| ¿UN
CONGRESO PROTESTANTE EN MADRID?
¿Por qué plantearnos desde
el Consejo Evangélico de Madrid la celebración
de un Congreso Protestante en nuestra Comunidad? Independientemente
de la forma que podamos dar a esta respuesta que será,
sin duda, plural y complementaria, hay una razón de
fondo que nos parece importante resaltar. Creemos necesario
que los integrantes de las iglesias evangélicas de
la Comunidad de Madrid nos encontremos en un Congreso, porque
consideramos que Iglesia y Sociedad son dos realidades que
se necesitan y se complementan, aunque cada una de ellas deba
mantener, en conformidad con los postulados de la Reforma,
su propia autonomía e independencia.
Y si es así, se hace necesario
conocer a fondo la sociedad en la que vivimos, con el propósito
de poder formular respuestas pertinentes a los problemas que
la aquejan, desde nuestra fe y a partir de opciones espirituales,
litúrgicas, teológicas y culturales diferentes
pero complementarias, tal y como se manifiestan en el pueblo
protestante,
La sociedad occidental
actual es, en muchos aspectos, una sociedad post-cristiana,
en la que, siguiendo el pensamiento del teólogo luterano
Dietrich Bonhoeffer, se prescinde (aunque la expresión
pueda no gustarnos) de la hipótesis Dios para buscar
pautas de comportamiento o respuestas a los retos de la vida
cotidiana;
Una sociedad en la
que se valora en gran medida la libertad personal y cuyos
planteamientos éticos giran en torno a configurar un
mundo en el que, además de la libertad, prevalezcan
la justicia y el respeto a la dignidad de las personas, así
como el reconocimiento y consideración a la pluralidad
de culturas y expresiones religiosas;
Una sociedad que, aunque
reconoce y valora positivamente su tradición cristiana,
considera pasados de moda los aportes de la ética religiosa,
anclados en modelos de vida ya sobrepasados y contaminados
por conductas personales y compromisos institucionales con
frecuencia contradictorios con los principios éticos
que sobre el papel dicen defender;
Una sociedad que niega
a la Iglesia (a las iglesias) el monopolio de los códigos
éticos planteados históricamente desde una plataforma
autoritaria y excluyente, pero que, no obstante, espera que
su mensaje sea diáfano, dando respuestas éticas
a problemas contemporáneos, sin confundir la estética
cambiante con la ética que permanece;
Una sociedad que se
ha hecho mayor de edad y se siente responsable de adoptar
sus propias decisiones, al margen de la tutela histórica
de la Iglesia (las iglesias) e, incluso, con frecuencia, en
abierta oposición a la iglesia de turno, al acusarla
de acompañar y justificar (unas veces con su silencio
cómplice y otras con su apoyo activo, cuando no inspirándolos
directamente), sistemas políticos y económicos
tiránicos y procesos de colonización cultural
desnaturalizantes;
Una sociedad que gime
ante las políticas de destrucción ecológica
que, en nombre de un desarrollismo irracional está
amenazando seriamente el equilibrio ecológico universal,
contaminando ríos, destruyendo bosques, aniquilando
la flora y la fauna de forma irresponsable, y todo ello sin
que la Iglesia (las iglesias) levanten su voz de protesta
ni ofrezcan mensajes creíbles de austeridad y racionalización
convincentes;
Una sociedad que se
pregunta hasta cuándo van a perdurar las políticas
de explotación de más de dos terceras partes
de la humanidad por parte de una minoría instalada
en el poder global, y todo ello en nombre del progreso, la
civilización y la democracia e, incluso, a veces, en
el nombre de Dios. Y hasta cuándo van a seguir pisoteándose
los derechos humanos de los más desposeídos,
mientras la Iglesia (las iglesias), se limitan a observar
en silencio, cuando no se convierten en beneficiarias directa
del sistema dominante.
Una sociedad que llama
a las cosas de forma diferente a como las denomina la Iglesia
(las iglesias); que no entiende las palabras, la liturgia,
los conceptos que le llegan de la Iglesia (las iglesias),
aunque seguramente estaría dispuesta a dialogar sobre
los contenidos; que considera que es posible y deseable el
diálogo fe y razón y que hay que clarificar
convenientemente los lenguajes míticos y simbólicos
de la experiencia religiosa a fin de dar noticia del Dios
trinitario y de la obra redentora de Jesucristo;
Una sociedad que necesita
un mensaje de esperanza creíble que dé sentido
a la vida de tantos hombres y mujeres sin destino cierto;
que busca un remanso espiritual en medio del estrés
en el que se ve envuelta; que anhela respuestas coherentes,
no alienantes, de hondo calado espiritual, para afrontar dignamente
la vida y serenamente la muerte; que desea ser tratada y considerada
como una sociedad adulta que puede conducirse sin la tutela
permanente de la Iglesia (de las iglesias).
Un Congreso Protestante en
Madrid está llamado a “poner orden” en
la propia casa, es decir, a fortalecer las bases de convivencia
y colaboración entre las iglesias evangélicas
de Madrid, promoviendo la diversidad y respetando la idiosincrasia,
la teología, la liturgia y la espiritualidad de cada
una de esas iglesias, dando con ello un testimonio público
de genuino ecumenismo cristiano; y poner de manifiesto que
en esta Casa caben todos los que se sienten y confiesan como
evangélicos, por la identidad que nos une en Jesucristo;
Un Congreso Protestante
de Madrid está llamado a establecer una base de diálogo
con la sociedad que confiera a la Iglesia (a las iglesias)
credibilidad suficiente como generadora de una espiritualidad
y de una ética necesarias para los hombres y mujeres
del siglo XXI, que le brinde espacios y oportunidades propios
para la evangelización;
Un Congreso Protestante
de Madrid está llamado a elaborar respuestas coherentes
y actualizadas a los problemas y demandas que plantea la sociedad
actual, y a hacerlo desde la esencia de la doctrina cristiana
a partir de las más genuínas esencias de la
Reforma Protestante;
Un Congreso Protestante
de Madrid está llamado a combagtir desdee dentro la
imagen de “secta” que la sociedad tiene de nosotros,
reivindicando la condición de Iglesia de nuestras congregaciones
y aún más, de Iglesia Católica por su
dimensióin universal:
Un Congreso Protestante
de Madrid está llamado a ayudar a despertar la conciencia
del pueblo evangélico para inspirar entre los pastores
y miembros de las iglesias comportamientos espirituales, éticos
y sociales que sean un ejemplo y un motivo de inspiración
cristiana para los diferentes estamentos de la sociedad;
Un Congreso Protestante
de Madrid esá llamado a promover y dar contenido a
nuestra identidad como pueblo evangélico desde la riqueza
de nuestra pluralidad;
Un Congreso Protestante
de Madrid está llamado, en fin, a dar un impulso definitivo
a la búsqueda de la unidad dentro de la diversidad; a
derribar barreras de incomunicación; a favorecer espacios
de diálogo; a resolver conflictos de relación;
a proclamar la implantación de una ética cristiana
protestante frente a una sociedad insolidarfia y corrupta; a
transmitir a la sociedad madrileña (a sus hombres y mujeres)
que los protestantes somos un pueblo con esperanza frente al
miedo y a la desesperanza; a crear, en definitiva, un clima
de testimonio y servicio cristianos que nos sitúe a las
iglesias y a los creyentes al nivel de testimonio y servicio
que Dios y la sociedad están demando de nosotros.
Máximo García
Ruiz, Secretario Ejecutivo C.E.M. |