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La
soledad cósmica
Un domingo pasado leía un artículo
de Carmen Posadas en el que decía que el insomnio no
solo le hace a uno ser consciente de nuestra soledad cósmica,
sino que también le hace salir los monstruos del abismo
del “yo”. Se suele hablar de la soledad cósmica
como frase hecha, frase con cierto encanto intelectual y filosófico,
pero que no se sabe muy bien a que nos referimos. Cuando vivimos
en una isla, decimos que sentimos la soledad cósmica.
Cuando escuchamos determinadas músicas, decimos tener
la sensación de soledad cósmica y queremos acabar
con nuestro aislamiento y deseamos entrar en contacto con otras
galaxias. Cuando miramos al mundo de hoy con la movilidad de
los individuos decimos que aumentará la conciencia de
nuestra soledad cósmica, que el mestizaje nos salvará del
tribalismo planetario en el que estamos inmersos hoy. Cuando
se habla de la espesa amargura de la soledad cósmica,
en muchas ocasiones nos referimos a las características
esenciales e intrínsecas del ser, pero que dudamos a
cerca de cuál es el papel del hombre, su misión,
su razón de ser y de existir. Quizás todos esos
escritores quieran expresar los sentimientos existencialistas
de la soledad cósmica, de lo absurdo de la existencia,
la angustia, etc., sin referirse a la realidad humana en
su vertiente espiritual.
¿Pero será verdad
que el hombre se siente tan aislado? ¿Acaso las cosas
creadas no hablan de un Dios activo y comunicativo? Hebreos,1:1-2
dice “ Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas
maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos
tiempos nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero
de todo y por quien así mismo hizo el universo”.
El ensayista Giuseppe Tulli, hablando de la razón del
vacío, concluye que el "individualismo es tanto
el punto de llegada como el punto de partida del hombre",
y advierte que "quizás haya llegado el momento
de volver a encontrarnos a solas con nosotros mismos; sin la
ayuda gratuita de dioses y principios milenarios", hasta
inventar un verdadero nuevo mundo "que brotará,
auténtico, de nuestra más profunda realidad interior" ¿Tendremos
que tapar los oídos, aislarnos y buscar el vacío
para decir que no hay Dios? Lo cierto es que Dios se ha hecho
cercano: “Emmanuel”. La historia del hombre ha
sido alterada con este hecho del nacimiento de Cristo y la
infinita soledad cósmica ha sido quebrada, porque
el muro de la muerte ha sido derribado.
Sigue diciendo Tulli : “Si miramos con atención
al mundo que nos rodea veremos que estamos justamente hundiéndonos.
Sólo nos falta saber que ese descenso es necesario;
porque sólo así podremos superar el intenso escalofrío
que produce el trance de la jornada, esa que lleva a la experiencia
-¡por fin!- de la soledad cósmica del hombre cara
a cara consigo mismo, y sólo consigo mismo. En ese momento
sabremos que el gran punto de inflexión ha llegado,
y que el vaso está listo para empezar a ser colmado.” ¿Pero
que puede encontrar el hombre mirándose, solo, al espejo
de si mismo? ¿Qué experiencia podemos tener de
la soledad cósmica? Lo cierto es que se expresan pensamientos
bastante poéticos como que el vacío es la posición
a partir del cual podemos en efecto realizar el milagro de
la vida, el de la creación. ¿Querrá decir
todo esto, lo mismo que dice el creyente cristiano que aunque
el hombre exterior se va deshaciendo,(vaciándose) el
interior se renueva de día en día,(adquiriendo
salud, salvándose) adquiriendo un excelente peso de
gloria. El drama del ateo quizás sea que queriendo creer
solo encuentran el sufrimiento de la soledad cósmica.
La alegría del creyente estaría en aquello de
Teresa de Jesús o de autor desconocido “ aunque
no hubiera cielo yo te amara”, porque la duda de
fe no puede quitarle la certeza del amor.
La espiritualidad del siglo
XXI quizás vaya orientada
hacia esta forma luterana de presentarse ante Dios con las
manos vacías, conscientes de nuestra finitud, sabiendo
que los pensamientos de Dios escapan de nuestro control antropomórfico
y que solo desde el vacío mas absoluto del “yo” y
en el abandonarnos en su misericordia, el Espíritu puede
efectuar la revolución de la santidad en nuestras vidas.
Una espiritualidad que no está basada en modos voluntaristas,
no muy altos de miras, centrada en uno mismo, sino en esa
entrega incondicional a Dios, en ese ser vencidos por Dios.
Manuel de León es pastor, Presidente
del Consejo Evangélico de Asturias, ha dirigido la Revista
"Asturias Evangélica" y ha publicado “ORBAYU"
una revista de investigación histórica, cultural
y sociológica del protestantismo en Asturias
© M. de León, 2003, Asturias, España.
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