| Mujer, ¿por
qué lloras? Esta
fue la primera frase que el Jesús resucitado pronunció,
ya que la primera persona a la que se encontró fue una
mujer, confiriéndole un papel primordial de revelación
y como testigo. Hoy en día, sin duda es también
una pregunta que Jesús tendría que volver a hacer,
ya que la mujer de nuestro mundo tiene a menudo motivos para
llorar, y sólo unos pocos para reír. La mujer llora en nuestra sociedad porque es víctima
de la violencia y la segregación de sexo. Por seguir
siendo una pertenencia de segunda categoría respecto
al hombre. En sueldo, y en estatus. Por ello, especialmente
en países hispanos, es de agradecer que mujeres como
las mexicanas evangélicas alcen su voz a favor de
todas las mujeres que sufren la ira de quienes se creen más
fuertes por tener mayor masa muscular y poder social. Se
agradece también la voz de la teóloga católica
Margarita Pintos, que recuerda que a la mujer se le puede
elevar a los altares (como Teresa de Calcuta) para continuar
excluyéndolas en la vida real de la Iglesia a labores
de sacristía y caridad. La Iglesia protestante o evangélica siempre ha ofrecido
la posibilidad de asumir tareas de responsabilidad a la mujer,
aunque seguro que por debajo de las cualidades y capacidad
natural y espiritual que tiene. Las cargas familiares poco
compartidas mucho tienen que ver con esto. En esta línea,
y dentro del respeto a la pluralidad de quienes no aceptan
el pastorado de la mujer, es sin duda un hecho importante
que otra mujer haya sido designada para el ministerio pastoral
en España. Que sea noticia significa que aún
no es habitual, y a la vez que existe una mayor aceptación
hacia esta opción que rompe con lo tradicional. Dado
que la nueva pastora (Asun Quintana) es colaboradora habitual
de esta publicación, no sólo nos alegramos
sino que damos fe de su capacidad de servicio, honestidad
intelectual y ética, además de poco dada a
figurar, por lo que le disgustarán estas líneas
editoriales -escritas a sus espaldas- cuando las lea. No podemos olvidar a Teresa de Calcuta. Como protestantes
no compartimos (es más, rechazamos) la idea católico-romana
de convertir a una persona en alguien con méritos,
no ya humanos –que los tiene- sino especiales hasta
tal punto que pueden llegar a servir para interceder entre
Dios y los hombres. La Biblia claramente dice que hay un
solo mediador (Jesús), y un solo mérito que
nos puede hacer aceptables y limpios delante de Dios: la
sangre del Cordero derramada en la cruz del Gólgota. Sin embargo, esto no quita que aplaudamos y reconozcamos,
al margen de toda crítica (incluida la nuestra) el
ejemplo y altruismo mostrado por esta pequeña mujer
que lo dio todo por los demás, especialmente por los
parias de la tierra. Algo que debe movernos a anhelar tener
al menos una pequeña parte de esa capacidad de sacrificio.
Estamos rodeados de mujeres que valen y sirven. Ojalá
que podamos preguntarles a menudo “Mujer, ¿por
que ríes?” y que los hombres podamos ser una parte
del motivo de su alegría.
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