| ‘San’
Domingo/2 El “rombo vital” de la vida del creyente no engaña.
“San” Domingo. “Dominicus diae”. Es
el día del Señor.  Dicho y hecho, propongo al lector/a un ejercicio muy sencillito
de autoevaluación. Imprima esta página y señale
en el ideograma sobre estas líneas, por favor, con
un bolígrafo o lápiz rojo los puntos en los
que estima que se sitúa su grado de vivencia en día
de domingo en cada uno de los dos pares de polos: vertical
(espiritual – material) y horizontal (teoría
– praxis). Lo normal es que el domingo el eje vertical se alce del suelo
(“material, tierra, propiedades, estatus, dinero…”)
elevándose hacia arriba (“espiritual, cielo,
adoración, culto, cánticos…”), mientras
que el eje horizontal flojee a la izquierda por el lado de
la praxis (“conducta, testimonio, valores en la práctica...-”)
y se incline hacia la derecha el lado de la teoría
(“doctrina, ideas y valores sobre el papel…”).
Bien. Ahora unamos los cuatro puntos con nuestro lápiz
rojo.
¿ Coordenadas exactas? ¿Rectángulo equilibrado,
perfecto, inclinado 45 grados? Ya. Lo normal es que lo que
suele salir ni siquiera es un rombo medianamente “presentable”,
sino un… romboide “manco” por la izquierda
y por abajo y exagerado hacia arriba y a la derecha.
Martes 14-10-2003 ‘San’
Domingo/1 “Siempre
es domingo”... Los lectores mas veteranos seguro que se acuerdan: “Sieem-pre-es-do-miiiiin-goo”,
una archifamosa canción de Augusto Algueró que
tuvo un éxito tremendo a principios de los años
sesenta, hasta el punto de convertirse en una película
de gran éxito que dirigió Fernando Palacios,
con guión de Pedro Massó e interpretada por
María Mahor, José Rubio y Mara Cruz. El paradigma, desde luego, no es allá muy “protestante”
que digamos, pero las cosas son como son y en nuestra cultura
mediterránea la ética protestante del trabajo,
ya se sabe, está en clamorosa desventaja frente a la
“estética” católica del culto al
ocio. No vivimos para trabajar, sino que trabajamos porque
no hay más remedio para poder vivir. “Siempre es domingo”… Para el común de los creyentes, el domingo es el día
perfecto –para los demás ciudadanos, también–.
No se trabaja. Es el día de acudir a la iglesia, saludar
a los hermanos, calentar educadamente tu banco, dar la ofrenda,
escuchar atentamente el sermón… En fin, todo
es tan “espiritual”… que no faltan feligreses
que, de puro arrebato místico, piensas que de un momento
a otro van a saltar cantando aquello de “Los pajaritos
cantan / las nubes se levantan…”
Manuel López Rodríguez,
es periodista, director de la revista FOTO,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Manuel López Rodríguez, Madrid, España. |