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Profetas
sin carnet
“Toda
verdad, la diga quien la diga, viene del Espíritu
Santo” San Agustín
Las grandes verdades de Dios se aprenden
de la Biblia, la naturaleza y de las personas que nos rodean.
En este lote también se incluyen aquellos que no han
tomado la decisión de aceptar la muerte y resurrección
de Cristo como suceso indispensable para su regeneración
personal ¡Cuantas lecciones de amor, perdón,
gracia y sabiduría hemos recibido de estas gentes
a las que llamamos paganos! Son participantes de esa condición
divina de la creación humana ya anunciada en el milenario
libro del Génesis: “y creó Dios al hombre
a su imagen y semejanza” (Gn. 1, 26). Y es gracias
a este poso de divinidad universal por lo que el hombre puede,
en un punto de su vida, volverse a Dios y encontrarse consigo
mismo y con Él. .
Muchos viven y promulgan las verdades del Espíritu
sin que ellos mismos lo sepan. Aunque lo nieguen… lo
están exaltando. Y ocurre en muchas ocasiones; al
luchar por libertad, justicia, reconciliación… etc.
Cuántas veces muchos cristianos nos quedamos en casa
o a lo sumo yendo de reunión en reunión mientras
miles de inconversos se fatigan en pos de la paz, la dignidad
o el restablecimiento de familias rotas. Como la canción
de Marcos Vidal, en ocasiones nos podemos contemplar “discutiendo
si al orar hay que levantar o no las manos mientras el mundo
muere sin ver la luz”. Pero debemos agradecer que se
levanten destellos de la Gloria fuera de nuestras pequeñas
puertas, ya que en ocasiones nos aportan más nitidez
espiritual que muchos seudoprofetas erigidos entre nosotros.
“Fui buscado por los que no preguntaban por mí;
fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que
no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí.
Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde” (Isaías
65, 1-2).
Curioso… Dios manifestándose fuera de la Iglesia,
rompiendo el manido dualismo evangelical de “Mundo”=Perversión
vs Iglesia=Santidad. Maniqueísmo gnóstico que
desfigura al Dios “que todo lo llena en todo” (Efesios
1, 23) y que lo convierte en Yavé-Caja (que traducido
significa: Sólo Dios se revela a mi Iglesia). El Diablo
no puede crear nada, y menos aún nada bueno. Sólo
puede desfigurar y pervertir lo que ya Dios ha creado, por
lo que el enemigo debe andar disgustado cuando se levantan
estos exóticos profetas que hablan verdad de Dios
sin haberle entregado sus vidas. A veces los cristianos despreciamos
(en el peor sentido de la palabra) grandes enseñanzas,
ejemplos y reflexiones simplemente por que no provienen de
creyentes nacidos de nuevo. No son de los nuestros, decimos.
Pero, ¿nos vamos a perder todas las verdades de Dios
por el mero hecho de que no estén sujetas a nuestros
patrones religiosos de toda la vida?. Yo al menos me niego.
Sí, la reconciliación de la mujer y del hombre
con Cristo a través de la Cruz del Calvario es la única
esperanza real para la humanidad, pero no por ello se puede
reducir a Dios a los chiquitos límites de nuestro
pequeño mundo eclesiástico. No perdamos de
vista su Palabra: “examinadlo todo y retened lo bueno” (1ª Tesalonicenses
5, 21). Así funciona nuestro Padre. Sin restricciones
eclesiales (¡gracias a Dios!).
En nuestro derredor pervive un misterio: Hay vida al otro
lado. Las calles son un lugar donde las piedras hablan, susurran
secretos acerca del Espíritu y del Reino. Pega tu oído
con reverencia, atiende sin prejuicios, libera tus oídos
del tapón del miedo, desentumece tu percepción,
unge tus tímpanos con el aceite de la vida, baja el
volumen de Radio Religión y escucha el fluir…¿oyes
el rumor?, ¿qué te dice?
Luis Marián trabaja en Madrid
como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org
un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
los no creyentes.
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