E s p e c i a l e s
Número 03 - 16 de septiembre de 2003
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
De par en par
JUan simarro

Superando el Decálogo

Es verdad que Jesús no niega la ley, sino que la cumple. Pero el mensaje moral de Jesús que deben asumir los cristianos no acaba ni se asume solamente con el cumplimiento de simples preceptos. Así, la ética cristiana no es una ética de cumplimientos. Los cumplimientos de los preceptos del Decálogo se amplían o perfeccionan con un nuevo mandamiento: el del amor. También se amplían los horizontes de los imperativos del precepto con el Sermón de la Montaña y, fundamentalmente, con las Bienaventuranzas.

Los valores éticos cristianos superan así los meros preceptos o cumplimientos éticos. Y todo esto abre una nueva perspectiva en la vivencia – y no sólo en el cumplimiento – de una ética cristiana. Y eso por una razón clave: La novedad radical de todo el Nuevo Testamento no está en una nueva enseñanza de preceptos a añadir al Decálogo, sino que está en ver que la nueva moral no se vincula a una enseñanza, sino a una persona. La novedad radical de la nueva ética, no se estudia en normas ni en preceptos, sino en la contemplación y el seguimiento de una vida, la de Jesús, con la que el cristiano ha de identificarse.

En la primera página de este Decálogo ampliado, perfeccionado o cumplido, nos encontramos con Dios hecho hombre que nos dice simplemente: “Porque ejemplo os he dado”. En este sentido las normas morales ya no se escriben, sino que hay que volver a Galilea, a Nazaret, al Jesús histórico para ver su ejemplo de vida. La radicalidad y novedad de la nueva moral estaría en contemplar y estudiar los estilos de vida y las prioridades de Jesús, cuáles fueron sus preferencias y los principios con los que anduvo por la tierra haciendo bienes. No nos ha dejado una normativa o un manual de ética o moral cristiana, sino que nos ha dejado un ejemplo de vida. Un ejemplo de vida en la forma de relacionarnos con Dios y con el prójimo, relaciones que han de ser de semejanza. El amor a Dios y al prójimo han de estar en una relación de semejanza.

Ya no se trata del imperativo del precepto, sino del imperativo de una vida vivida en el ejemplo del Maestro. Lo importante es cómo vivimos nuestra existencia en nuestro aquí y nuestro ahora. Si Jesús fue un ejemplo vivo que ponía de manifiesto la novedad de la moral cristiana, nos estuvo mostrando que son más importantes las vivencias, los estilos de vida, los actos y los ejemplos vivos en nuestra andadura cristiana, que los preceptos y que la compilación de normas éticas para cumplirlas externamente. Así, el cristianismo, más que una doctrina o catálogo de normas, es vida.

Cuando uno piensa en el Jesús histórico, es posible que vea la imposibilidad de imitarle en su vida, ya que el contexto histórico y cultural es diferente. Es difícil o imposible hacer un seguimiento que imite al detalle la vida de Jesús. Pero si la copia literal de su vida en nuestro contexto histórico se hace imposible, lo que sí se hace posible es imitarle en sus valores, en los valores del reino, en sus prioridades. Los valores que Jesús transmite con su ejemplo son universales y eternos. Irán pasando por las distintas culturas sin ningún tipo de cambio. Sus valores en cuanto al dinero, en cuanto a la búsqueda de la justicia y dignificación de los más débiles y marginados, sus valores en cuanto al dinero y al poder, sus valores en cuanto al sufrimiento, la vida y la muerte. Sus valores en cuanto ensalzar a los humillados y poner en los primeros lugares a los últimos, a los despreciados y tildados de pecadores por los autoconsiderados justos, por los que se autojustificaban dentro de sus falsos círculos de pureza. Sus valores en cuanto a los enemigos y a la violencia.

Sin embargo Jesús no quiere que tomemos todos estos valores para hacer una lista de obligaciones morales que hemos de cumplir basándonos en un esfuerzo de cumplimiento ético. Se nos pide que no dejemos en cumplimientos externos la vivencia de esta ética, sino que la vivamos internamente. Que se pueda dar en nosotros la experiencia del apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. Tenemos que interiorizar esta vivencia de manera que nuestra existencia se base en tener la misma vida de Cristo. Por tanto ya no se tratará de una ética de cumplimiento y de esfuerzo, sino de una vivencia interior que nos “cristifique”. Es por eso que el esfuerzo ético ya no se da, ya no nos esforzamos por cumplir. Simplemente vivimos como Cristo, injertados en Él y teniendo sus mismos pensamientos y sentimientos. Aquí ya pierde una cierta relevancia los catálogos de normas y preceptos. No es malo tenerlos escritos, pero lo importante es vivirlos en nuestra “cristificación”.

Lo que esté fuera de esta línea, el cumplimiento de catálogos, decálogos o normas morales, puede quedar en una ética externa que sea como “metal que resuena o címbalo que retiñe”.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, www.protestantedigital.com, 2003, Madrid, España.
  

 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
. PUBLICIDAD


© 2003 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: