| Llévese
2 y pague 3
Creo que a sí mismo se engaña
quien diga que descubrir las verdades de la vida es una tarea
sencilla. Todos partimos de innumerables prejuicios que estamos
obligados a combatir. El que éstos sean muchos o muchísimos
dependerá en gran medida de la educación recibida,
el país del que procedemos, los libros leídos,
la composición genética, los amigos de la infancia
y adolescencia, el ambiente familiar, los profesores, la clase
social, el momento histórico vivido, la capacidad
intelectual...
Todo esto
y más nos sitúa a cada uno en diferentes
lugares dentro de la carrera de la vida.
En la era
que nos ha tocado vivir los beneficios económicos
son los únicos exponentes que permiten sobrevivir
a las empresas y por ende a nosotros mismos. Que las cifras
cantan es ya una frase hecha, pues las entidades comerciales
aumentan la ganancia y el prestigio en la medida en que el
número de sus clientes sea mayor. Los clubes, fundaciones,
iglesias, o asociaciones de cualquier índole pueden
aumentar su presupuesto dependiendo del crecimiento de
sus afiliados.
Qué decir de la tiranía de las audiencias
televisivas. Una reportera del corazón confesaba lo
burdo y patético que le parecía el mundo rosa,
pero al mismo tiempo afirmaba que ahí era donde había
trabajo y que debía fingir y transmitir trascendencia
donde sólo había patetismo. Y es que donde
se aglutinan los clientes ahí hay tomate, lechuga
y hasta cordero asado.
Por desgracia, la iglesia tampoco queda
exenta de esta situación.
Y aquí también se oye hablar de cifras como
si estás fuesen el indicador de la vida en abundancia. “¡Fíjate
en la iglesia de Fulano!, ¡Que bendición de
Dios!, ¡Cómo han crecido!, ¡Aleluya!”.
Ya puestos en esta dinámica habría que decir
que existen países donde el movimiento religioso más
numeroso dice creer en Jesucristo y la Biblia pero al mismo
tiempo enseña que todos somos dioses y que debemos
obedecer las extrañas visiones de un señor
estadounidense para ser salvos. En otros países la
religión que más crece deja morir a sus miembros
antes de permitirles recibir una sencilla transfusión
de sangre. Estos mismos religiosos (también creen
firmemente en Jesús y las Escrituras) afirman que
todas las iglesias excepto su organización con sede
en Nueva York configuran la gran prostituta borracha del
Apocalipsis. Y por no hablar de numerosas naciones donde
el “Top 1” de religión en multiplicación
mezcla la magia con la Biblia con tanta sutilidad que pierden
totalmente el discernimiento entre los límites de
una cosa y otra. Y estos últimos están por
todas partes.
Ante estos hechos, ¿por qué
tomamos como referentes las iglesias más numerosas
en lugar de las más cercanas a Jesús? Es interesante
observar como esta moderna obsesión por la cantidad
no tiene reflejo en el Jesús de los evangelios. Es
más, el propio Maestro apeló con dureza a aquellos
que iban tras Él buscando el milagrito de turno para
satisfacer el morbo o el ego. La invitación para que
éstos se marchasen quedó firmemente registrada.
Y es que el Ungido de Dios se interesó en sobremanera
para que sus seguidores no vivieran una vida mediocre. La
manipulación emocional y la falta de rigor bíblico
pueden ofrecer favorables resultados cuantitativos, pero el
Reino de Dios no se cimienta en los parámetros del
marketing moderno. Como en otras cosas, las buenas noticias
del cielo poseen la extraña manía de ir contra
los vientos viciados de su tiempo. El evangelio presenta un
Mesías que ofrece una vida demasiado preciosa y costosa
para Dios como para rebajarla a los púlpito de todo
a cien. El 2x1 es una trampa que sepulta el avivamiento...
el de verdad de la buena.
Luis Marián trabaja en Madrid
como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org
un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
los no creyentes.
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