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La
Leyenda negra española (I)
España tiene “mala
fama” desde los últimos quinientos años.
Al principio por su política impe-rialista y universal,
después por su eterna decadencia que desembocó en
una guerra fraticida y una larga dictadura aislacionista.
Al final el ramplón eslogan del ministro de turismo
de los 60 “España es diferente” era falso,
nuestro país fue un estado fanfarrón, una verdadera
ave de rapiña ¿Hay otra manera de construir
un imperio?
A esta “mala fama” contribuyeron
los testimonios sesgados y partiditas de muchos personajes
históricos.
Los intentos de difamación de Guillermo de Orange
o Antonio Pérez, este último secretario personal
de Felipe II, están claramente dirigidos a desprestigiar
la monarquía y al propio monarca, de hecho la mayor
parte de sus críticas van dirigidas al propio rey
y no a la nación. La “mala fama nacional” la
adquirimos, por qué los imperios suelen estar rodeados
de enemigos, y España, o mejor dicho, los reinos hispanos,
constituyeron un hercúleo imperio durante más
de tres siglos. Los desmanes de los tercios españoles
en los Países Bajos, Alemania o Francia, ahondaron
más en la Leyenda Negra que la propaganda protestante
antiespañola.
La Casa Tudor, creadores de la Leyenda
Negra, además
de estar unidos familiarmente con la Casa de Austria, incluso
en la primera etapa del reinado de Isabel de Inglaterra mantuvieron
buenas relaciones diplomáticas, pero los manejos de
los embajadores españoles, el intento fallido de matrimonio
entre Felipe II e Isabel, llevaron al traste una buena relación
internacional. Recordemos que fue Felipe II y no Isabel quien
intentó agredir primero, aunque de parte de Inglaterra
hubiera provocación y ataques piratas.
Si en Inglaterra
surgió el antiespañolismo,
nosotros, los españoles, debemos reconocer que un
sentimiento antiprotestante ha presidido el ambiente académico
y político durante todos estos siglos. La diferencia
entre los historiadores ingleses y españoles, es que
los primeros se han esforzado por terminar con viejas leyendas
negras, formando algunos de los hispanistas mejores del mundo
como Ellio. Parkert, Bakewell o Lovvett, mientras que los
segundos siguen a la defensiva con respecto al protestantismo.
Es verdad que en los países anglosajones
la leyenda negra persistió en la cultura popular y
puede verse todavía en las películas y folletines
norteamericanos, pero no es menos cierto, que si hubiera tenido
España esos mismos medios de expresión, habría
caído en los años 40 a 70 en los mismos errores.
Tan sólo tenemos que abrir cualquier periódico
español para descubrir la crítica vertida sobre
los Estados Unidos, mucha de ella justificada, pero en todo
caso excesiva, por no hablar del profundo desconocimiento
y descalificación tenaz de todo lo protestante.
Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia
para el debate” y “Kerigma”
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