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Número 07 - 17 de octubre, 2003
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wenceslao calvo

Oremos por España y el País Vasco

‘Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.’ (1 Tim. 2:1-4)

En este año de 2003 se cumplen veinticinco de la entrada en vigor de la Constitución española. Los ponentes de la misma, ya con mucho menos pelo y el que tienen canoso, han vuelto a reunirse para rememorar el alumbramiento de aquella criatura que nacía en medio de un futuro incierto. En aquel entonces nadie se atrevía a predecir lo que pudiera ocurrir a corto o medio plazo pues podía acontecer cualquier cosa, desde la muerte súbita de la recién nacida hasta lograr, con el tiempo, su puesta de largo. Alrededor de la cuna, además de sus progenitores, se agrupaban mortales enemigos buscando su vida: Eran los extremistas de cualquier signo, ya fueran los terroristas del GRAPO o ETA o los nostálgicos de la ultraderecha. Lo cierto es que, a pesar de la losa aplastante del pasado y de los malos presagios del presente, la criatura, no sin sobresaltos ni traumas, salió adelante, habiendo hoy, felizmente, una generación de ciudadanos que no ha conocido otra cosa que la democracia.

Y así, y por primera vez en su tortuosa Historia, España tenía hijos adultos que habían nacido al amparo de una Constitución democrática. ¡Un sueño que nuestros antepasados, a pesar de algunos intentos, nunca vieron realizado! De manera que podemos decir que la Constitución de 1978 es de lo mejorcito que nunca nos haya pasado.

Pero una cuestión que se ha quedado encasquillada y que recapitula en el día de hoy los atávicos enfrentamientos políticos españoles de siempre es la situación en el País Vasco. Allí, y para que las generaciones actuales lo tengan presente, está resumida la esencia de lo que fue y de lo que puede volver a ser España: Una colisión de ideas que va más allá del mero marco de los pensamientos, para desembocar en toda una conflagración social de consecuencias impredecibles. El cuadro de Goya, Duelo a garrotazos, en el que dos hombres se baten a estacazo limpio en un campo de trigo, es la mejor ilustración de cómo hemos solucionado tradicionalmente los españoles nuestras discrepancias. Por eso la Constitución de 1978 ha marcado una diferencia al respecto, significando la magnífica excepción al cuadro del genial pintor aragonés.

En este estado de cosas, el lehendakari Juan José Ibarretxe ha puesto sobre la mesa la cuestión de la soberanía del País Vasco, proponiendo que Euskadi sea un Estado libre asociado con el Estado español. Es decir, que el País Vasco decida por sí mismo si desea continuar como hasta ahora, siendo parte integrante de España, u opta por la independencia, aunque con vínculos particulares con España. Se trata de una versión rebajada de los fines de ETA aunque por supuesto no con los medios de ETA. Es una propuesta que por su propia naturaleza sobrepasa claramente los límites de la Constitución. Este es el órdago que va a determinar buena parte del curso de los acontecimientos a corto y medio plazo en España y ante el cual no podemos esconder la cabeza debajo del ala. Hay algunos pensamientos que todo esto me sugiere y que expongo a continuación:

  • La Constitución, como ella misma proclama, no es algo inmutable sino que puede estar sujeta a cambios.
  • Pero tales cambios han de estar presididos por la madurez y la prudencia pues de lo contrario es posible que volvamos a la escena de Duelo a garrotazos.
  • La actual debilidad de ETA sólo puede ser motivo de alegría, pues como dice la Biblia: “En el bien de los justos la ciudad se alegra, mas cuando los impíos perecen hay fiesta.” (Proverbios 11:10).
  • La propuesta del lehendakari, el derecho de autodeterminación del pueblo vasco, no es una idea maldita y su método para conseguirlo, un referéndum, tampoco lo es. Después de todo, lo que está en juego en la misma es la idea de España, que hasta 1978 era monolítica, desde entonces es autonómica y que algunos han entendido y entienden que debería ser federal o confederal.
  • Pero la hipotética puesta en marcha de tal plan en el País Vasco repercutiría no sólo en otras comunidades históricas de España que aspiran a lo mismo, sino también en determinados países de la Unión Europea (Francia, Bélgica o Italia por citar algunos) que albergan en su seno nacionalismos notorios, lo cual hace difícilmente viable el proyecto.
  • El caso de Canadá, donde se sometió a referéndum la independencia de Québec, es todo un ejemplo de civilizado tratamiento de un asunto delicado sin que sea necesario recurrir a los garrotes para dirimirlo; pero claro, hay que tener en cuenta que los canadienses tienen una larga historia democrática, que es precisamente nuestra asignatura pendiente.

No es, pues, nada sencilla la solución al planteamiento que se nos pone por delante, pero creo que hay una cosa que los cristianos, y sólo los cristianos, podemos hacer y es la que nos manda el pasaje bíblico arriba citado: Orar por las autoridades y gobernantes para vivir en un estado de quietud y tranquilidad. Es evidente que no es lo mismo vivir en un país donde hay paz social que vivir en un Irak, por ejemplo.

El 23 de febrero de 1981, como cada último lunes de mes, un grupo de pastores y líderes evangélicos de Madrid nos reunimos para orar por nuestras congregaciones y por nuestro país. Cuando estábamos en plena oración alguien llamó a la puerta de la capilla: Era mi esposa para decirnos que había oído por la radio que un grupo de personas habían asaltado con armas el Congreso de los Diputados; sin saber exactamente lo que pasaba, instintivamente supimos que se trataba de algo muy grave, por lo cual clamamos a Dios para que tuviera misericordia y dirigiera los acontecimientos. El golpe de Estado involucioncita fracasó esa misma noche y los allí reunidos pudimos dar gracias a Dios por su respuesta a las oraciones de sus hijos.

Hoy España y el País Vasco necesitan nuestras oraciones en esta encrucijada. Nuestros gobernantes las necesitan y nuestro pueblo también. ¡Oremos!.

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
  

 
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