| Falsificaciones
y falsificadores ‘Pablo,
siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado
para el evangelio de Dios, que él había prometido
antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de
su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje
de David según la carne, que fue declarado Hijo de
Dios con poder, según el Espíritu de santidad,
por la resurrección de entre los muertos, y por quien
recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a
la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las
cuales estáis también vosotros, llamados a ser
de Jesucristo; a todos los que estáis en Roma, amados
de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de
Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.’ (Romanos
1:1-7) Los empresarios y fabricantes, especialmente
los de determinados sectores, están alarmados y no
es para menos: Las pérdidas producidas por las falsificaciones
y los fraudes comerciales están a la orden del día
en el mundo entero y todo indica que su cifra continuará
incrementándose progresivamente. Mientras que hasta
hace unas décadas las falsificaciones eran cuestión
reservada a sectores muy concretos, como la fabricación
fraudulenta de dinero o la de obras de arte, de un tiempo
a esta parte el mundo de la falsificación se ha extendido
hasta tal extremo que prácticamente casi no hay actividad
comercial que no esté afectada por este mal. Anteriormente
para ser un falsificador había que tener unas habilidades
y recursos que estaban al alcance de muy pocos, incluyendo
una sagacidad y destreza fuera de lo común, lo que
hacía de tales falsificadores auténticos “profesionales”
del robo de guante blanco y una especie de élite dentro
del mundo de la delincuencia; sin embargo, ahora cualquier
chapucero con un poco de tecnología puede remedar al
mismísimo Arsenio Lupin. Claro que los resultados no siempre acompañan: Aquel
CD con juegos informáticos que nos vendieron a precio
de ganga en el mercadillo ambulante resultó estar vacío
cuando llegamos a casa; la camiseta de marca destiñó
a la primera de cambio y estropeó toda la ropa que
lavamos juntamente con ella; aquel pantalón vaquero
(jean) que tenía un precio increíble encogió
a la primera lavada quedando, además, una pierna más
corta que la otra, teniendo que reconvertirlo en trapos de
limpieza. Y el reloj, cuyo precio nos cegó e hizo que
no nos diéramos cuenta de que la marca inscrita en
su esfera tenía una pequeña pero importante
letra de diferencia con la otra marca en la que estábamos
pensando, se paró irremisiblemente a las pocas semanas
de comprarlo. Y como decimos en Madrid: ¡Ve a reclamar
a Cascorro!. Sí, vivimos en un mundo en el que el engaño
(comercial) ha dejado de ser el monopolio de unos pocos para
engañar a los muchos y ha pasado a convertirse en el
dominio público de los muchos para engañar a
los demás. Sin embargo, y esto es lo verdaderamente
sorprendente, la misma existencia de lo falso da testimonio
de lo verdadero. Quiero decir que lo falso es sólo
una imitación, más o menos lograda, de lo genuino
y de no existir lo auténtico lo falso no tendría
razón de ser. Esto es así porque lo verdadero
es lo original, o sea, lo que antecede en el tiempo y en el
diseño a lo falso. El que ha pensado y se ha esforzado
es el creador o fabricante de lo verdadero, mientras que el
falsificador sólo le sigue los pasos para hurtarle
su trabajo. Por lo tanto, al encontrarnos con la falsificación
no razonamos ‘Luego no ha de existir lo verdadero’,
sino que más bien el engaño del que hemos sido
víctimas (o cómplices) refuerza nuestra convicción
de que lo verdadero existe, sólo que a nosotros nos
han dado gato por liebre. Ahora bien, si el mundo comercial está saturado de
engaño que vive a costa de lo auténtico, algo
similar pasa en el mundo de las creencias. La diferencia es
que este otro engaño no es una novedad y, lo peor,
es que el perjuicio no es meramente material-temporal sino
espiritual-trascendental, es decir, eterno. Hay otra diferencia
entre el engaño comercial y el religioso o espiritual:
Si somos objeto del primero, ello no mermará nuestra
confianza en la marca genuina y saldremos reforzados habiendo
aprendido una saludable lección para el futuro; pero
si somos objeto del segundo nos tornaremos escépticos
o absolutamente incrédulos en cuanto a la existencia
de la creencia verdadera. Pero ¿no demuestra, también
aquí, la existencia de lo falso que hay algo auténtico?
¿Por qué en esta esfera de la vida negamos lo
que en otras concedemos? El pasaje bíblico arriba citado habla de que existe
algo verdadero: El evangelio o las buenas noticias. Ahora
bien, en el mercado de las ideas ha habido y hay muchos falsificadores
anunciando supuestas buenas noticias para el ser humano, pero
las verdaderas tienen unas características que proceden
de su patente de autenticidad y son las siguientes:
- Son buenas noticias de parte de Dios: ‘...el evangelio
de Dios’. No son idea de hombres ni de instituciones
sino que su origen está en Dios mismo.
- Son buenas noticias anticipadas y registradas: ‘...que
él había prometido antes por sus profetas
en las santas Escrituras’. En ese libro, y no en otro,
es donde se nos anuncian. Cualquier otro libro es desechado
como ilegítimo, en este aspecto.
- Son buenas noticias que tienen a Cristo como contenido:
‘...acerca de su Hijo’. Cualquier buena noticia
cuyo contenido gire en torno a otra persona o personaje
que no sea Jesús, es un fraude.
- Son buenas noticias forjadas por el Dios-Hombre: ‘...nuestro
Señor Jesucristo, que era del linaje de David según
la carne’. Si alguien proclama a Cristo como menos
que Dios o menos que hombre, estamos ante un falsificador.
- Son buenas noticias contrastadas: ‘...que fue declarado
Hijo de Dios... por la resurrección de entre los
muertos’. La resurrección es la prueba cumbre
de que Jesús no fue impostor, pues Dios mismo lo
respaldó levantándolo del sepulcro.
- Son buenas noticias con unos inconcebibles destinatarios:
‘...amados de Dios’. O sea, pecadores a los
cuales Dios amó cuando éstos le aborrecían
a él.
- Son buenas noticias universales: ‘...en todas las
naciones.’. Sin distinción de cultura, sexo,
época o trasfondo social.
- Son buenas noticias porque producen resultados eternos:
‘...llamados a ser santos.’ Es decir, la conformidad
al carácter de Dios.
Haces bien en cuidarte de los falsificadores comerciales,
cuidar tu bolsillo y buscar las buenas marcas; haz lo mismo
en lo que concierne a tu alma: cuídate de los engañadores
y busca y halla en el evangelio la Verdad que salva.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
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