| Reivindicando
la sencillez Decía un escritor de relevante
fama, «qué necio es aquel que decide tomar el
postre antes del primer plato, ya que pierde el placer de saborear
las gustosas viandas del principio».
Yo, escritora sin fama, expreso mis ideas con respecto a temas
muy vinculados al placer, y digo que quienes no saborean la
sencillez de esta vida, optando por ello a buscar dobleces
a su existencia, desconocen cuánta pureza existe en
los eventos mas cotidianos, aunque a sus ojos carezcan de valor.
Como fiel domadora de críticas, a menudo me hallo
frente a quienes no entienden mi filosofia de la vida, quienes
asombrados se preguntan cómo alguien rebosante de
juventud puede prescindir de cosas «básicas» gozando
así de otras aparentemente ilógicas. Aquí comienza
mi desperezo y con ello mi reivindicación. ¿Con qué se puede sustituir algo tan relajante
como un paseo? ¿Qué es comparable a una buena
charla junto a los amigos? Un atardecer en la playa, una
taza de té en los fríos días de invierno,
oír esa vieja canción con la que te emocionabas,
ver la lluvia tras los cristales empañados por el
vaho del calor del hogar,andar descalzos por la orilla del
mar, escuchar a quien necesitan tus oídos para desvelar
sus problemas, ver reír a un niño, volver a
leer tu poema preferido, tumbarte en el húmedo césped
recién cortado, escribir a un amigo en la distancia,
contemplar la primavera en los ojos de quien te ama, oler
la magia que desprende el vivir un nuevo día, orar
y sentir a Dios cerca de ti... Todo esto y mucho más está al alcance de todos,
de forma que quienes quieran y puedan quedan invitados a
gozar de ello. Podrán sentir si lo desean cuánta
belleza se esconde tras eventos que rezuman sencillez y que
gratuitamente se nos ofrecen a toda la humanidad sin excepción
alguna. Pero si aún así siguen pensando en lo absurdo
de esta proposición, pueden optar por involucrarse
en otras tareas. Como comprar innecesariamente cosas que
no se necesitan; buscar placer a cualquier costo, sin importar
cuánto se pueda perder en el camino; anhelar lo que
otros poseen y que conscientes son de inutilidad para nuestras
vidas; buscar ansiosamente la perfección física;
lograr conquistar la cima de las emociones mas fuertes haciendo
puenting, parapente, o cuantas miles de actividades de riesgo
haya. El subidón de adrenalina está garantizado,
pero de seguro es inigualable a cuanto se puede sentir compartiendo
unos instantes en torno a la calidez de un encuentro con
lo sencillo.
Yolanda Tamayo es colaboradora
de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2003, España
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