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Número 06 - 10 de octubre, 2003
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JUAN ANTONIO MONROY

Motivos tras la guerra de Irak

Esta revista ha publicado varios y buenos artículos sobre la guerra en Irak. En notas editoriales y en trabajos de opinión se ha tratado el tema con regularidad. El lector me va a permitir que yo insista con dos artículos más, esta semana y la próxima. Después, prometo no ocuparme más de Irak, a menos que surja algo totalmente fuera de lo normal.

Hasta donde yo sé, el último libro que se ha publicado en España sobre la guerra en Irak es el escrito por la profesora Gema Martín Muñoz, titulado “Irak. Un fracaso de Occidente”. Lo ha lanzado Tusquets Editores en Barcelona.

El libro de Gema M. Muñoz, doctora en Estudios Árabes e Islámicos, insiste en lo que ya se ha dicho por otros cauces. Que Irak no tenía armas de destrucción masiva. Que Estados Unidos y la Gran Bretaña lo sabían. Que los motivos de la guerra han sido otros. Nada nuevo. Leamos:

  • David Krieger, presidente de Nuclear Age Peace Foundation en Estados Unidos, en El País (13-7-2003): "Tras otra brutal guerra en la que murieron miles de civiles inocentes, el Gobierno de Bush no puede presentar pruebas de que Sadam Husein poseyera armas de destrucción masiva".
  • Inocencio Arias, Embajador de España ante las Naciones Unidas, en El Mundo (8-8-2003): "Si finalmente las armas no aparecieran, todo se pondría en tela de juicio".
  • Faiz Al Bercadar, exdirector científico de la comisión Iraquí de Energía Atómica, en El País (18-9-2003): "Ni han encontrado armas de destrucción masiva ni las van a encontrar".
  • Grupo de Investigación de Irak, formado por más de 1.400 personas repartidas entre científicos, militares y expertos en espionajes de Estados Unidos y Gran Bretaña, en El País (25-9-2003): "No existen armas de destrucción masiva en Irak, ni indicios de que hayan sido escondidas o destruidas". Definitivo.

¡Imposible creer que Bush y Blair desconocieran todo esto! ¡Cuentan con los mejores servicios de espionaje del mundo!

  • Sigo: Editorial de El País (8-6-2003): "Se libraba por otros motivos- la guerra -, tal como ahora reconocen de forma indecente responsables de la Administración de Bush, desde Rumsfeld hasta Wolfowitz, que tilda las armas de destrucción masiva de mera excusa "burocrática".

¿Qué motivos? ¿Controlar el petróleo?

Luis María Ansón, académico, inteligente, informado, presidente del diario La Razón, señalaba una pista el 9 de mayo de este año: Decía: "La guerra de Iraq se ha hecho contra el terrorismo y por el orgullo herido de Estados Unidos tras el 11-S. Se ha hecho por el control de una zona petrolífera clave. Pero se ha hecho, sobre todo, por exigencia de Sharon y el lobby judío norteamericano. Jerusalén no está dispuesto a que en su entorno exista un país árabe con mayor potencia militar que Israel. Un Sadam Husein rearmado y mesiánico hubiera jugado la carta de salvador de Palestina para convertirse en el rais indiscutido del mundo árabe. Por eso, el verano pasado Sharon le dijo a Bush: "O atacas tú o ataco yo". Si hubieran atacado los israelíes se habría encendido el mundo árabe con grave riesgo internacional. Lo prudente es lo que se ha hecho".

A la opinión de Luis María Ansón añado la del prestigioso periodista José Vidal Beneyto. En un artículo de El País (10-5-2003), escribía: "Detrás de los nombres de Dick Cheney y de Donald Rumsfeld están Richard Perle y Paul Wolfowitz, los dos pivotes esenciales de la operación que tienen en común su incondicionalidad con Israel y su amistad personal con Ariel Sharon que les influyó decisivamente. El primero es al mismo tiempo un profesional de la industria armamentista y del establishment político de Washington. Fue nombrado por Ronald Reagan adjunto al secretario de Defensa y eligió como su más inmediato colaborador a Steven Bryen, que había sido procesado por facilitar a Israel información reservada. Conocido como El Príncipe de las Tinieblas por su eficacia en el montaje de operaciones secretas y peligrosas, ha sido un empleado de la sociedad israelí Soltam, especializada en la fabricación de armamento de alta tecnología".

Sin comentarios. Sólo destacar que en Estados Unidos viven cinco millones de judíos poderosos en las finanzas y en la política, decisivos a la hora de elegir a un presidente de Estados Unidos.

Juan Antonio Monroy

MÁS EN INTERNET:
Reseña y fragmento del libro en www.politicasnet.org
Editorial Tusquets: www.tusquets-editores.es
 
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