me llamó la atención
el cartel que estaba clavado en la pared. Tenía un
texto que decía lo siguiente: ‘Vigila tus pensamientos; se convierten
en palabras.
Vigila tus palabras; se convierten en acciones.
Vigilia tus acciones; se convierten en hábitos.
Vigilia tus hábitos; se convierten en carácter.
Vigila tu carácter; se convierte en tu destino.’
(Frank Outlaw) Verdaderamente la profundidad y concisión manifestados
en esas sentencias eran admirables. ¡Cuántas
cosas importantes se pueden decir con pocas palabras! El
orden de las ideas allí contenidas, su lógica
y progresión, su paralelismo, su reiteración
sin ser redundante y su sobriedad, la convierten en una frase
digna de ser colocada en lugares privados y públicos,
para reflexión y meditación de grandes y chicos.
Después descubrí que la frase está puesta
en Internet en más de mil sitios. Quise averiguar algo acerca de su autor, Frank Outlaw, pero
no pude saber nada de su identidad. Lo cierto es que la sentencia
resalta la importancia del corazón o de la mente como
el motor determinante de la vida total de una persona. Es
decir, de la misma manera que el corazón físico
es determinante para nuestra existencia biológica,
así ocurre también con otros aspectos de esa
existencia: el moral, el social, el psicológico y
el espiritual. Eso me hizo pensar en otra sentencia, aún
más resumida y más antigua, que es la que encabeza
este artículo. Hay varias lecciones en ese texto que
me llaman la atención:
- Hay cosas que merecen la pena ser guardadas. Las cosas
que guardamos son las que estimamos, de la misma forma
que las cosas que tiramos son las que no queremos. Ahora
bien,
hay cosas en la vida muy importantes: Familia, amigos,
trabajo, salud, bienestar, etc. por las cuales merece la
pena no escatimar
esfuerzos y hasta sacrificarse con tal de conservarlas.
- Pero hay una que resalta por encima de todas las
demás.
El texto de Proverbios, sin negar la importancia de esas
cosas, viene a destacar una que está sobre todas
ellas. Si esto es así, significa que requiere el
máximo
interés y que la prioridad debe ponerse en la conservación
y el cuidado de la misma, pues de su estado depende el
resto.
- La cosa a ser guardada por encima de las demás
es el corazón. No se trata aquí del órgano
físico sino de la sede de nuestra personalidad y
asiento de nuestro entendimiento, voluntad y afectos. Allí tienen
su morada el amor y el odio, la fe y la incredulidad, el
heroísmo y la cobardía, la generosidad y
la mezquindad, la bondad y la maldad; de manera que las
grandes
pasiones y fuerzas que mueven a los seres humanos, para
bien o para mal, están alojadas allí. El
engranaje que mueve nuestra relación con nosotros
mismos, con nuestros semejantes y con nuestro Creador está allí situado.
Es decir, estamos ante algo capaz de lo mejor y de lo peor,
de ahí su suprema importancia. Factor determinante
de nuestra marcha en esta vida y de nuestro lugar en la
otra. No es extraño que Proverbios señale
el corazón
como lo más importante a cuidar y guardar.
- La
razón para situar el corazón por encima
de todas las demás cosas es que al igual que la
clase de manantial define el tipo de agua, así la
clase de corazón establece el género de vida
que mana de él. De un corazón malo sólo
puede fluir una existencia malvada y de un corazón
bueno sólo nacer benevolencia.
Hacemos bien en cuidar nuestro corazón físico
y tomar medidas para evitar riesgos innecesarios, pero me
temo que no somos igual de diligentes a la hora de examinar
el estado del otro corazón y menos de tomar medidas
al respecto. Me temo que estemos exponiendo diariamente ese
otro corazón a toda suerte de enemigos y peligros
mortales que pueden acarrearnos terribles consecuencias.
Sí, cuida tu corazón pues en ello te va la
vida.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
|
|