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Número 04 - 26 de septiembre de 2003
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La voz
César vidal manzanares

Reforma: Sola Scriptura (II)

El principio de Sola Scriptura establece que la Biblia es la única regla de fe y conducta y que las connotaciones no se reducen al púlpito. Incluyen, entre otras, la creencia en que nuestra vida no se rige por la tradición, la filosofía de moda o el espíritu de la época y, de manera muy especial, que el mundo no es el que impone su agenda a la iglesia ya que la iglesia tiene una agenda propia que debe predicar al mundo.


Es precisamente el apoyarse en la Biblia y nada más que en la Biblia lo que nos mantiene predicando a nuestros contemporáneos que son pecadores, que están perdidos y que sólo pueden hallar salvación en Cristo (Hechos 4, 11-12). Se trata, sin duda, de un mensaje antipático en todas las épocas. En la época de Pablo, por ejemplo, los griegos buscaban sabiduría mientras que los judíos pedían milagros. En la época de la Reforma, el gusto por lo prodigioso y por la autojustificación no había disminuido e incluso hasta había experimentado una cierta sofisticación. En nuestros días, la misma referencia al pecado y al hecho del juicio que acarrea provoca reacciones de pesar que varían de la ira a la depresión. Sin embargo, ése es el mensaje central del Evangelio: está usted enfermo espiritualmente y sólo Cristo puede curarlo; está usted perdido espiritualmente y sólo Cristo puede hallarlo; está usted condenado espiritualmente y sólo Cristo puede salvarlo.

Esa persistencia en la Biblia es la que nos permite además caminar con pie seguro en medio de la cultura de la época, una cultura que se pretende segura y firme cuando en realidad sólo se reduce a un miedo envuelto en los oropeles de la prepotencia. Si en el siglo I la Biblia enseñaba que los esclavos no eran reses o que las mujeres tenían alma, si en el siglo VIII indicaba que había que tratar a la esposa como Cristo a la iglesia, hoy en día nos dice que las prácticas homosexuales o el sexo promiscuo son pecados por los que se responde ante Dios. Gracias a la Biblia, la iglesia no se deja arrastrar por la moralidad de la época – una moralidad que, a menudo, cada generación considera superior sólo para que la generación siguiente la mire con espanto – sino que tiene un mensaje ético que brota del propio Creador y, precisamente por ello, se adapta a nosotros como criaturas arrancándonos de nuestra situación y mostrándonos aquello a lo que podemos aspirar.

La iglesia que se aferra a la Biblia – aunque provoque el desprecio, la carcajada o el estupor de los que la rodean – sobrevivirá mientras que aquella que se distancia de ella ha firmado su sentencia de muerte. No debería extrañarnos. ¿Acaso no está escrito: “el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán?”

(IR A: "REFORMA: SOLA SCRIPTURA (I)")

César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2003, España.

 
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