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Número 10 - 7 de noviembre, 2003
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Letizia: Madrid bien vale una misa

‘Vino a mí palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, notifica a Jerusalén sus abominaciones, y di: Así ha dicho el Señor Dios sobre Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de Canaán; tu padre fue amorreo, y tu madre hetea. Y en cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no fue cortado tu ombligo, ni fuiste lavada con aguas para limpiarte, ni salada con sal, ni fuiste envuelta con fajas. No hubo ojo que se compadeciese de ti para hacerte algo de esto, teniendo de ti misericordia; sino que fuiste arrojada sobre la faz del campo, con menosprecio de tu vida, en el día que naciste. Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive! Te hice multiplicar como la hierba del campo; y creciste y te hiciste grande, y llegaste a ser muy hermosa; tus pechos se habían formado, y tu pelo había crecido; pero estabas desnuda y descubierta. Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice el Señor Dios, y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite; y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino y te cubrí de seda. Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos y collar a tu cuello. Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a reinar. Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice el Señor Dios.’ (Ezequiel 16:1-14)

Es la noticia del momento pero será noticia por mucho tiempo: por fin el heredero de la Corona de España, el Príncipe Felipe de Borbón ha encontrado a la mujer con la que compartirá su vida. El anuncio oficial por parte de la Casa Real del enlace entre Felipe y Letizia Ortiz ha pillado de sorpresa a la inmensa mayoría y no ha dejado a nadie margen de maniobra ni tiempo para reaccionar. Tal vez escarmentado por las anteriores tentativas, en las que los medios de comunicación estaban sobre la pista de las candidatas, y temiendo un posible hundimiento del nuevo proyecto, el Príncipe ha optado por guardar en el máximo secreto su relación hasta el momento de hacerla oficial y pública.

Ahora comienza el proceso de vivisección de Letizia por parte de los medios, aplicando microscopios, telescopios, reflectores y bisturís sobre su pasado (especialmente), su presente y haciendo cábalas sobre su futuro. Algunos personajes, que por años han sido protagonistas en la prensa del corazón, lo van a notar especialmente porque van a quedar relegados a posiciones de segunda categoría ante la aparición de Letizia. De entre estos desplazados, unos la considerarán su amable salvadora y otros su odiosa contrincante. Pero lo cierto es que acaba de ponerse en marcha todo un aparato dirigido a sacar el máximo partido posible de la noticia y de sus protagonistas. No debe ser fácil estar bajo el punto de mira de tantas cámaras apuntando y si no ahí tenemos el caso de la desdichada Lady Di. Pero la ventaja que Letizia tiene es que ha sido cocinera antes que fraile, es decir que ha sido periodista antes de convertirse en objeto periodístico, con lo cual conoce la trastienda y lo que se cuece en ella.

Las opiniones están divididas en cuanto a la idoneidad de la elegida; los más tradicionales la consideran impropia por dos razones elementales: no pertenece a la aristocracia y viene con el estigma de un divorcio. En el caso de que el matrimonio se realice y Felipe de Borbón ascienda un día al trono, Letizia Ortiz será la primera reina consorte de España de origen plebeyo. De ahí el desagrado de los más conservadores. Si a esto se suma el hecho aludido de un anterior matrimonio civil seguido de un divorcio, tenemos un segundo ingrediente que provoca más decepción que el primero.

Especialmente este punto le crea problemas a los que conciben la Monarquía como una rancia institución católica en España, que no entienden cómo la aspirante a ser Reina, siendo católica por estar bautizada, no contrajo matrimonio canónico en su momento. Ciertamente esto plantea muchos interrogantes porque quiere decir que en su fuero interno Letizia no es católica practicante y en el Código de Derecho Canónico se establece lo siguiente: “Excepto en caso de necesidad, nadie debe asistir sin licencia del Ordinario del lugar: ...Al matrimonio de quien notoriamente hubiera abandonado la fe católica.” (Canon 1071). Si un católico se casa por lo civil ¿Supone eso un acto de notorio abandono de su fe? No es fácil la respuesta a esa pregunta. Pero también hay otra posibilidad: Que Letizia vuelva al redil de donde un día salió y hay precedentes de este tipo; después de todo París, digo Madrid, bien vale una misa. Lo paradójico de todo esto es que el acto anticanónico que Letizia realizó al casarse por lo civil es lo que va a facilitar su enlace por lo católico, pues si su primer matrimonio hubiera sido canónico ahora habría que hacer encaje de bolillos jurídico para casarla con el Príncipe, dado que el matrimonio canónico es indisoluble. ¡Qué complejas son todas estas cuestiones de Estado! ¡Y cómo quedan en evidencia las instituciones que se empeñan en estatalizar las creencias de las personas!

Sin embargo, hay otro sector de ciudadanos que consideran esta boda una señal de modernidad y de adaptación de la Monarquía a los nuevos tiempos; las mismas características que los anteriores ven como impedimentos para tal matrimonio, son consideradas por éstos como motivos para saludar con alegría tal unión que provee la ocasión para que la Corona se desprenda de lastres inservibles del pasado. Después de todo en la Historia de España ha habido casos en los que personas que reunían todos los requisitos formales y legales para aspirar a tan alta magistratura, han demostrado ser verdaderos esperpentos a la hora de la verdad. Tal vez Letizia, sin poseer los requisitos formales y legales, les dé cien vueltas a los que los tienen.

Pero el caso de Letizia y el Príncipe me hacía pensar en otro caso todavía más singular: el de Dios y su pueblo o el de Cristo y su Iglesia. El pasaje bíblico arriba citado hace mención a una criatura doblemente tarada, pues es de oscuro linaje y tiene un estigma deshonroso (desnudez). Y sin embargo, el amor profundo e inexplicable de Dios va a ser la causa que va a sustentarla, protegerla, cubrirla, desposarla, lavarla, ungirla, embellecerla y exaltarla. Verdaderamente me siento infinitamente más privilegiado que Letizia, porque teniendo como tengo más impedimentos que ella, el Heredero (el Inigualable) me amó y dio su sangre por mí para limpiarme y sentarme con él en su Trono. ¡Gloria a Dios!

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
  

 
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