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Número 06 - 7 de octubre, 2003
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MANUEL DE LEÓN

Dios y Casona en 3 actos

Alejandro Casona no es muy conocido, pese a ser un dramaturgo universal, un escritor pedagogo y un poeta exquisito. Pero Casona para los evangélicos asturianos es otro familiar de los “Rodríguez de Besullo”. Los Rodríguez y los Castellano de Besullo (Asturias) han sido siempre un luminoso faro sobre las escarpadas montañas de Asturias. No ha habido en el mundo, quizás, ningún pueblo de sesenta habitantes que haya dado más pastores y obreros para la extensión del Evangelio. Pero también Besullo es cuna de, entre otros, Lorenzo Rodríguez Castellano, que ostenta la medalla de Alfonso X el Sabio y detrás de él una larga lista de maestros, médicos, abogados, farmacéuticos, etc.

Casona recuerda a Besullo como “la aldea de labradores, pastores y herreros” que en tiempos de intolerancia religiosa se había hecho célebre por coexistir en armonía social una comunidad mitad católica y mitad protestante. En realidad mas que paz social y religiosa, siempre existió intolerancia religiosa de manera pertinaz y a muerte. Algunas familias evangélicas fueron implicadas en juicios de faltas interminables e intencionadamente mantenidos durante años, que les costó toda su fortuna. El milagro sin embargo se produciría cuando Federico Fliedner, enterado de la subasta de aquellos bienes, llegó a tiempo de adquirirlos para que siguieran viviendo los hermanos en su casa y devolverles la propiedad a los cincuenta años a los dueños, como ejemplo del jubileo bíblico.

La primera biografía de Casona se publicó en 1965 de la mano de Juan José Plans. En ella aparecen los evangélicos de Besullo como una de las motivaciones de la espiritualidad de Casona, del conocimiento bíblico y de las inquietudes motivadoras de su teatro. En los veranos Casona visitaba a sus parientes “los Rodríguez” “ferreros” de carros, muy necesarios para la industrialización asturiana en plena efervescencia. Al fulgor de la fragua contemplaba la conducta de sus parientes y les leía y comentaba retazos de la última obra teatral. En aquel rincón paradisíaco, sobre la cima de la escarpada montaña y a la falda de un viejo monasterio, supo incrustar personajes como pastores protestantes, buenos y malos (como los hubo en Besullo), gente que admiraba lo que decía el pastor en el culto o discusiones sobre el Viejo y Nuevo Testamento.

Como muy bien dice Juan Antonio Monroy en su libro “El sueño de la razón”(Clie 1995) más que las citas, el mérito de la literatura de Casona está en que el alma y la mente del autor están impregnados de la Biblia y del ejemplo de sus parientes los evangélicos, verdaderos héroes en medio de aquella sociedad clericalizada y oprimida.

Evaristo Arce en 1983 publicó “Alejandro Casona. Escritor de periódicos” y en estos artículos es donde aparecen los datos mas contingentes y circunstanciales, pero en Casona siempre hay espiritualidad. Por eso dice Casona, “se me puede acusar, con razón, de estar desligado del dato contingente, pero no del hombre”. La modernidad, con esa envoltura de secularismo, ha dejado de lado al teatro de Casona, sin embargo como le decía Antonio Gala: “Has tenido el atrevimiento inaudito de llegar a la escena española, en un momento en que la poesía, la fantasía y la sonrisa empiezan a estar muy mal vistas en los que dictan las modas de nuestro teatro. Tan mal vistas, que de seguir a si las cosas, pronto estarán condenados a destierro, en nombre de un mal llamado realismo, mucho mas falso en su imitación de la realidad vital, que aquella “mentira desnuda” en que el teatro tuvo su nacimiento y sus siglos de oro”

Los ejes fundamentales del teatro de Casona son como tres actos en los que urdió su vida y la dejó expuesta en la tramoya existencial. Son: el amor, Dios y la muerte. Como expresa magistralmente Juan A. Monroy en el corto análisis a la obra de Casona que mencionamos, Dios no es en él un recurso teatral como en otros autores; es una realidad viviente. La muerte, como una de las cosas que hace temblar al hombre con un espantoso miedo humano, está apostada ofreciendo el suicidio, el parricidio, el asesinato, o una muerte anunciada... desde un marco idílico porque para Casona ésta no era el fin del individuo. El amor sería una fuerza tal que hace a los protagonistas llegar hasta la muerte. Para Casona Dios dispone, el amor mata y la muerte libera.

Manuel de León es pastor, Presidente del Consejo Evangélico de Asturias, ha dirigido la Revista "Asturias Evangélica" y ha publicado “ORBAYU" una revista de investigación histórica, cultural y sociológica del protestantismo en Asturias

© M. de León, 2003, Asturias, España.

 
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