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La
Leyenda negra española (II)
La actuación
pontificia ante la situación de los indígenas,
huelga decir que esta siempre se acomodó a la iniciativa
real, ya que fueron teólogos españoles a instancias
de los reyes, los que hicieron las Leyes de Indias, debido
sin duda a que el regio patronato español excluía
las actuaciones del Papa con respecto a la situación
de la Iglesia en América, y no es hasta la independencia
de esta, que el Papa vuelve a recuperar el control de la
Iglesia del Sudamérica y Centroamérica. Este
hecho lo demuestra, que Bartolomé De las Casas nunca
se dirigió a Papa alguno para defender a los indios,
ya que sabía que la llave para solventar los problemas
de los indígenas estaba en la Corte Imperial.
En cuanto
a la Evangelización de América,
reconocer la loable labor de miles de monjes y sacerdotes
que arriesgaron sus vidas para transmitir la fe católica.
Suscribir su intento de acercamiento a la cultura e idioma
indígena, aunque no podemos decir lo mismo de los "cristianos
colonizadores”, que arrasaron a muchas comunidades
en su afán de buscar oro. Tampoco podemos negar que
los castigos y abusos hacia los indígenas fueron reales,
aunque su muerte masiva, en algunos casos, se debió más
bien al choque bacteriológico y psicológico.
Contraponer una sociedad americana
hispana, mestiza y tolerante, frente a un protestantismo
norteño racista y genocida
en su forma de colonización, no puede calificarse
sino como mera afirmación gratuita. Las culturas pueden
ser racistas y por el contrario haber en ellas minorías
e individuos con valores distintos. Los españoles,
que poco tiempo antes habían expulsado a los judíos
de la Península, que terminaron de expulsar a los
moriscos en el siglo XVII y que importaron a cientos de miles
de negros a las colonias, no pueden tacharse con otro apelativo
que racistas. Los protestantes de la época, también,
aunque hubiera excepciones entre los cuáqueros, menonitas
o puritanos, pertenecían a una cultura racista y esclavista.
A pesar de todo, no debemos olvidar que el primer lugar donde
se respetaron los derechos de cualquier persona, fuera cual
fuera su religión, fue en la colonia de Pennsylvania,
donde se respetaba a los católicos y se evangelizaba
a los indios. Tampoco debemos desconocer que la discriminación
religiosa en nuestro país ha persistido hasta los
años 70 del siglo XX, con las excepciones de las dos
repúblicas españolas. Si a todo esto añadimos
que el primer país democrático de la tierra
fue Estados Unidos, a excepción de las experiencias
griegas, y que su declaración de derechos del hombre,
nació de plumas protestantes, sería difícil
negar que los evangélicos, en su más pura expresión,
contribuyeron al tratamiento digno del ser humano. Para cerrar
este apartado, tan sólo recordar, que los instrumentos
que España utilizó en el propio siglo XX, para
colonizar África, no se diferenciaban mucho del resto
de las potencias occidentales, tan sólo en la cantidad,
ya que España no poseía la fuerza para colonizar
más territorios.
Llamar al protestantismo “el mundo del error y del
antihumanismo”, como citan muchos seudohistoriadores,
no necesita respuesta después de lo dicho anteriormente.
Añadir además que los protestantes fueron enemigos
del orden establecido y vasallos del poder del estado es
un despropósito. La iglesia y el estado monárquico
estaban unidos, yo diría unidísimos, durante
toda su historia. El poder del rey español sobre el
Papa y la intervención de este último constantemente
en política, olvidando sus deberes pastorales, comportándose
como un príncipe más, luchando por sus territorios
como un señor de la guerra es por todos conocida.
Los intentos de reconciliación entre protestantes
y católicos en el siglo XVI fallaron por los políticos,
ya que muchos teólogos estaban dispuestos a llegar
a acuerdos.
El protestantismo no rompió con lo sagrado ni separó lo
cotidiano de lo espiritual dando lugar al secularismo, lo
que hizo fue integrarlo por medio del sacerdocio universal,
en el que se valoraba igualmente el trabajo de un carpintero,
que el de un clérigo, rompiendo esa terrible división
de castas medieval: sacerdotal, militar y trabajadora. El
axioma máximo del protestantismo se resume en las
palabras de Benson; “Para la Iglesia nada es secular
sino lo que es pecaminoso”.
Con respecto a la inquisición sólo dos pinceladas.
Sabemos que no es una invención hispana, pero el uso
que hizo de ella el estado hispano fue tal, que es casi imposible
no asociar a ambos. El estado racista de pureza de sangre
que la monarquía creó en los Reinos Peninsulares
fue terrible, y eso lo dicen historiadores españoles
y extranjeros. La continua vigilancia de la sociedad, los
injustos crímenes dictados por la inquisición
y ejecutados por el estado y el aislamiento cultural, son
algo tan evidente, como que España ha necesitado llegar
a la democracia para enterrar todos esos fantasmas. La España
abierta de Cisneros o Carlos V no tiene nada que ver con
la oscuridad de Felipe II y sus descendientes. Los asesinatos
a los protestantes españoles en los actos inquisitoriales
de Sevilla y Valladolid a mediados del siglo XVI, las guerras
religiosas, o las purgas en Polonia, Austria, Bohemia, no
pueden compararse al desgraciado asesinato de Miguel Servet.
La “mala fama” de España persiste en
muchos foros internacionales. Tal vez sean las secuelas de
nuestro pasado imperial, pero es inútil intentar maquillar
hasta convertir la Leyenda Negra en una Leyenda Rosa, cursi
además de falsa. Asumir los errores nos hace más
fuertes y nos permite conocernos mejor a nosotros mismos.
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Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia
para el debate” y “Kerigma”
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