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Número 04 - 23 de septiembre de 2003
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consejo evangélico de madrid

¿UN CONGRESO PROTESTANTE EN MADRID?

¿Por qué plantearnos desde el Consejo Evangélico de Madrid la celebración de un Congreso Protestante en nuestra Comunidad? Independientemente de la forma que podamos dar a esta respuesta que será, sin duda, plural y complementaria, hay una razón de fondo que nos parece importante resaltar. Creemos necesario que los integrantes de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid nos encontremos en un Congreso, porque consideramos que Iglesia y Sociedad son dos realidades que se necesitan y se complementan, aunque cada una de ellas deba mantener, en conformidad con los postulados de la Reforma, su propia autonomía e independencia.

Y si es así, se hace necesario conocer a fondo la sociedad en la que vivimos, con el propósito de poder formular respuestas pertinentes a los problemas que la aquejan, desde nuestra fe y a partir de opciones espirituales, litúrgicas, teológicas y culturales diferentes pero complementarias, tal y como se manifiestan en el pueblo protestante,

La sociedad occidental actual es, en muchos aspectos, una sociedad post-cristiana, en la que, siguiendo el pensamiento del teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, se prescinde (aunque la expresión pueda no gustarnos) de la hipótesis Dios para buscar pautas de comportamiento o respuestas a los retos de la vida cotidiana;

Una sociedad en la que se valora en gran medida la libertad personal y cuyos planteamientos éticos giran en torno a configurar un mundo en el que, además de la libertad, prevalezcan la justicia y el respeto a la dignidad de las personas, así como el reconocimiento y consideración a la pluralidad de culturas y expresiones religiosas;

Una sociedad que, aunque reconoce y valora positivamente su tradición cristiana, considera pasados de moda los aportes de la ética religiosa, anclados en modelos de vida ya sobrepasados y contaminados por conductas personales y compromisos institucionales con frecuencia contradictorios con los principios éticos que sobre el papel dicen defender;

Una sociedad que niega a la Iglesia (a las iglesias) el monopolio de los códigos éticos planteados históricamente desde una plataforma autoritaria y excluyente, pero que, no obstante, espera que su mensaje sea diáfano, dando respuestas éticas a problemas contemporáneos, sin confundir la estética cambiante con la ética que permanece;

Una sociedad que se ha hecho mayor de edad y se siente responsable de adoptar sus propias decisiones, al margen de la tutela histórica de la Iglesia (las iglesias) e, incluso, con frecuencia, en abierta oposición a la iglesia de turno, al acusarla de acompañar y justificar (unas veces con su silencio cómplice y otras con su apoyo activo, cuando no inspirándolos directamente), sistemas políticos y económicos tiránicos y procesos de colonización cultural desnaturalizantes;

Una sociedad que gime ante las políticas de destrucción ecológica que, en nombre de un desarrollismo irracional está amenazando seriamente el equilibrio ecológico universal, contaminando ríos, destruyendo bosques, aniquilando la flora y la fauna de forma irresponsable, y todo ello sin que la Iglesia (las iglesias) levanten su voz de protesta ni ofrezcan mensajes creíbles de austeridad y racionalización convincentes;

Una sociedad que se pregunta hasta cuándo van a perdurar las políticas de explotación de más de dos terceras partes de la humanidad por parte de una minoría instalada en el poder global, y todo ello en nombre del progreso, la civilización y la democracia e, incluso, a veces, en el nombre de Dios. Y hasta cuándo van a seguir pisoteándose los derechos humanos de los más desposeídos, mientras la Iglesia (las iglesias), se limitan a observar en silencio, cuando no se convierten en beneficiarias directa del sistema dominante.

Una sociedad que llama a las cosas de forma diferente a como las denomina la Iglesia (las iglesias); que no entiende las palabras, la liturgia, los conceptos que le llegan de la Iglesia (las iglesias), aunque seguramente estaría dispuesta a dialogar sobre los contenidos; que considera que es posible y deseable el diálogo fe y razón y que hay que clarificar convenientemente los lenguajes míticos y simbólicos de la experiencia religiosa a fin de dar noticia del Dios trinitario y de la obra redentora de Jesucristo;

Una sociedad que necesita un mensaje de esperanza creíble que dé sentido a la vida de tantos hombres y mujeres sin destino cierto; que busca un remanso espiritual en medio del estrés en el que se ve envuelta; que anhela respuestas coherentes, no alienantes, de hondo calado espiritual, para afrontar dignamente la vida y serenamente la muerte; que desea ser tratada y considerada como una sociedad adulta que puede conducirse sin la tutela permanente de la Iglesia (de las iglesias).

Un Congreso Protestante en Madrid está llamado a “poner orden” en la propia casa, es decir, a fortalecer las bases de convivencia y colaboración entre las iglesias evangélicas de Madrid, promoviendo la diversidad y respetando la idiosincrasia, la teología, la liturgia y la espiritualidad de cada una de esas iglesias, dando con ello un testimonio público de genuino ecumenismo cristiano; y poner de manifiesto que en esta Casa caben todos los que se sienten y confiesan como evangélicos, por la identidad que nos une en Jesucristo;

Un Congreso Protestante de Madrid está llamado a establecer una base de diálogo con la sociedad que confiera a la Iglesia (a las iglesias) credibilidad suficiente como generadora de una espiritualidad y de una ética necesarias para los hombres y mujeres del siglo XXI, que le brinde espacios y oportunidades propios para la evangelización;

Un Congreso Protestante de Madrid está llamado a elaborar respuestas coherentes y actualizadas a los problemas y demandas que plantea la sociedad actual, y a hacerlo desde la esencia de la doctrina cristiana a partir de las más genuínas esencias de la Reforma Protestante;

Un Congreso Protestante de Madrid está llamado a combagtir desdee dentro la imagen de “secta” que la sociedad tiene de nosotros, reivindicando la condición de Iglesia de nuestras congregaciones y aún más, de Iglesia Católica por su dimensióin universal:

Un Congreso Protestante de Madrid está llamado a ayudar a despertar la conciencia del pueblo evangélico para inspirar entre los pastores y miembros de las iglesias comportamientos espirituales, éticos y sociales que sean un ejemplo y un motivo de inspiración cristiana para los diferentes estamentos de la sociedad;

Un Congreso Protestante de Madrid esá llamado a promover y dar contenido a nuestra identidad como pueblo evangélico desde la riqueza de nuestra pluralidad;

Un Congreso Protestante de Madrid está llamado, en fin, a dar un impulso definitivo a la búsqueda de la unidad dentro de la diversidad; a derribar barreras de incomunicación; a favorecer espacios de diálogo; a resolver conflictos de relación; a proclamar la implantación de una ética cristiana protestante frente a una sociedad insolidarfia y corrupta; a transmitir a la sociedad madrileña (a sus hombres y mujeres) que los protestantes somos un pueblo con esperanza frente al miedo y a la desesperanza; a crear, en definitiva, un clima de testimonio y servicio cristianos que nos sitúe a las iglesias y a los creyentes al nivel de testimonio y servicio que Dios y la sociedad están demando de nosotros. 

Máximo García Ruiz, Secretario Ejecutivo C.E.M.
 
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