| Del
alma tras la reja
Vivimos en medio de una sociedad que ha hecho lema del “comamos
y bebamos que mañana... ¿?”, y que
aparta los sentimientos y disfruta de las sensaciones,
que sólo busca emoción y adormecer el alma.
Incluso, entre nosotros percibir un gesto que denote un
sentimiento y no la alegría simple y hueca, supone
una sorpresa.
Es alma de la misma naturaleza la que se conmueve
con las notas de Bach como la que es sacudida por el dolor. ¿Os
acordáis de la expresión de “La
Pietá”?
Para ser veraces, casí habría que decir,
que no... sí, es así, apenas se puede notar
una expresión en esa María, madre de Jesús,
que con tanto dolor sostiene a su hijo muerto entre sus
brazos; el genial Miguel Ángel comprende que tal
intensidad no la puede reflejar su cara, por eso es,
casi, inexpresiva. ¡Hubiera tenido que ser capaz
de representar su alma para poder representar su sentimiento! El alma tras la reja física del cuerpo, es el
ser; no puede ser apartada, como querría la sociedad.
En cambio, ¿recordáis los celebérrimos
versos de “A la muerte del maestre...”, de
Jorge Manrique? ¿Cómo comienzan?
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando:
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo a nuestro perescer
cualquier tiempo pasado
fue mejor.
El alma despierta siente la vida y es la persona. Recordamos
nuevamente a Antonio Machado porque en un poema, “A
Don Francisco Giner de los Ríos”, sienta
las bases filosóficas del ser -¡qué gran
ahorro de filósofos, corrientes, pensamientos,
etc., etc. si la humanidad hubiera leído más
poesía!-, poniendo en boca de D. Francisco estos
versos:
¿Murió?... [pregunta alguien] Sólo
sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Ser alma. No más.
Sergio de Lis
© revista Edificación Cristiana, nº 194.
Resumido por el autor.
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