| Imitaciones
perfectas La imitación es una de las
formas mas claras de adulación. Cuando algún
acto que es nuestro y muy personal es imitado por otros, uno
se siente halagado. Aunque, en determinados momentos el que
seamos imitados puede producir descontento, ya que hay cosas
que se guardan con fervor, perfiles que definen rasgos de nuestra
personalidad y que no nos gusta que se copie por aquellos que
aguardan el momento preciso para anunciarse como autores de
algo que no han creado y que sólo puede ser calificado
como de burdo plagio. Quiero que me acompañéis
al mercadillo. Entre los muchos puestos que decoran la plaza,
encontraremos artículos de muy diferentes utilidades.
Gafas, camisetas, bisutería, bolsos, juguetes, libros,
discos compactos.... Todos ellos expuestos ordenadamente
en improvisados tenderetes. No sé si a vosotros os ocurrirá, pero a mí me
resulta difícil distinguir una pieza original de una
imitación. Por ejemplo, me ocurre con la ropa deportiva,
hay camisetas que son idénticas a las originales.
Sólo si te paras a examinarla de forma concienzuda
logras ver alguna que otra diferencia. Me ocurre con los
bolsos, algunos llevan firmas de diseñadores de los
cuales jamás podré tener ni un simple pañuelo,
sin embargo puedo permitirme ; si quisiera, el llevar una
imitación que cuesta mucho identificar como tal. Para quienes no disfrutamos de una economía demasiado
holgada, hay imitaciones que nos suplen la imposibilidad
de disfrutar el original.Cada día se plagian más
artículos, hasta llegar al punto de no saber distinguir
lo verdadero de lo falso. Esto no conllevaría ningún tipo de problema
si sólo se llevara a cabo en un plano material, pero
lo cierto es que cada día se copian actitudes y formas
de proceder que son un auténtico desorden para nuestra
sociedad. Niños y adultos enfrentados a un mundo de
formas definidas, de prototipos que muestran una manera de
vivir carente de personalidad y en la que predomina el fanatismo
hacia valores carentes de valor. Como ejemplo, vale simplemente comprobar el entusiasmo que
ha despertado el ex jugador del Manchester David Beckham.
Infinidad de adolescentes intentan imitar al jugador, y no
siempre por su forma de jugar al fútbol, una gran
mayoría de las veces por su peculiar manera de vestir
o de peinarse. Es increíble como los chicos copian
sus formas, intentando parecerse lo más posible a él.
Han subido a la categoría de ídolo a un hombre
cuyo único mérito es jugar bien al fútbol
y tener una "cara bonita". Ojalá esa forma tan desmesurada de imitación
pudiese ser dirigida hacia Cristo. Que imitáramos
al maestro en todo lo posible, consiguiendo así que
nuestras formas sean lo más parecidas a las suyas.
Generalizando esa frase que nos dejó el apóstol
Pablo que decía, "Sed imitadores de mi como yo
lo soy de Cristo" Que grande sería vivir en un mundo donde todos tuviésemos
como ejemplo a imitar la vida ejemplar de Jesucristo. Es
una utopía, pero me gusta soñar. Al fin y al
cabo, estaríamos imitando a Aquel que es le verdadero
modelo para la Humanidad.
Yolanda Tamayo es colaboradora de
la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2003, España |