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Blanco,
negro…
y la sinfonía de grises que hay
en medio
¿O blanco o negro.
Sólo caben estas dos etiquetas. O te alinean
con el Protestantismo histórico en el entorno
del Consejo Mundial Iglesias o te identifican con los
movimientos desvinculados de la Reforma en la órbita
de la Alianza Evangélica. No hay término
medio: o liberal o conservador. O “mundanal” o “fundamentalista”.
El caso es que no quede nadie por encasillar.
El
otro día –y de ahí surgió la
idea de escribir este artículo–, un dirigente
protestante que presume de “neutral” va
y me dice:
–Manuel, tú, un hombre que siempre has
estado con el Consejo Mundial de Iglesias, ahora vas
y te nos pasas con ACPress a la Alianza Evangélica…
Poco antes, otra persona que desconocía mis artículos
en ALC Noticias me manifestó su total desacuerdo
con esa plataforma internacional de la “confusión
ecuménica”.
Ay, Señor. ¿Cómo se posible que
se nos esté colando tanto radicalismo intolerante
en las iglesias evangélicas? La carta de grises
comprende dieciocho valores intermedios entre el blanco
y el negro. Gloria a Dios, que nos dio capacidad de razonar
y apreciar sutilezas. Así, podemos identificar
el blanco y negro no como la “ausencia de color”,
sino justo lo contrario: la suma de todos los colores
del espectro, en una maravillosa sinfonía cromática
escalonada de valores de gris.
En España, mis columnas
de opinión aparecen
en un sitio patrocinado por la Alianza Evangélica,
www.protestantedigital.com. En América, www.alcnoticias.org
es una institución patrocinada por organizaciones
vinculadas al consejo Mundial de Iglesias. Perfecto.
En ambas revistas digitales soy
tan sólo un colaborador
libre. Quiero decir, en honor a la verdad, que tanto
en uno como en otro medio electrónico escribo
sin ningún tipo de consignas, cortapisas, “recomendaciones” ni
filtro previo. Pedro Tarquis en Madrid y Fernando Oshige
en Lima confían en mí y punto. Les estoy
muy agradecido a ambos.
Además de armarnos de paciencia
con ellos, hay que ayudar a quienes se apresuran a encasillar
a todo
prójimo viviente. Para ello, propongo desde
aquí formalmente
la creación, con carácter urgente, de
la asociación intercontinental que cada vez
se echa más en falta: “Evangélicos
por la Tolerancia”.
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