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Reforma:
Sola Scriptura (II)
El principio de Sola Scriptura establece
que la Biblia es la única regla de fe y conducta y que
las connotaciones no se reducen al púlpito. Incluyen,
entre otras, la creencia en que nuestra vida no se rige por
la tradición, la filosofía de moda o el espíritu
de la época y, de manera muy especial, que el mundo no
es el que impone su agenda a la iglesia ya que la iglesia tiene
una agenda propia que debe predicar al mundo.
Es precisamente el apoyarse en la
Biblia y nada más que en la Biblia lo que nos mantiene
predicando a nuestros contemporáneos que son pecadores,
que están perdidos y que sólo pueden hallar salvación
en Cristo (Hechos 4, 11-12). Se trata, sin duda, de un mensaje
antipático en todas las épocas. En la época
de Pablo, por ejemplo, los griegos buscaban sabiduría
mientras que los judíos pedían milagros. En la
época de la Reforma, el gusto por lo prodigioso y por
la autojustificación no había disminuido e incluso
hasta había experimentado una cierta sofisticación.
En nuestros días, la misma referencia al pecado y al
hecho del juicio que acarrea provoca reacciones de pesar que
varían de la ira a la depresión. Sin embargo,
ése es el mensaje central del Evangelio: está
usted enfermo espiritualmente y sólo Cristo puede curarlo;
está usted perdido espiritualmente y sólo Cristo
puede hallarlo; está usted condenado espiritualmente
y sólo Cristo puede salvarlo.
Esa persistencia en la Biblia es la que nos permite además
caminar con pie seguro en medio de la cultura de la época,
una cultura que se pretende segura y firme cuando en realidad
sólo se reduce a un miedo envuelto en los oropeles de
la prepotencia. Si en el siglo I la Biblia enseñaba que
los esclavos no eran reses o que las mujeres tenían alma,
si en el siglo VIII indicaba que había que tratar a la
esposa como Cristo a la iglesia, hoy en día nos dice
que las prácticas homosexuales o el sexo promiscuo son
pecados por los que se responde ante Dios. Gracias a la Biblia,
la iglesia no se deja arrastrar por la moralidad de la época
– una moralidad que, a menudo, cada generación
considera superior sólo para que la generación
siguiente la mire con espanto – sino que tiene un mensaje
ético que brota del propio Creador y, precisamente por
ello, se adapta a nosotros como criaturas arrancándonos
de nuestra situación y mostrándonos aquello a
lo que podemos aspirar.
La iglesia que se aferra a la Biblia – aunque provoque
el desprecio, la carcajada o el estupor de los que la rodean
– sobrevivirá mientras que aquella que se distancia
de ella ha firmado su sentencia de muerte. No debería
extrañarnos. ¿Acaso no está escrito:
“el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras
no pasarán?”
(IR A: "REFORMA:
SOLA SCRIPTURA (I)")
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, 2003, España.
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