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El
auténtico árbol de la vida
Se abre en Segovia el último ciclo
de la exposición Las edades del hombre, que
recorre las catedrales de Castilla y León, esperando mantener la aceptación
popular que esta iniciativa de la Iglesia Católica-Romana ha
venido disfrutando desde su inicio en Valladolid en 1988. El
tema elegido esta vez es la historia de la pasión de Cristo,
tal y como ha sido reflejada en multitud de obras del llamado arte
sacro. La muestra lleva el titulo genérico de El árbol
de la vida, pero ¿qué visión de la Cruz nos da esta
exposición?.
La exhibición recorre siete pasos. Cada
capítulo tiene un nombre, que resulta muy significativo para
comprender la intención de la muestra. Se llaman: La entrada
en la ciudad, La mesa puesta, El jardín, Ecce Homo, El árbol
plantado, Del regazo de la madre al regazo de la tierra, y El
grano se hizo pan. En estas secciones se incluyen pinturas
tan importantes comoo el Cristo yacente de Gregorio
Fernández, el Tríptico del descendimiento de Ambrosius
Benson, o el Llanto sobre Cristo muerto de Juan de Juni.
Algunas piezas son difíciles de ver, pero otras son sacadas
en procesión todos los años, en los desfiles que se hacen en
las diferentes ciudades de Castilla y León cada Semana Santa.
El libro que acompaña la exposición hace un comentario doctrinal
a estas obras, que utiliza como ilustración para comunicar
el mensaje de Cristo. Pero ¿qué tiene que decirnos hoy esa
Cruz?. La clave para los organizadores de esta exhibición
está en la sección titulada El grano se hizo pan. Esta última
parte sirve de corolario final al sentido redentor de la
Pasión, y se centra en ese sacramento tan importante para
la Iglesia Católica Romana, que es la eucaristía.
Y por si la idea no estuviere lo suficientemente clara con
las imágenes, la conclusión se reitera una y otra vez con
un par de audiovisuales, para que nadie se quede con duda
alguna. La muestra se vuelve así en catequesis.
El amante del arte sacro, entre los que yo desgraciadamente
siento no poderme contar, disfrutará de la exposición. Aunque
a veces se agradecería una mayor selección, que aligerara
el recorrido. Ya que hay bastantes piezas que parecen innecesarias,
no ya por su escasa calidad e interés histórico. sino incluso
por su limitado carácter iconográfico. Pese a la fuerza de
las grandes obras, cuyo tamaño las hace destacar de su entorno,
la fatiga visual de todos aquellos que somos especialistas,
nos impide contemplar la exposición con suficiente atención.
Pero vayamos a su mensaje. ¿Es realmente la eucaristía la
aplicación de la Cruz?. Roma pretende desde Trento que
en ella se contiene “verdadera real y sustancialmente el
cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad
de nuestro Señor Jesucristo” (Denz. 1651). Por la transustanciación el
pan y el vino conservan así su apariencia, pero incluyen
ahora la presencia real de Cristo. Es significativo sin embargo
que ya Agustín de Hipona observara en su comentario sobre Juan 6:53-54,
que beber la sangre no ha de entenderse literalmente,
sino simbólicamente. Pero a partir de Trento, la eucaristía
ha convertido la Misa en un sacrificio propiciatorio, en
el que aunque sea modo incruento, o sea sin sangre, Cristo
se vuelve a inmolar una y otra vez. El Vaticano II reafirma
por eso que “la obra de nuestra redención se efectúa cuantas
veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz”.
Cristo sin embargo se ha ofrecido una vez y para siempre
en la cruz. Su solo sacrificio ha sido suficiente. Por lo
que está ahora sentado a la diestra de Dios (Hebreos 10:12),
o sea ha acabado su obra. No está ya de pie como el sacerdote
que ofrece el sacrificio. Lo que hace ahora es interceder
por nosotros, ya que “puede salvar perpetuamente a los que
por él se acercan a Dios” (He. 7:25). Es por eso nuestro
abogado (1 Juan 2:1). Ha “efectuado” ya “la purificación
de nuestros pecados por medio de si mismo” (He. 1:3),
puesto que se ha “ofrecido una sola vez para llevar los pecados
de muchos” (9:28). Por eso somos “santificados mediante la
ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (10:10). “Porque
con una sola ofrenda nos hizo perfectos para siempre” (10:14).
Y dice: “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (10:17).
José de Segovia Barrón
es periodista, teólogo y pastor en Madrid.
© J. de Segova, I+CP, 2003. I+CP (www.ICP-e.org)
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