E s p e c i a l e s
Número 03 - 19 de septiembre de 2003
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
   
Manuel suárez

Un tesoro en mi casa

En mi casa tenemos un tesoro: una hoja suelta de una biblia inglesa muy antigua; la hemos enmarcado con todo respeto y amor. Esta biblia fue editada entre 1560 y 1644 en Ginebra, en el exilio, como la de Casiodoro de Reina y por las mismas razones. Sabemos que nuestra hoja vino de Estados Unidos, por lo que pertenecía a una biblia que se llevaron puritanos ingleses en su emigración a las nuevas colonias.

Hace tiempo tenía un concepto miserable de los puritanos, el de una gente severa, rigurosa, triste, desconocedora de la libertad cristiana, ahogada en mil formalismos, aislada del mundo, fanática, reprimida y represora. Hace tiempo mi única información sobre ellos era lo que decían los demás –especialmente los hermanos creyentes que me parecían más progresistas– y la imagen ridícula que nos ofrecían las películas. Hace tiempo no sabía absolutamente nada de los puritanos, sólo lo que otros maldecían de ellos.

Cuando leí por mí mismo algo de los puritanos, descubrí su espléndida visión del mundo, su profunda convicción, su realismo pragmático, sus conquistas en la ciencia, la economía, la literatura o la política. Descubrí que fueron los primeros en proclamar que “todos los hombres son creados iguales y el Creador les ha dotado de derechos inalienables, como la vida o la libertad” o que “los gobiernos obtienen sus poderes del consentimiento de los gobernados y el pueblo tiene el derecho de abolir o cambiar cualquier forma de gobierno que destruya estos fines” y esto varios siglos antes de que nosotros tuviéramos la menor idea de lo que significaba “democracia”. Conquistaron libertad cuando nosotros tragábamos absolutismo. Pero, sobre todo, descubrí que se tomaron totalmente en serio lo que creían y no se contentaron con aplicarlo a sus cultos del domingo, sino a todas las áreas de la vida.

Me sentí miserable por mis prejuicios sobre ellos y aprendí a pensar por mi cabeza, no por los prejuicios y clichés de los demás. Hay términos que sólo pronunciarlos disparan el fervor condenatorio inquisitorial irreflexivo e ignorante, aunque se vista de progresista: muchos se presignan –y yo estaba entre ellos– con sólo oír “puritanismo” (sin haber leído a Baxter), “calvinismo” (sin haber leído a Calvino) o “fundamentalismo” (sin tener idea de qué fueron los Fundamentals). Yo creía que “puritano” era igual a “retrógrado”, pero descubrí que nuestros hermanos puritanos revolucionaron la sociedad en la que vivieron y muchísimos avances absolutamente progresistas se deben sólo a ellos. No les paró ni un minuto la pobre imagen que muchos tenían de ellos: no miraron a su alrededor, miraron adentro, a su corazón, y arriba, a su soberano Dios; sus conquistas se fundamentaron en su convicción. De ellos aprendí también algo: empieza a preocuparme poco la imagen progre o retrógrada que los demás tengan de mí, empieza a preocuparme menos que algunos liberales me acusen de “fundamentalista” o algunos conservadores de “mundano”: no quiero gastar mucha energía en obsesionarme con eso; quiero volver cada día a la centralidad de Cristo y al valor absoluto de la Escritura, aunque a algunos les parezca poco avanzado; quiero ser cada vez más consecuente con mi fe, aplicarla a todas las áreas de mi vida sin exclusión; quiero así ayudar a cambiar mi sociedad.

La hoja que guardamos en mi casa contiene el texto de Josué 24.15: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”, y al margen, se lee un comentario: “Esto nos enseña que, aunque todo el mundo se quiera apartar de Dios, con todo y eso cada uno de nosotros personalmente está vinculado de forma inseparable a Él”


Manuel Suárez es médico y miembro de la Junta Directiva del Consell Evanxélico Galego.

 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
. PUBLICIDAD


© 2003 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: