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El “ser” Protestante Uno de los grandes temas filosóficos, éticos,
sociológicos y también teológicos es el
relativo a la libertad humana, el libre arbitrio del siglo
XVI. Aunque sea uno de los temas aún sin resolver, es
uno de los que forma parte del “ser” protestante
y explica la cara o el envés de la salvación
bíblica. El “Comentario exegético y hermenéutico
al libro de los Efesios” de José M. González
Campa, publicado por CLIE, nos vuelve a traer la vieja y siempre
difícil explicación de un Dios Soberano y un
hombre al mismo tiempo libre. ¿Es posible racionalizar
algo que la Biblia no manifiesta –se pregunta el Dr.
Campa? Lo cierto es que la antropología de Martín
Lutero, con esa visión pesimista del hombre, muerto
en delitos y pecados, herido y manchado por el pecado de Adám,
e incapaz de realizar obras agradables a Dios, enfrenta a la
concepción católica que cree que el hombre ayudado
por la gracia y el auxilio de Dios puede ser capaz de producir
algo bueno para merecer el perdón de Dios. Pero estos
debates del siglo XVI se han ido diluyendo y ya desde 1998
la Liga Luterana Mundial y el Vaticano han hecho progresos
hasta la “Declaración sobre la justificación
por la fe” de fechas recientes. Quizás se haya
llegado a entender en estos días que la experiencia
de la salvación protestante radica en aceptar que Dios
nos hace justos, porque nos aplica gratuitamente los meritos
infinitos de la muerte de Cristo a nuestro favor. La polémica “de auxilis” (1582-1607)
que racionalizó hasta los extremos mas insospechados
la lúcida mente de Luis de Molina, quien pretendía
salvar la libertad humana del determinismo divino, o los seguidores
de Domingo Bañez que acusaban a Molina de añadir
una ciencia media para concordar a un Dios Soberano y un hombre
libre que pueda aceptar o rechazar el don de la gracia. Lo
cierto es que las armonizaciones no han logrado, después
de tanto trabajo filosófico y teológico, y la
dura realidad es la frustración de que “quien
hace pecado, esclavo es del pecado”. Aunque se hizo distinción
entre gracia suficiente y gracia eficaz para salvar el libre
arbitrio, la teología católica naufragó en
un mar de distinciones, donde la gracia no era suficientemente
capaz sin la ayuda humana para llevar a la conversión
y menos a la seguridad de salvación. Era una libertad
que no iba mas allá de la elección que el condenado
a muerte puede hacer al escoger el instrumento de su ejecución.
El “ser” protestante –entre otras muchos
aspectos teológicos - aparece como simul iustus et pecator,
justo y pecador al mismo tiempo. Justo no por sus obras, (que
hasta podrían parecer buenas delante de los hombres
pero no ante un Dios justo) sino por la aplicación de
la Obra de Cristo. Pecador por si mismo y por su tendencia
a hacer lo que no quiere. Esta realidad antropológica
y sociológica es difícil de contradecir. El mismo
hombre que es capaz de los mejores sentimientos, de la superación
y del desarrollo técnico y científico a favor
de la humanidad, es el mismo que ha dado origen a todos los
holocaustos y miserias humanas. Por otro lado, el Concilio
de Trento afirmó que el hombre, limpio de nuevo por
el bautismo, santificado por los meritos de Cristo, seguía
teniendo libre arbitrio y voluntad dispuesta para adquirir
los meritos de la salvación. Y sobre todo Trento afirmó que
somos nosotros los que decidimos si aceptamos o rechazamos
a Dios. Sin embargo esta salvación del ser libre o lo que
es lo mismo, elegir a Dios, lleva consigo grandes renuncias.
El cristiano católico debe renunciar, si elige a Dios,
a la autonomía del ser libre y consciente, porque
en este mundo todo es transitorio y solo lo eterno es elección
de plenitud. Por lo tanto seguiría siendo también
esclavo. Que el hombre sea libre no es algo demostrable,
sino una evidente experiencia interior, donde se originan
las palabras libertad, responsabilidad, remordimiento, etc.
Sin embargo la libertad cristiana que expone Pablo es algo
muy distinto a lo que han llamado pesimismo y fatalismo protestante.
El “ser” protestante está determinado
por el “pertenecer” a Cristo. “Y si el
Hijo os libertare seréis verdaderamente libres” decía
Jesús. Por consiguiente el pesimismo se cambia por
optimismo. Ya no se nos puede tachar de deterministas. El
nuevo nacimiento, ese encuentro con el Dios amoroso que viene
a salvarte solo se efectúa desde la fe y por la fe.
Los méritos no pueden salir de un muerto en delitos
y pecados, sino del que ha sido vivificado para justificación
de vida. Y desde estas elementales premisas ya no podemos
decir que el ser humano esté abocado a la desesperación
por ser incapaz e ineficaz en su esfuerzo personal. El “ser” protestante
encuentra su libertad de conciencia y de acción en
todo lo humano porque ha elegido ser libre en Cristo. No
hay sacramento que la iglesia pueda administrar para atar
y desatar, ni declarar anatemas. La libertad cristiana no
nace de fomentar ni desarrollar la libertad moral, que es
el atributo mas noble del hombre. No es la ascética
la que consigue una vida virtuosa, sino la “pertenencia” a
la infinita libertad-voluntad de Dios. La sicología moderna aconseja para sentirse libre
y mejor, el esfuerzo personal. Dice William James: “Conserva
viva en ti la facultad de esforzarte, mediante un poco de
ejercicio voluntario cada día”, pero es diferente
la vivencia de Pablo: “Para mi el vivir es Cristo y
el morir ganancia” que se siente lleno en la vida y
en la muerte porque ha encontrado su “ser” cristiano.
Manuel de León es pastor, Presidente del Consejo Evangélico
de Asturias, ha dirigido la Revista "Asturias Evangélica"
y ha publicado “ORBAYU", revista de investigación
histórica, cultural y sociológica del protestantismo
en Asturias
© M. de León,www.protestantedigital.com, 2003,
Asturias, España. |
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