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Oremos
por España y el País Vasco ‘Exhorto ante todo,
a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones
de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por
todos los que están en eminencia, para que vivamos
quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque
esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan
al conocimiento de la verdad.’ (1 Tim. 2:1-4) En este año de 2003 se cumplen
veinticinco de la entrada en vigor de la Constitución
española. Los ponentes de la misma, ya con mucho menos
pelo y el que tienen canoso, han vuelto a reunirse para rememorar
el alumbramiento de aquella criatura que nacía en medio
de un futuro incierto. En aquel entonces nadie se atrevía
a predecir lo que pudiera ocurrir a corto o medio plazo pues
podía acontecer cualquier cosa, desde la muerte súbita
de la recién nacida hasta lograr, con el tiempo, su
puesta de largo. Alrededor de la cuna, además de sus
progenitores, se agrupaban mortales enemigos buscando su vida:
Eran los extremistas de cualquier signo, ya fueran los terroristas
del GRAPO o ETA o los nostálgicos de la ultraderecha.
Lo cierto es que, a pesar de la losa aplastante del pasado
y de los malos presagios del presente, la criatura, no sin
sobresaltos ni traumas, salió adelante, habiendo hoy,
felizmente, una generación de ciudadanos que no ha conocido
otra cosa que la democracia. Y así, y por primera vez
en su tortuosa Historia, España tenía hijos adultos
que habían nacido al amparo de una Constitución
democrática. ¡Un sueño que nuestros antepasados,
a pesar de algunos intentos, nunca vieron realizado! De manera
que podemos decir que la Constitución de 1978 es de
lo mejorcito que nunca nos haya pasado. Pero una cuestión que se ha quedado encasquillada
y que recapitula en el día de hoy los atávicos
enfrentamientos políticos españoles de siempre
es la situación en el País Vasco. Allí,
y para que las generaciones actuales lo tengan presente,
está resumida la esencia de lo que fue y de lo que
puede volver a ser España: Una colisión de
ideas que va más allá del mero marco de los
pensamientos, para desembocar en toda una conflagración
social de consecuencias impredecibles. El cuadro de Goya,
Duelo a garrotazos, en el que dos hombres se baten a estacazo
limpio en un campo de trigo, es la mejor ilustración
de cómo hemos solucionado tradicionalmente los españoles
nuestras discrepancias. Por eso la Constitución de
1978 ha marcado una diferencia al respecto, significando
la magnífica excepción al cuadro del genial
pintor aragonés. En este estado de cosas, el lehendakari Juan José Ibarretxe
ha puesto sobre la mesa la cuestión de la soberanía
del País Vasco, proponiendo que Euskadi sea un Estado
libre asociado con el Estado español. Es decir, que
el País Vasco decida por sí mismo si desea
continuar como hasta ahora, siendo parte integrante de España,
u opta por la independencia, aunque con vínculos particulares
con España. Se trata de una versión rebajada
de los fines de ETA aunque por supuesto no con los medios
de ETA. Es una propuesta que por su propia naturaleza sobrepasa
claramente los límites de la Constitución.
Este es el órdago que va a determinar buena parte
del curso de los acontecimientos a corto y medio plazo en
España y ante el cual no podemos esconder la cabeza
debajo del ala. Hay algunos pensamientos que todo esto me
sugiere y que expongo a continuación:
- La Constitución, como ella misma proclama, no
es algo inmutable sino que puede estar sujeta a cambios.
- Pero tales cambios han de estar presididos por la madurez
y la prudencia pues de lo contrario es posible que volvamos
a la escena de Duelo a garrotazos.
- La actual debilidad
de ETA sólo puede ser motivo
de alegría, pues como dice la Biblia: “En
el bien de los justos la ciudad se alegra, mas cuando los
impíos
perecen hay fiesta.” (Proverbios 11:10).
- La propuesta
del lehendakari, el derecho de autodeterminación
del pueblo vasco, no es una idea maldita y su método
para conseguirlo, un referéndum, tampoco lo es.
Después
de todo, lo que está en juego en la misma es la
idea de España, que hasta 1978 era monolítica,
desde entonces es autonómica y que algunos han entendido
y entienden que debería ser federal o confederal.
- Pero la hipotética puesta en marcha de tal plan
en el País Vasco repercutiría no sólo
en otras comunidades históricas de España
que aspiran a lo mismo, sino también en determinados
países
de la Unión Europea (Francia, Bélgica o Italia
por citar algunos) que albergan en su seno nacionalismos
notorios, lo cual hace difícilmente viable el proyecto.
- El caso de Canadá, donde se sometió a referéndum
la independencia de Québec, es todo un ejemplo de
civilizado tratamiento de un asunto delicado sin que sea
necesario recurrir a los garrotes para dirimirlo; pero
claro, hay que tener en cuenta que los canadienses tienen
una larga
historia democrática, que es precisamente nuestra
asignatura pendiente.
No es, pues, nada sencilla la solución al planteamiento
que se nos pone por delante, pero creo que hay una cosa que
los cristianos, y sólo los cristianos, podemos hacer
y es la que nos manda el pasaje bíblico arriba citado:
Orar por las autoridades y gobernantes para vivir en un estado
de quietud y tranquilidad. Es evidente que no es lo mismo
vivir en un país donde hay paz social que vivir en
un Irak, por ejemplo. El 23 de febrero de 1981, como cada último lunes
de mes, un grupo de pastores y líderes evangélicos
de Madrid nos reunimos para orar por nuestras congregaciones
y por nuestro país. Cuando estábamos en plena
oración alguien llamó a la puerta de la capilla:
Era mi esposa para decirnos que había oído
por la radio que un grupo de personas habían asaltado
con armas el Congreso de los Diputados; sin saber exactamente
lo que pasaba, instintivamente supimos que se trataba de
algo muy grave, por lo cual clamamos a Dios para que tuviera
misericordia y dirigiera los acontecimientos. El golpe de
Estado involucioncita fracasó esa misma noche y los
allí reunidos pudimos dar gracias a Dios por su respuesta
a las oraciones de sus hijos. Hoy España y el País Vasco necesitan nuestras
oraciones en esta encrucijada. Nuestros gobernantes las necesitan
y nuestro pueblo también. ¡Oremos!.
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
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