| “Raum
der Stille” Unos dos millones de personas acuden al año a la “Messe
Berlin”, la Feria berlinesa, a los distintos salones
que allí se celebran. El tráfago de expositores,
visitantes y personal de la Feria es incesante, pero vele
ahí que en medio del vértigo del tumulto ferial,
se ofrece al visitante el “Raum der Stille”.
Esto es, un lugar para la reflexión. Un remanso de
paz, por decirlo de una forma más poética. Aleluya. Un lugar en el que no se exhibe, promociona, vende,
cuantifica ni cronometra nada. En medio de la incesante vorágine
de los veinticinco pabellones de la Feria –de hecho,
una pequeña ciudad–, el “Raum der Stille” tiene
las puertas abiertas a las personas como tales seres humanos,
no en su función de potenciales clientes, proveedores,
analistas, visitantes profesionales o simples curiosos. Barbara Deml-Groth es la pastora que atiende este “templo” civil,
funcional, del antiestrés. La dirección espiritual
(en alemán, “Seelsorge”, “cura de
almas”) que lleva a cabo contempla la atención
pastoral de la Feria. En su agenda se suceden las visitas
de buena voluntad, algunas internacionales como la de este
periodista, pero no faltan los casos de abatimiento, episodios
de crisis nerviosas, cuadros de estrés, infartos,
accidentes… tanto de expositores como de visitantes
o de personal de la propia Feria. “Hay gente”, me comenta, “que, de repente,
se da cuenta aquí de que su vida es tan estresante
y superficial como esta Feria y acuden aquí a la busca
de un sentido para sus vidas”. Tal es el caso de personas
que sufren el choque espiritual de traspasar las barreras
psicológicas. Sin duda, el destino pastoral del “Raum
der Stille” es cualquier cosa menos “tranquilo”. Después del de Berlín han sido abiertos en
Alemania “Räume der Stille” en los recintos
feriales de Múnich, Dúseldorf y Francfort,
fruto de la iniciativa de la Iglesia Evangélica Alemana
de solicitar a las instituciones feriales la dotación
de espacios para la reflexión/oración. Qué hermoso.
Uno de mis sitios preferidos en Berlín, al lado del “Berliner
Dom”, la Catedral Protestante, es el “Raum der
Stille”. En mi última visita a Berlín hace unos días
fui testigo en el “Raum der Stille” de “detalle” que
muestro en la foto. Tras la última fila de sillas del
espacio/capilla –más que interdenominacional o
ecuménica: interreligiosa– está colocada
una alfombra en el suelo con dos letreros. Uno reza: “Alfombra
de oración. Por favor, no pisar”. En el otro puede
verse una flecha que indica la dirección a La Meca. “Los hermanos musulmanes”, me comenta Deml-Groth
con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja oreja, que “por
supuesto, los hermanos musulmanes están cordialmente
invitados a venir a este lugar de oración”. Me han adivinado las tres preguntas: Una, cuándo nos decidiremos los protestantes españoles
a movilizarnos para luchar por la dotación de lugares
públicos para la reflexión/oración y
si nos atreveremos luego a encargarnos de gestionar su uso
interreligioso. Y dos, si tendremos lo que hay que tener –fe en nuestro
Dios, el el Dios del Universo, el único Dios de todos– para
habilitar alfombras para quienes tienen la costumbre de orar
a Dios de rodillas.
LETRA PEQUEÑA / MARTES 16-09-03  Cuando en vez del civil “hola” del
Diccionario, me saludan con el ¿religioso? “bendiciones” de
la teología de la prosperidad, entiendo que me “predican” la
acepción ¡monetaria! del término: “bendicione$”.
El lenguaje, ya se sabe, nunca es inocente. El amor al dinero, el culto al dios dólar que tan
desmesuradamente entroniza la ola de la teología de
la pro$peridad que nos invade, nada tiene que ver con el
Jesús de los Evangelios sobre el que los reformadores
protestantes cambiaron en el siglo XVI el signo de la Historia.
Sola Gracia, Sola Fe, Sola Escritura. Solo Cristo. No dijeron “Sólo
Dólar”.
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España.
|