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Dios
y Casona en 3 actos Alejandro Casona no es muy conocido,
pese a ser un dramaturgo universal, un escritor pedagogo y
un poeta exquisito. Pero Casona para los evangélicos
asturianos es otro familiar de los “Rodríguez
de Besullo”. Los Rodríguez y los Castellano de
Besullo (Asturias) han sido siempre un luminoso faro sobre
las escarpadas montañas de Asturias. No ha habido en
el mundo, quizás, ningún pueblo de sesenta habitantes
que haya dado más pastores y obreros para la extensión
del Evangelio. Pero también Besullo es cuna de, entre
otros, Lorenzo Rodríguez Castellano, que ostenta la
medalla de Alfonso X el Sabio y detrás de él
una larga lista de maestros, médicos, abogados, farmacéuticos,
etc. Casona recuerda a Besullo como “la
aldea de labradores, pastores y herreros” que en tiempos
de intolerancia religiosa se había hecho célebre
por coexistir en armonía social una comunidad mitad
católica y mitad protestante. En realidad mas que paz
social y religiosa, siempre existió intolerancia religiosa
de manera pertinaz y a muerte. Algunas familias evangélicas
fueron implicadas en juicios de faltas interminables e intencionadamente
mantenidos durante años, que les costó toda su
fortuna. El milagro sin embargo se produciría cuando
Federico Fliedner, enterado de la subasta de aquellos bienes,
llegó a tiempo de adquirirlos para que siguieran viviendo
los hermanos en su casa y devolverles la propiedad a los cincuenta
años a los dueños, como ejemplo del jubileo bíblico. La primera biografía de Casona se publicó en
1965 de la mano de Juan José Plans. En ella aparecen
los evangélicos de Besullo como una de las motivaciones
de la espiritualidad de Casona, del conocimiento bíblico
y de las inquietudes motivadoras de su teatro. En los veranos
Casona visitaba a sus parientes “los Rodríguez” “ferreros” de
carros, muy necesarios para la industrialización asturiana
en plena efervescencia. Al fulgor de la fragua contemplaba
la conducta de sus parientes y les leía y comentaba
retazos de la última obra teatral. En aquel rincón
paradisíaco, sobre la cima de la escarpada montaña
y a la falda de un viejo monasterio, supo incrustar personajes
como pastores protestantes, buenos y malos (como los hubo
en Besullo), gente que admiraba lo que decía el pastor
en el culto o discusiones sobre el Viejo y Nuevo Testamento. Como muy bien dice Juan Antonio Monroy en su libro “El
sueño de la razón”(Clie 1995) más
que las citas, el mérito de la literatura de Casona
está en que el alma y la mente del autor están
impregnados de la Biblia y del ejemplo de sus parientes los
evangélicos, verdaderos héroes en medio de
aquella sociedad clericalizada y oprimida. Evaristo Arce en 1983 publicó “Alejandro Casona.
Escritor de periódicos” y en estos artículos
es donde aparecen los datos mas contingentes y circunstanciales,
pero en Casona siempre hay espiritualidad. Por eso dice Casona, “se
me puede acusar, con razón, de estar desligado del
dato contingente, pero no del hombre”. La modernidad,
con esa envoltura de secularismo, ha dejado de lado al teatro
de Casona, sin embargo como le decía Antonio Gala: “Has
tenido el atrevimiento inaudito de llegar a la escena española,
en un momento en que la poesía, la fantasía
y la sonrisa empiezan a estar muy mal vistas en los que dictan
las modas de nuestro teatro. Tan mal vistas, que de seguir
a si las cosas, pronto estarán condenados a destierro,
en nombre de un mal llamado realismo, mucho mas falso en
su imitación de la realidad vital, que aquella “mentira
desnuda” en que el teatro tuvo su nacimiento y sus
siglos de oro” Los ejes fundamentales del teatro de Casona son como tres
actos en los que urdió su vida y la dejó expuesta
en la tramoya existencial. Son: el amor, Dios y la muerte.
Como expresa magistralmente Juan A. Monroy en el corto análisis
a la obra de Casona que mencionamos, Dios no es en él
un recurso teatral como en otros autores; es una realidad
viviente. La muerte, como una de las cosas que hace temblar
al hombre con un espantoso miedo humano, está apostada
ofreciendo el suicidio, el parricidio, el asesinato, o una
muerte anunciada... desde un marco idílico porque
para Casona ésta no era el fin del individuo. El amor
sería una fuerza tal que hace a los protagonistas
llegar hasta la muerte. Para Casona Dios dispone, el amor
mata y la muerte libera.
Manuel de León es pastor, Presidente
del Consejo Evangélico de Asturias, ha dirigido la Revista
"Asturias Evangélica" y ha publicado “ORBAYU"
una revista de investigación histórica, cultural
y sociológica del protestantismo en Asturias
© M. de León, 2003, Asturias, España. |
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