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Lutero
En los últimos
años los historiadores han cuestionado algunas premisas
del materialismo histórico-marxista, en las que el
individuo era víctima de los grandes procesos económicos.
En la actualidad vuelve a reaparecer la fuerza del individuo
y su impronta en la Historia. Esto nos plantea las siguientes
cuestiones; ¿Hubiera sido posible la Reforma sin Lutero? ¿La
actitud de personajes como Carlos V o León X constituyeron
un freno para el protestantismo?
Lutero, huelga decirlo, no era un
hombre corriente. Albert Greiner nos comenta del Reformador: “Un
hombre entre los hombres, una personalidad dotada de una
prodigiosa vivacidad, así es como nos aparece Lutero
a lo largo de toda su existencia”. Su biografía todos la conocemos: Hijo de un burgués
dueño de una mina, que pretendía que su hijo
ascendiera socialmente estudiando la carrera de leyes. Estudia
en la Escuela Latina de Eisenech comienza sus estudios en
la Universidad de Erfurt en 1501. Cuatro años después
Lutero deja su carrera para entrar en la orden agustina y
termina siendo profesor de filosofía de Wittemberg.
Años después consigue el doctorado en Teología
y comienza sus famosos estudios de la Sagrada Escritura:
Romanos, Gálatas...Pero todo esto nos dice muy poco
del hombre, de su angustia existencial, miedo a la muerte,
odio al desorden. Albert Greiner nos cice de él: “Es
demasiado poco, en verdad, decir que existen dos hombres
en Lutero; son innumerables: el meditativo y el apasionado,
el tímido y el luchador, el conciliador y el intransigente,
el amable y colérico, el tierno y el grosero, el confiado
y el melancólico, el alegre y el desesperado”.
Estas
contradicciones se aúnan en uno de los episodios
más tristes de su vida, el terrible escrito de Contra
las hordas ladronas y asesinas. Tal vez nos toque a los protestantes
pedir perdón por este y otros errores, en vez de criticar
a la Iglesia Romana. Pero estos hechos no disminuyen al personaje,
mas bien lo engrandecen, ya que demuestran que sublimes y
míseros podemos llegar a ser los seres humanos.
Aun
así, quedémonos con el Lutero padre y
esposo, ya que la verdadera excelencia de un hombre o de
una mujer está en su vida familiar. El propio Lutero
dice a su esposa: “Amo a mi Catalina; la quiero más
que a mí mismo, segurísimo; preferiría
morir antes que verla morir a ella y cualquiera de los niños”.
Este amor y dedicación en un hombre ocupado en organizar
una iglesia, la Iglesia Evangélica Alemana, enseñar
en la Universidad, escribir libros, producir himnos, supervisar
pastores y defender la Fe frente a mil enemigos.
Sola Fe,
sola Gracia y sola Escritura, para construir vidas comprometidas
amando a Dios, su familia y al prójimo.
Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia
para el debate” y “Kerigma”
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