| Morfina: ¿droga
o medicina? Ni lo uno ni lo otro. Usada por un
médico y correctamente sigue siendo muy útil
en determinadas enfermedades (cáncer, infarto de corazón,
insuficiencia cardiaca, cólicos de riñón…);
pero en manos de quienes no conocen los límites de su
uso correcto se convierte en una esclavitud que destruye.
Es el mejor ejemplo de muchos aspectos de la vida que no
son negativos en sí mismos, pero tampoco inocuos.
Un ejemplo es el dinero. No es malo, tampoco bueno, sólo
necesario en su justa medida. Pero para quienes lo convierten
en un dios acaba destruyendo sus vidas y todos los aspectos:
relaciones personales, sociales, políticos. Un cristiano
no debe predicar, buscar o temer la riqueza o la pobreza,
pero sí defender la justicia social y hacer “resistencia
activa” al fenómeno de globalización
que transforma la sociedad entera en un mercado. Curiosamente, quienes tienen valores trascendentes tienden
a mejorar su situación económica. No (al menos
en su mayoría) por querer enriquecerse, sino porque
no obsesionarse con el dinero no está reñido
con hábitos de trabajo, ahorro y responsabilidad en
el gasto (entre las que se incluyen el apoyo a los necesitados
y al autosostenimiento de la iglesia o parroquia). Otra de las peores drogas es el poder mal utilizado, especialmente
cuando se mezcla con la religión. Ahí surgen
los peores totalitarismos. Esto es lo que han echado en cara
a Bush y a la Fundación Graham un grupo de creyentes
ecuatorianos, ustedes juzgarán si con razón
o sin ella; aunque desde luego razones no les faltan a los
hermanos ecuatorianos. Sin embargo, en nuestro tiempo, y en especial en la sociedad
española, el gran riesgo actual es la evasión.
Un bien cuando se usa en momentos concretos, pero una droga
dura cuando lleva a eludir el compromiso, el esfuerzo, la
responsabilidad, el asumir el riesgo de tomar decisiones
y posicionarse ante lo que nos rodea. Trabajo para tener
dinero y poder gastarlo en un fin de semana intenso que me
lleva a otra semana igual. A mi alrededor, unos pocos deciden
por mí, dicen los evasores profesionales. El fin de
semana puede ser una experiencia religiosa o una jornada
de sexo, pastillas y tecno. Mucho cuidado, cristianos, religiosos, agnósticos
y ateos. La drogaevasión no sólo entra por
la pantalla de la televisión. Es una corriente que
nos quiere empujar desde el momento mismo en que abrimos
los ojos. Disfrutemos de ella sólo durante el tiempo
en que sea necesaria, o nos arrastrará sin rumbo a
través de la iglesia, de la familia, de la sociedad
y de la vida. ¿Dinero, poder, evasión? La vida de Jesús
nos muestra un rechazo total, no a su existencia, sino a
colocar cualquiera de estos valores por encima de sus ideales
y de su relación con Dios. No dejes que otros decidan
por ti.
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