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Cueva
de ladrones Se suele asociar la expresión
“Cueva de Ladrones” con el episodio de lo que algunos
“expulsión de los mercaderes” del Templo
por parte de Jesús. Y a este relato del Nuevo Testamento,
se le suele asociar la figura de un Jesús enfadado o
violento, con un látigo en la mano y expulsando a aquellos
que habían confundido el Templo con un mercado. Es una
de las imágenes que se pueden usar para defender métodos
violentos en la búsqueda de lo justo y de lo honesto.
No obstante, Jesús, como veremos en estas líneas,
no fue violento. Es verdad que el templo funcionaba en esos
tiempos, como centro de la actividad económica de la
ciudad, emitía su propia moneda y funcionaba como una
entidad de cambio o bancaria. El templo era usado también
como un centro de sacrificios. Jesús quería darle
otro sentido, entroncando también con la línea
profética. El templo debería ser “casa de
oración para todos los pueblos”, según vemos
en el profeta Isaías y “casa sobre la cual es invocado
mi nombre”, según Jeremías. Pero este episodio no es un episodio
de violencia de Jesús contra las personas. Va más
en la línea de la concepción del templo como casa
de oración y no como centro de sacrificios y, por eso,
expulsa a los animales, ovejas y bueyes. Y hoy, siguiendo la
línea profética, hay otras razones que vamos a
ver en estas líneas, para que tengamos nosotros también
el riesgo de convertir nuestros templos en “Cueva de Ladrones”. En el Evangelio de Juan se nos dice que Jesús hizo
un “azote de cuerdas”, azote que no estaba destinado
a dar latigazos a las personas, sino un simple manojo de cuerdas
para asustar y hacer correr a los animales. Los especialistas
en griego dicen que las expresiones de que Jesús echó
fuera del templo a “todos”, hay que verlo en relación
con “tanto...como”, o sea, “tanto a las
ovejas como a los bueyes”. No hay violencia con azotes
a personas, sino simple espantada de animales reforzando la
idea del templo como “casa de oración”.
Se echa fuera a los animales que habían de ser sacrificados.
Ya no eran necesarios más sacrificios, idea que se
repite en el Nuevo Testamento. Jesús con su sacrificio
en la cruz elimina la necesidad de otros derramamientos de
sangre. Por tanto el episodio del azote de cuerdas para azuzar
animales, era un hecho no violento que impidió el derramamiento
en sacrificio de la sangre de estos animales. En cuanto al concepto del Templo como “Cueva de Ladrones”,
es una idea que a nosotros nos deja un tanto indiferentes,
porque creemos que esto ya no va con nosotros. Nuestros templos
no están llenos de mercaderes, no se comercia ni se
cambia moneda. Pero en el libro de Jeremías que es
quien usa por primera vez la expresión “Cueva
de Ladrones” se da en un contexto en el cual se puede
caer hoy también. Se da en el contexto en el que Jeremías
debe decir a los que entran en el Templo, “los que entráis
por estas puertas para alabar al Señor”, tenéis
que mejorar “vuestros caminos y vuestras obras”.
Y este mejorar los caminos y las obras, se concreta en que
con verdad deberían “hacer justicia entre el
hombre y su prójimo”. (Ver Jeremías cap.
7). Después habla de no hacer opresión a los
extranjeros, cuestión que tan actual es en nuestros
días con los problemas de la inmigración. Luego
completa con la justicia que hay que hacer al huérfano
y a la viuda: extranjeros, huérfanos y viudas como
prototipos de las personas marginadas, excluidas y de las
que se podía fácilmente abusar. Sigue luego
hablando de otros pecados que hay que eliminar y poner delante
del Señor antes de entrar por las puertas del templo.
Porque cuando gente insolidaria, opresores, injustos o los
que se aprovechan de los extranjeros, cuando personas despreocupadas
por sus caminos y por sus obras están entrando en el
templo del Señor, es cuando lo están convirtiendo
en “Cueva de Ladrones”. Isaías no ve sólo la conversión del
templo en “Cueva de Ladrones” por los efectos
de ciertas mercaderías, cambios de moneda o actividades
bancarias. Isaías grita contra los que entran en el
templo siendo insolidarios, opresores y despreocupados por
la justicia entre el hombre y su prójimo. Gentes despreocupadas
por estas líneas de la justicia social que debe afectar
a la dignidad de cada ser humano. Jeremías no podía
aceptar que gentes despreocupadas por las necesidades del
prójimo y de espaldas al dolor de los hombres, pudieran
entrar en el templo y decir: “Librados somos”,
pero cubiertos de injusticia e insolidaridad y “para
seguir haciendo todas estas abominaciones”. Así,
Jeremías tiene que gritar y decir: “¿Es
cueva de ladrones delante de vosotros esta casa sobre la cual
es invocado mi nombre?” Y aquí es donde aparece
la casa de Dios como lugar para invocar el nombre de Jehová,
el templo como casa de oración, como diría Isaías. Por tanto, mientras existan asistentes a los templos que
sean injustos, insolidarios y que no se preocupen de hacer
justicia entre el hombre y su prójimo, existirá
el concepto de templo como “Cueva de Ladrones”.
Es nuestra responsabilidad examinarnos y ver que no estamos
de espaldas al dolor de los hombres, arrepentirnos y buscar
justicia, para convertir los templos en “Casa de Oración”
y que los ladrones, injustos, insolidarios y despreocupados
por el dolor de los hombres y por la injusticia en el mundo,
se busquen otras cuevas alejadas del lugar en donde se invoca
el nombre del Señor.
Juan Simarro Fernández,
licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana
de Madrid.
© J. Simarro, 2003, Madrid, España.
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