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El
teatro del Siglo de Oro
I ¿Propaganda religiosa o
arte?
El teatro del Siglo de Oro español
es, sin duda ninguna, una de las expresiones más claras
de la riqueza cultural de nuestro pasado. La importancia
que adquiere el teatro
en los siglos XVI y XVII es general. En ciudades tan distintas
como Roma, París, Londres o Madrid, de una manera
casi simultanea, esta forma artística se extiende
cambiando los hábitos culturales de los europeos.
Los dos primeros siglo de la Edad Moderna
fueron, indudablemente, periodos de conmoción y profundo
cambio en el plano social y religioso. La expresión
artística se convirtió, en muchos casos, en
instrumento en manos de los estados para transmitir los “valores
correctos” y la “verdadera religión”.
La cultura normalmente siempre ha estado
al servicio del poder, ya que en las manos del poder suele
concentrarse también
las riendas de la economía.
En la España de la Contrarreforma el poder se concentraba
en pocas manos: la Iglesia, la nobleza, la realeza y algunos
pequeños grupos de burgueses. La monarquía
como directora de la política a seguir imponía
la ortodoxia en lo material y lo espiritual, apoyada en todo
momento por una iglesia dócil, domesticada por lo
derechos de nombra cargos eclesiásticos. El férreo
control cultural al que fue sometida España desde
el reinado de Felipe II, separaría a esta de las ideas
que corrían por el resto del continente. Este control
no impidió un florecimiento cultural ni la formación
y perfeccionamiento de expresiones populares de ocio.
Alguno
de los literatos más importantes de la literatura
española son de este periodo como: Garcilaso, Guevara,
Alfonso y Juan de Valdés, Villalón, Francisco
de Rojas, Francisco Delicado, Herrera, Fray Luis de León,
Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Lope de
Rueda, Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Tirso de
Molina, etc.
Dado el gran número de autores y formas de expresión
literaria, ¿podemos decir que el gobierno de España
intentó controlar la cultura y utilizarla para sus
propios fines? El estudio de esta problemática sería
largo y complicado. Por un lado las listas de libros prohibidos
de la Inquisición, el uso de la Censura, los procesos
inquisitoriales nos ayudarían a encontrar las conexiones
entre ortodoxia y control estatal. Por el otro lado, el apoyo
o rechazo a ciertos autores, también nos permitiría
reconocer los literatos que de una manera activa apoyaban
los valores de la elite.
En la España de la Edad Moderna
no son todos luces. Pero levantemos el telón e iniciemos
la función,
los personajes son reales y el drama, en algunos casos se
convertirá en tragedia, aunque siempre sobresaldrá el
sentido cómico de la vida.
Mario Escobar Golderos
Licenciado en historia y director de las revistas “Historia
para el debate” y “Kerigma”
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