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Número 08 - 24 de octubre, 2003
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Historias sin cuento
MARIO ESCOBAR

Lutero

En los últimos años los historiadores han cuestionado algunas premisas del materialismo histórico-marxista, en las que el individuo era víctima de los grandes procesos económicos. En la actualidad vuelve a reaparecer la fuerza del individuo y su impronta en la Historia. Esto nos plantea las siguientes cuestiones; ¿Hubiera sido posible la Reforma sin Lutero? ¿La actitud de personajes como Carlos V o León X constituyeron un freno para el protestantismo?

 

Lutero, huelga decirlo, no era un hombre corriente. Albert Greiner nos comenta del Reformador: “Un hombre entre los hombres, una personalidad dotada de una prodigiosa vivacidad, así es como nos aparece Lutero a lo largo de toda su existencia”.

Su biografía todos la conocemos: Hijo de un burgués dueño de una mina, que pretendía que su hijo ascendiera socialmente estudiando la carrera de leyes. Estudia en la Escuela Latina de Eisenech comienza sus estudios en la Universidad de Erfurt en 1501. Cuatro años después Lutero deja su carrera para entrar en la orden agustina y termina siendo profesor de filosofía de Wittemberg. Años después consigue el doctorado en Teología y comienza sus famosos estudios de la Sagrada Escritura: Romanos, Gálatas...Pero todo esto nos dice muy poco del hombre, de su angustia existencial, miedo a la muerte, odio al desorden. Albert Greiner nos cice de él: “Es demasiado poco, en verdad, decir que existen dos hombres en Lutero; son innumerables: el meditativo y el apasionado, el tímido y el luchador, el conciliador y el intransigente, el amable y colérico, el tierno y el grosero, el confiado y el melancólico, el alegre y el desesperado”.

Estas contradicciones se aúnan en uno de los episodios más tristes de su vida, el terrible escrito de Contra las hordas ladronas y asesinas. Tal vez nos toque a los protestantes pedir perdón por este y otros errores, en vez de criticar a la Iglesia Romana. Pero estos hechos no disminuyen al personaje, mas bien lo engrandecen, ya que demuestran que sublimes y míseros podemos llegar a ser los seres humanos.

Aun así, quedémonos con el Lutero padre y esposo, ya que la verdadera excelencia de un hombre o de una mujer está en su vida familiar. El propio Lutero dice a su esposa: “Amo a mi Catalina; la quiero más que a mí mismo, segurísimo; preferiría morir antes que verla morir a ella y cualquiera de los niños”. Este amor y dedicación en un hombre ocupado en organizar una iglesia, la Iglesia Evangélica Alemana, enseñar en la Universidad, escribir libros, producir himnos, supervisar pastores y defender la Fe frente a mil enemigos.

Sola Fe, sola Gracia y sola Escritura, para construir vidas comprometidas amando a Dios, su familia y al prójimo.



Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma”

 
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