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¿Somos
lo que no somos?
Sabemos
que no somos católico-romanos porque ponemos la autoridad
de la Biblia por encima de hombres, tradiciones y magisterios.
Sabemos que no somos Testigos de Jehová, porque han modificado
textos esenciales de la Biblia, negando o distorsionando algunas
de sus doctrinas básicas. Pero dentro de este amplio
margen, ¿cómo sabemos o entendemos que se mantiene
la identidad evangélica o protestante?.
Este ha sido uno de los principales
debates en el encuentro preparatorio del I Congreso Protestante
de Madrid ¿Cómo decir quiénes somos a la
sociedad sin antes ponernos de acuerdo sobre este punto, a la
luz de las nuevas corrientes y tendencias?.
La Iglesia católico-romana (ICR) lo tiene fácil.
La ICR es monolítica: la jerarquía es su columna
vertebral y quien marca la identidad. Lo demás es periférico
y borroso, aunque coexistan en su seno enormes disparidades..
Los protestantes no tenemos una institución equivalente.
Y las que existen suelen intentar aglutinar por encima de
todo; “la unidad en la pluralidad” es la frase
más repetida. El problema es dónde termina la
pluralidad, ya que una vez que se introducen plurales sin
criterio de límite alguno, deja de existir la unidad
para convertirse en mezcla, y la confusión sustituye
a la unión.
¿Está dentro de la unidad en la pluralidad
la fe como negocio, el cuestionamiento de la perfecta humanidad
y divinidad de Jesús, la negación de la fe como
medio de salvación por encima de las obras, el señorío
y abuso del liderazgo aplastando la libertad de conciencia,
el cuestionamiento de la Biblia como Palabra revelada, la
venta de bulas modernas a cambio del dinero de siempre?
No debemos ser inquisidores que quemen en la hoguera de la
disidencia a todo sospechoso de alguna idea o práctica
herética, pero por la misma razón tampoco es
correcto admitir como miembros de hecho y derecho en la “casa
común” protestante a quienes, se llamen como
se llamen y sean quienes sean, nieguen en la teoría
o en la práctica puntos fundamentales del contenido
de la Biblia, de la misma y única Biblia.
Los cristianos evangélicos o protestantes no somos
aquello que no somos. Tenemos voz, historia y personalidad
propias pero, como el escultor, debemos trabajar la piedra
para que se vea la imagen ¿Dónde están
aquellos que tienen el cincel, la valentía y el arte
para conseguirlo? Conformistas, timoratos y políticamente
correctos abstenerse.
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