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Casona: misterios de la vida y la fe En “Los árboles mueren
de pié” Casona hace decir a su personaje Mauricio:
" De los males del cuerpo ya hay muchos que se ocupan.
Pero ¿quién ha pensado en los que mueren sin un
solo recuerdo hermoso?, ¿en los que no han visto realizado
su sueño?, ¿en los que no se han sentido estremecidos
nunca por un ramalazo de misterio y de fe?". Yo personalmente
creo que Casona era un hombre de fe, que palpando buscaba a
Dios, pero que una vez encontrado, lo trataba de explicar poéticamente
en sus obras, muy especialmente las teatrales. Una de sus máximas era: “Si
eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas
por un barrio de mendigos. No se puede pasear una felicidad
como la tuya por un mundo de desgraciados”. Casona en
“La tercera palabra” plantea la imagen de conceptos
abstractos y explica que los tres misterios de la vida que hacen
temblar al hombre son Dios, la muerte y el amor. Casona tembló muchas veces en Besullo (Asturias) tratando
de entender estos misterios. Sus parientes, herreros de carros
para la industria del mineral y protestantes muy preparados
culturalmente también, le supieron trasmitir la fuerza
del amor a Dios y a los hombres, por medio de la iglesia sencilla
y la escuela rural, con una maestra evangélica titulada
que preparaba a los mejor dotados para todas las titulaciones
. La constante lucha de estos luteranos en la montaña
asturiana, ante un clericalismo feudal y descristianizado,
fortaleció aún mas los lazos de Casona con Besullo
y en este ambiente encontró lo que él llamó
“la felicidad total”. En este lugar y en toda
Asturias encuentra el “paraíso perdido”,
ese que pocas veces se encuentra en la vida terrenal de los
hombres, pero que una vez encontrado los ojos siempre descansan
en la maravilla de la luz que emana de aquel lugar. En “La barca sin pescador”, título de
sabor bíblico y de contenido sumamente trascendental,
está basada en la fábula del mandarín.
Lo cuenta Chateaubriand en “El genio del cristianismo”
y dice así: “En el mas remoto confín de
la China vive un mandarín inmensamente rico, al que
nunca hemos visto y del cual ni siquiera hemos oído
hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna y para hacerle
morir bastara con apretar un botón sin que nadie lo
supiese... ¿quién de nosotros no apretaría
ese botón?” Aquí Casona juega con el pensamiento
de la duda moral de ¿qué haríamos si
tuviésemos la oportunidad de ser el mandarín
¿ Y si pudiésemos ser tanto como Dios? “Seréis
como Dios” dijo la serpiente a Adán y Eva. En
el fondo la fábula señala hacia el paraíso
perdido y también al deseo humano de ser tanto como
Dios ocupando su lugar. Pero la fábula tiene otro comentario mas dramático
aún en Eça de Queiroz: “El mandarín”
Dice: “Después me asaltó una amargura
mayor. Empecé a pensar que el mandarín tendría
una numerosa familia que, despojada de la herencia que yo
consumía en platos de Sèvres, iría atravesando
todos los infiernos tradicionales de la miseria humana: los
días sin arroz, el cuerpo sin abrigo, la limosna negada....”
Casona describe que es imposible vivir en el mundo sucio de
los negocios y de los placeres, porque es muy difícil
quitarse de la cabeza el grito de los hijos del mandarín,
el grito de la miseria creada por el pecado del homicidio
del mandarín. Otra idea que nos transmite Casona la del hombre nuevo, que
muere para empezar a vivir. Un hombre viejo “capaz de
arrojar cosechas enteras sin pensar en el hambre de los que
las producen”, capaz de todas las violencias, pero que
ahora está luchando para tener una vida limpia, donde
“no quede rastro de lo que fue” y ser un hombre
nuevo. La muerte es la soledad absoluta para el hombre viejo,
para el nuevo hombre es la vida, la luz al final del túnel.
“Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz
y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”
(Juan 3:20).
Manuel de León es pastor,
Presidente del Consejo Evangélico de Asturias, ha dirigido
la Revista "Asturias Evangélica" y ha publicado
“ORBAYU" una revista de investigación histórica,
cultural y sociológica del protestantismo en Asturias
© M. de León, 2003, Asturias, España. |