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Número 07 - 14 de octubre, 2003
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JUan simarro

Idólatras modernos

En la Biblia, fundamentalmente en los profetas, la idolatría es el gran pecado, pero tiene uno semejante: el oprimir al pobre y el no compartir. Contra el despojo de los pobres se clama con la misma fuerza que contra la idolatría. En cierta manera ambos atentan contra la creación y contra la vida humana. Los opresores machacan la dignidad de la persona y lo reducen a una especie de muerte que es el no-ser de la marginación y la opresión. Pero los idólatras también están en contra de la vida. Pueden sacrificar hombres y animales en el altar de sus ídolos. Hoy, los grandes idólatras de nuestros días, son los que acumulan sin tener en cuenta que su acumulación está en contra de la vida y la dignidad de las personas. Están inmolando en el altar del dios Mamón a más de media humanidad.

La moderna idolatría fundamentada en un neoliberalismo despiadado que aumenta la riqueza de unos pocos y acrecienta la pobreza de muchos, es una idolatría despiadada y que mata la dignidad de los hombres. En sus altares sacrifican los derechos fundamentales de las personas. Juegan a una religión devoradora de hombres, aunque estén diciendo aleluyas en lujosos locales que conforman muchas iglesias inconscientes ante esta idolatría.

Por eso Jesús, que en su declaración programática en el comienzo de su ministerio entronca con los profetas citando al Profeta Isaías, va a mostrar su ingente fuerza decantándose en dos líneas que se complementan y que en el fondo forman la integralidad de su mensaje liberador: La salvación escatológica para la eternidad que no se puede desligar de la salvación que Jesús anuncia para la marginación y el dolor del hombre en su aquí y su ahora. Es la salvación integral que vale tanto para el más allá como para liberación de los hombres de la injusticia y de la opresión. Así, Jesús se decanta por el hombre sufriente como lugar teológico, como lugar sagrado por encima de los templos y de las normativas religiosas. Jesús se preocupa por la dignidad humana y por la promoción social de las personas, tanto como por la salvación para la eternidad.

Los que oprimen, despojan o marginan, van en contra de esa dignidad... se sitúan en lucha frente al fuerte de Israel, frente al poder de Jesús mismo, mutilan sus enseñanzas y prostituyen su Evangelio. De nada vale el que se alberguen entre las sacristías o los bancos de las Iglesias o que reciban la bendición de sus pastores o de los poderosos de la tierra. Acumular es despojar, es oprimir. Crear desequilibrios sociales que aumenten las desigualdades entre los hombres, despojando de su dignidad a los más débiles, es idolatría, es sacrificar en el altar del dios Mamón a los más débiles, es ofrecer víctimas a los ídolos... Idolatría que las religiones de la tierra no han logrado hacer desaparecer. Los ateísmos, los secularismos, los ocultismos y otras desviaciones religiosas que conforman muchas de las nuevas espiritualidades, no son más peligrosas que la idolatría que sacrifica en el altar de sus ídolos a tantos coetáneos suyos. Por eso Jesús combatió contra ellos y se unió al grito profético.

Seguir las líneas de Jesús que se decantan por la defensa de la dignidad humana, podría ser el revulsivo que hiciera cambiar las estructuras sociales injustas. Seguir los ejemplos, los compromisos y los estilos de vida de Jesús, sería lo único que podría luchar contra esta eterna idolatría... Siguen adorando al becerro de oro, símbolo también de la idolatría del dinero, de los acumuladores.

Así, un nuevo orden económico internacional, pasa por romper ese becerro de oro, por repartir esa riqueza, por eliminar el hambre del niño que se muere ante la vista de muchos de sus coetáneos que han trabajado como el rico necio para ampliar sus graneros y hacerlos mayores: “Alma mía, come, bebe, regocíjate”, es la filosofía de estos idólatras. Sus graneros rebosan y los pobres mueren de hambre despojados de su dignidad. Los únicos que pueden dar un vuelco a la economía de desequilibrios y despojos, y a los sistemas políticos que la apoyan, son los que se ponen en contra de los idólatras y de sus ídolos, rescatando los valores anticonsumistas y antiacumuladores de la Biblia y de Jesús mismo. Porque la Biblia denuncia y grita diciendo a los idólatras: “La escasez y el despojo del pobre están en vuestras mesas”. Apartáos de toda idolatría y seguid al Señor de la vida y sustentador de la dignidad de las personas.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2003, Madrid, España.
  

 
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