| Idólatras
modernos En la Biblia, fundamentalmente en los
profetas, la idolatría es el gran pecado, pero tiene
uno semejante: el oprimir al pobre y el no compartir. Contra
el despojo de los pobres se clama con la misma fuerza que contra
la idolatría. En cierta manera ambos atentan contra la
creación y contra la vida humana. Los opresores machacan
la dignidad de la persona y lo reducen a una especie de muerte
que es el no-ser de la marginación y la opresión.
Pero los idólatras también están en contra
de la vida. Pueden sacrificar hombres y animales en el altar
de sus ídolos. Hoy, los grandes idólatras de nuestros
días, son los que acumulan sin tener en cuenta que su
acumulación está en contra de la vida y la dignidad
de las personas. Están inmolando en el altar del dios
Mamón a más de media humanidad. La moderna idolatría fundamentada
en un neoliberalismo despiadado que aumenta la riqueza de unos
pocos y acrecienta la pobreza de muchos, es una idolatría
despiadada y que mata la dignidad de los hombres. En sus altares
sacrifican los derechos fundamentales de las personas. Juegan
a una religión devoradora de hombres, aunque estén
diciendo aleluyas en lujosos locales que conforman muchas iglesias
inconscientes ante esta idolatría. Por eso Jesús, que en su declaración programática
en el comienzo de su ministerio entronca con los profetas
citando al Profeta Isaías, va a mostrar su ingente
fuerza decantándose en dos líneas que se complementan
y que en el fondo forman la integralidad de su mensaje liberador:
La salvación escatológica para la eternidad
que no se puede desligar de la salvación que Jesús
anuncia para la marginación y el dolor del hombre en
su aquí y su ahora. Es la salvación integral
que vale tanto para el más allá como para liberación
de los hombres de la injusticia y de la opresión. Así,
Jesús se decanta por el hombre sufriente como lugar
teológico, como lugar sagrado por encima de los templos
y de las normativas religiosas. Jesús se preocupa por
la dignidad humana y por la promoción social de las
personas, tanto como por la salvación para la eternidad. Los que oprimen, despojan o marginan, van en contra de esa
dignidad... se sitúan en lucha frente al fuerte de
Israel, frente al poder de Jesús mismo, mutilan sus
enseñanzas y prostituyen su Evangelio. De nada vale
el que se alberguen entre las sacristías o los bancos
de las Iglesias o que reciban la bendición de sus pastores
o de los poderosos de la tierra. Acumular es despojar, es
oprimir. Crear desequilibrios sociales que aumenten las desigualdades
entre los hombres, despojando de su dignidad a los más
débiles, es idolatría, es sacrificar en el altar
del dios Mamón a los más débiles, es
ofrecer víctimas a los ídolos... Idolatría
que las religiones de la tierra no han logrado hacer desaparecer.
Los ateísmos, los secularismos, los ocultismos y otras
desviaciones religiosas que conforman muchas de las nuevas
espiritualidades, no son más peligrosas que la idolatría
que sacrifica en el altar de sus ídolos a tantos coetáneos
suyos. Por eso Jesús combatió contra ellos y
se unió al grito profético. Seguir las líneas de Jesús que se decantan
por la defensa de la dignidad humana, podría ser el
revulsivo que hiciera cambiar las estructuras sociales injustas.
Seguir los ejemplos, los compromisos y los estilos de vida
de Jesús, sería lo único que podría
luchar contra esta eterna idolatría... Siguen adorando
al becerro de oro, símbolo también de la idolatría
del dinero, de los acumuladores. Así, un nuevo orden económico internacional,
pasa por romper ese becerro de oro, por repartir esa riqueza,
por eliminar el hambre del niño que se muere ante la
vista de muchos de sus coetáneos que han trabajado
como el rico necio para ampliar sus graneros y hacerlos mayores:
“Alma mía, come, bebe, regocíjate”,
es la filosofía de estos idólatras. Sus graneros
rebosan y los pobres mueren de hambre despojados de su dignidad.
Los únicos que pueden dar un vuelco a la economía
de desequilibrios y despojos, y a los sistemas políticos
que la apoyan, son los que se ponen en contra de los idólatras
y de sus ídolos, rescatando los valores anticonsumistas
y antiacumuladores de la Biblia y de Jesús mismo. Porque
la Biblia denuncia y grita diciendo a los idólatras:
“La escasez y el despojo del pobre están en vuestras
mesas”. Apartáos de toda idolatría y seguid
al Señor de la vida y sustentador de la dignidad de
las personas.
Juan Simarro Fernández,
licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana
de Madrid.
© J. Simarro, 2003, Madrid, España.
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