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Número 07 - 17 de octubre, 2003
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Historias sin cuento
MARIO ESCOBAR

La Leyenda negra española (II)

La actuación pontificia ante la situación de los indígenas, huelga decir que esta siempre se acomodó a la iniciativa real, ya que fueron teólogos españoles a instancias de los reyes, los que hicieron las Leyes de Indias, debido sin duda a que el regio patronato español excluía las actuaciones del Papa con respecto a la situación de la Iglesia en América, y no es hasta la independencia de esta, que el Papa vuelve a recuperar el control de la Iglesia del Sudamérica y Centroamérica. Este hecho lo demuestra, que Bartolomé De las Casas nunca se dirigió a Papa alguno para defender a los indios, ya que sabía que la llave para solventar los problemas de los indígenas estaba en la Corte Imperial.

En cuanto a la Evangelización de América, reconocer la loable labor de miles de monjes y sacerdotes que arriesgaron sus vidas para transmitir la fe católica. Suscribir su intento de acercamiento a la cultura e idioma indígena, aunque no podemos decir lo mismo de los "cristianos colonizadores”, que arrasaron a muchas comunidades en su afán de buscar oro. Tampoco podemos negar que los castigos y abusos hacia los indígenas fueron reales, aunque su muerte masiva, en algunos casos, se debió más bien al choque bacteriológico y psicológico.

Contraponer una sociedad americana hispana, mestiza y tolerante, frente a un protestantismo norteño racista y genocida en su forma de colonización, no puede calificarse sino como mera afirmación gratuita. Las culturas pueden ser racistas y por el contrario haber en ellas minorías e individuos con valores distintos. Los españoles, que poco tiempo antes habían expulsado a los judíos de la Península, que terminaron de expulsar a los moriscos en el siglo XVII y que importaron a cientos de miles de negros a las colonias, no pueden tacharse con otro apelativo que racistas. Los protestantes de la época, también, aunque hubiera excepciones entre los cuáqueros, menonitas o puritanos, pertenecían a una cultura racista y esclavista. A pesar de todo, no debemos olvidar que el primer lugar donde se respetaron los derechos de cualquier persona, fuera cual fuera su religión, fue en la colonia de Pennsylvania, donde se respetaba a los católicos y se evangelizaba a los indios. Tampoco debemos desconocer que la discriminación religiosa en nuestro país ha persistido hasta los años 70 del siglo XX, con las excepciones de las dos repúblicas españolas. Si a todo esto añadimos que el primer país democrático de la tierra fue Estados Unidos, a excepción de las experiencias griegas, y que su declaración de derechos del hombre, nació de plumas protestantes, sería difícil negar que los evangélicos, en su más pura expresión, contribuyeron al tratamiento digno del ser humano. Para cerrar este apartado, tan sólo recordar, que los instrumentos que España utilizó en el propio siglo XX, para colonizar África, no se diferenciaban mucho del resto de las potencias occidentales, tan sólo en la cantidad, ya que España no poseía la fuerza para colonizar más territorios.

Llamar al protestantismo “el mundo del error y del antihumanismo”, como citan muchos seudohistoriadores, no necesita respuesta después de lo dicho anteriormente. Añadir además que los protestantes fueron enemigos del orden establecido y vasallos del poder del estado es un despropósito. La iglesia y el estado monárquico estaban unidos, yo diría unidísimos, durante toda su historia. El poder del rey español sobre el Papa y la intervención de este último constantemente en política, olvidando sus deberes pastorales, comportándose como un príncipe más, luchando por sus territorios como un señor de la guerra es por todos conocida. Los intentos de reconciliación entre protestantes y católicos en el siglo XVI fallaron por los políticos, ya que muchos teólogos estaban dispuestos a llegar a acuerdos.

El protestantismo no rompió con lo sagrado ni separó lo cotidiano de lo espiritual dando lugar al secularismo, lo que hizo fue integrarlo por medio del sacerdocio universal, en el que se valoraba igualmente el trabajo de un carpintero, que el de un clérigo, rompiendo esa terrible división de castas medieval: sacerdotal, militar y trabajadora. El axioma máximo del protestantismo se resume en las palabras de Benson; “Para la Iglesia nada es secular sino lo que es pecaminoso”.

Con respecto a la inquisición sólo dos pinceladas. Sabemos que no es una invención hispana, pero el uso que hizo de ella el estado hispano fue tal, que es casi imposible no asociar a ambos. El estado racista de pureza de sangre que la monarquía creó en los Reinos Peninsulares fue terrible, y eso lo dicen historiadores españoles y extranjeros. La continua vigilancia de la sociedad, los injustos crímenes dictados por la inquisición y ejecutados por el estado y el aislamiento cultural, son algo tan evidente, como que España ha necesitado llegar a la democracia para enterrar todos esos fantasmas. La España abierta de Cisneros o Carlos V no tiene nada que ver con la oscuridad de Felipe II y sus descendientes. Los asesinatos a los protestantes españoles en los actos inquisitoriales de Sevilla y Valladolid a mediados del siglo XVI, las guerras religiosas, o las purgas en Polonia, Austria, Bohemia, no pueden compararse al desgraciado asesinato de Miguel Servet.

La “mala fama” de España persiste en muchos foros internacionales. Tal vez sean las secuelas de nuestro pasado imperial, pero es inútil intentar maquillar hasta convertir la Leyenda Negra en una Leyenda Rosa, cursi además de falsa. Asumir los errores nos hace más fuertes y nos permite conocernos mejor a nosotros mismos.

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Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma”

 
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