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Moral,
Teología y Economía
A muchos le ha parecido a lo largo
del tiempo que la economía no debería integrarse
en el campo de la reflexión teológica o viceversa:
Los teólogos no deben inmiscuirse en el campo económico.
Pareciera que Dios poco tiene que ver con la economía.
Y no solamente se ha intentado separar la economía del
quehacer teológico, sino que también se intenta
separarla de la ética o de la moral. Muchos piensan hoy
que la economía debe ser independiente, debe desarrollarse
buscando los mayores y más rápidos beneficios
sin contrapartidas de nadie. La moral, la ética, la religión
o la teología deben mantenerse en sus respectivas esferas
sin causar interferencias de ningún tipo. Se cae así
en una economía de tipo utilitarista que pretende ser
amoral. Lo que pasa es que la frontera entre la amoralidad que
reclama la economía y la inmoralidad que se contempla
al ver a más de medio mundo en la pobreza, hay solamente
un pequeño paso. ¿O es que ni siquiera hay un
paso y los modernos sistemas económicos como el neoliberalismo
actual han caído en la inmoralidad?
Hoy en día, cuando se entra
en una librería de libros teológicos, de libros
que están estudiando el fenómeno religioso en
el mundo, no es de extrañar el encontrarse con multitud
de títulos que integran conceptos económicos y
pensamiento crítico en torno a estas economías
ajenas al pensamiento ético. Ya, en los países
del SUR pobre, en ese sector del mundo de los dos tercios en
pobreza, se ha dado la Teología de la Liberación
que es una teología crítica contra un mundo que
genera pobreza y, así, se ve en la necesidad de integrar,
junto a otras ciencias sociales que les sirven como elemento
de análisis, la economía. En su análisis
del mundo, la Teología de la Liberación pone al
pobre como lugar teológico central, cuestión que
ha influido en gran parte del pensamiento teológico contemporáneo.
Muchos teólogos contemporáneos intentan la vuelta
a Galilea, al Jesús histórico, intentando ver
y analizar sus estilos de vida, sus compromisos y sus prioridades.
Encuentran a un Jesús comprometido con los pobres, los
marginados y los proscritos, un Jesús crítico
contra la acumulación de riqueza, un Jesús que
denuncia y que llama al compromiso con los más débiles
y empobrecidos. Esta visión de Jesús y de la Teología
no puede ser ajena a la economía. Incluso se acusa al
NORTE rico de ser, con su acumulación y gasto desmedido,
los causantes del empobrecimiento del SUR pobre, un SUR depredado
y despojado.
También en los países enriquecidos por este
despojo, se han levantado voces solidarias. Se ha dado una
Teología Política que no ha sido ajena a los
sistemas económicos vigentes y ha sido crítica.
Han estado atentos a las estructuras sociales injustas, a
las estructuras que empobrecen y marginan, a la vez que han
intentado ser una teología encarnada en la realidad
histórica al igual que la propia Teología de
la Liberación.
Hoy, independientemente de estas teologías, nadie
duda que a la economía hay que integrarla no sólo
en el discurso teológico, sino también en todo
el discurso ético y moral. Es más, habría
que integrarla en la vivencia cristiana de cualquier cristiano
sencillo que quiere vivir su vida con coherencia. El ser humano,
como ser integral, es objeto de la Teología. Pero.
A su vez, el ser humano, visto de forma integral, es un ser
ético y económico. Así, el pensar en
el desarrollo integral humano, en la promoción social
de las personas, en su dignidad y en las implicaciones del
Reino de Dios, o reinado de Dios, que irrumpe con la figura
de Jesús en nuestra historia, no se le puede dar una
autonomía total a la economía. La economía
es una ciencia humana que debe coadyuvar al bienestar y a
la promoción social de las personas, de todos, tanto
en el norte como en el sur.
Y cuando se ve que la injusticia crece, cuando se observa
que cada vez es mayor la distancia entre los pocos ricos muy
ricos y los muchos pobres muy pobres, tanto el quehacer teológico
como la vivencia cristiana cotidiana, deben tomar conciencia
de que la economía debe humanizarse y evitar esos distanciamientos
y esos holocaustos de los pobres. La crítica a los
sistemas económicos injustos, a las acumulaciones y
enriquecimientos que afectan al empobrecimiento de muchos
otros, debe integrarse en la cotidianidad de la Iglesia, no
sólo en el pensar teológico formal, sino en
la vivencia diaria de la fe. Debe tenerse una visión
crítica tanto de la globalización como del neoliberalismo
imperante. Ir entrando en líneas teológicas
críticas que no aprueben la nueva religión del
mercado que quiere legitimar, también desde posicionamientos
religiosos, la actual ideología neoliberal. Nunca lo
que margina, empobrece, excluye y destruye a grandes zonas
de la humanidad, pude ser compatible con el sentir de Jesús,
con una auténtica Teología cristocéntrica,
con un cristianismo auténtico que no puede aceptar
el empobrecimiento de los pueblos, la injusticia y la desigualdad.
En el actual neoliberalismo se ve imposible la boda que entre
el Mercado y el Reino de Dios han querido ver algunos ideólogos
contemporáneos que profesan la religión neoliberal.
Esa boda solo parece darse, engañosamente, en algunos
sectores de los países enriquecidos y acumuladores.
Juan Simarro Fernández, licenciado
en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana
de Madrid.
© J. Simarro, 2003, Madrid, España.
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