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Con
los pies fuera del tiesto
"No os
conforméis a este siglo, sino transformaos por medio
de la renovación de vuestro entendimiento, para
que comprobéis cuál sea la buena voluntad
de Dios, agradable y perfecta"
Romanos 12:2
En muchas academias de arte y creación
literaria no admiten alumnos a partir de los veintitantos
años. La razón no es otra que esa experiencia
humana que nos dice que las personas somos más difíciles
de modelar a partir de esas edades.
En muchos ámbitos se considera digno de elogio el
no cambiar a peor (no digamos ya el mejorar como individuo).
Como en la canción de Tamara, cuando alguien dice “no
he cambiado, sigo siendo el mismo” hacemos la rápida
asociación de que la persona en cuestión no
ha empeorado. Detrás de esta relación existe
una triste resignación. Pensamos que si alguien cambia
es que probablemente lo ha hecho a peor. La experiencia de
la vida y el mundo nos insinúan esta falta de fe en
seres humanos creciendo en bondad, comprensión, empatía,
sacrificio... en amor.
Como en otras cuestiones del evangelio, la revolución
también se impone en este área. Como influencia
del mundo que nos rodea muchos creyentes nos hemos conformado
a este siglo. Como cristianos nos puede asustar más
un cigarro ocasional en la boca de un hermano (por ejemplo)
que una vida sin crecimiento. Sin aprobar lo primero, me
apresuro a focalizar el escándalo en la segunda situación.
Perfeccionaos, (Lc. 6, 40) nos dice Jesús. Pero sin
embargo toleramos con facilidad que pasen días y semanas
sin que ningún cambio positivo se haya producido en
nosotros. Nuestra decisión, nuestra actitud activa
al respecto abrirá la ayuda sobrenatural de Dios para
seguir el camino trazado. Pero si no reaccionamos, la mediocridad
seguirá siendo nuestro aire. Aceptable para el mundo
pero intolerable para el Dios del amor, la ilusión,
la fe, el perdón, la gracia, la aventura, la pasión
y en definitiva el Dios de la transformación. “Barro
somos en sus manos” Jer. 18, 6. Bien, pero no creo
que se refiera al barro seco que se desmenuza cuando la mano
del creador lo toca. Más bien se refiere al barro
fresco y moldeable que va tomando formas artísticas
a medida que el alfarero lo va tocando. Y que yo sepa, la
doctrina cristiana enseña que esto acontece durante
toda la vida. Por parte de Dios, el proceso es igual de intenso
se tengan dos semanas de creyente que ochenta años
en la fe. Errores siempre habrá, pero también
habrá perdón.
Nuestro reto va más allá de la mera conservación
de nuestras actitudes aceptables de siempre. Eso es sólo
una parte, pero la nueva vida conlleva otras pautas a las
aceptadas en la calle. Cuando hablamos de esa vida en Cristo
no lo estamos reduciendo a una mera oración y a una
posterior vida religiosa. Hablamos de una aventura, de un
proceso, de una lucha, de un tránsito en el que nos
tomamos de la mano de Dios. Un camino de sonrisas y lágrimas,
pero un camino que recorrer a fin de cuentas.
Examínate y repara en aquellos cambios positivos que
se han producido en tu vida en los últimos dos meses.
Mira si tras la aplicación del mensaje de un sermón
desafiante (por ejemplo) la semana siguiente ha sido igual
que la anterior. El crecimiento es Libertad y Paz. No son
sólo conceptos ideológicos que aparecen en la
prensa o que se comentan en la Biblia para pasar el domingo.
El cambio es la vida. Y si no hay vida, sólo queda
el escándalo en el peor de los sentidos. Mirémonos
y evaluémonos en profundidad. Que el tiesto deba cambiarse
con frecuencia es señal de que fluye el Espíritu.
Luis Marián trabaja en Madrid
como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org
un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
los no creyentes.
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