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Letizia:
Madrid bien vale una misa ‘Vino a mí palabra
del Señor, diciendo: Hijo de hombre, notifica a Jerusalén
sus abominaciones, y di: Así ha dicho el Señor
Dios sobre Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es
de la tierra de Canaán; tu padre fue amorreo, y tu
madre hetea. Y en cuanto a tu nacimiento, el día que
naciste no fue cortado tu ombligo, ni fuiste lavada con aguas
para limpiarte, ni salada con sal, ni fuiste envuelta con
fajas. No hubo ojo que se compadeciese de ti para hacerte
algo de esto, teniendo de ti misericordia; sino que fuiste
arrojada sobre la faz del campo, con menosprecio de tu vida,
en el día que naciste. Y yo pasé junto a ti,
y te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres
te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en
tus sangres: ¡Vive! Te hice multiplicar como la hierba
del campo; y creciste y te hiciste grande, y llegaste a ser
muy hermosa; tus pechos se habían formado, y tu pelo
había crecido; pero estabas desnuda y descubierta.
Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y
he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí
mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento
y entré en pacto contigo, dice el Señor Dios,
y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé
tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite;
y te vestí de bordado, te calcé de tejón,
te ceñí de lino y te cubrí de seda. Te
atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos
y collar a tu cuello. Puse joyas en tu nariz, y zarcillos
en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así
fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino
fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel
y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta
llegar a reinar. Y salió tu renombre entre las naciones
a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi
hermosura que yo puse sobre ti, dice el Señor Dios.’
(Ezequiel 16:1-14) Es la noticia del momento pero será
noticia por mucho tiempo: por fin el heredero de la Corona de
España, el Príncipe Felipe de Borbón ha
encontrado a la mujer con la que compartirá su vida.
El anuncio oficial por parte de la Casa Real del enlace entre
Felipe y Letizia Ortiz ha pillado de sorpresa a la inmensa mayoría
y no ha dejado a nadie margen de maniobra ni tiempo para reaccionar.
Tal vez escarmentado por las anteriores tentativas, en las que
los medios de comunicación estaban sobre la pista de
las candidatas, y temiendo un posible hundimiento del nuevo
proyecto, el Príncipe ha optado por guardar en el máximo
secreto su relación hasta el momento de hacerla oficial
y pública.
Ahora comienza el proceso de vivisección de Letizia por
parte de los medios, aplicando microscopios, telescopios, reflectores
y bisturís sobre su pasado (especialmente), su presente
y haciendo cábalas sobre su futuro. Algunos personajes,
que por años han sido protagonistas en la prensa del
corazón, lo van a notar especialmente porque van a quedar
relegados a posiciones de segunda categoría ante la aparición
de Letizia. De entre estos desplazados, unos la considerarán
su amable salvadora y otros su odiosa contrincante. Pero lo
cierto es que acaba de ponerse en marcha todo un aparato dirigido
a sacar el máximo partido posible de la noticia y de
sus protagonistas. No debe ser fácil estar bajo el punto
de mira de tantas cámaras apuntando y si no ahí
tenemos el caso de la desdichada Lady Di. Pero la ventaja que
Letizia tiene es que ha sido cocinera antes que fraile, es decir
que ha sido periodista antes de convertirse en objeto periodístico,
con lo cual conoce la trastienda y lo que se cuece en ella.
Las opiniones están divididas en cuanto a la idoneidad
de la elegida; los más tradicionales la consideran
impropia por dos razones elementales: no pertenece a la aristocracia
y viene con el estigma de un divorcio. En el caso de que el
matrimonio se realice y Felipe de Borbón ascienda un
día al trono, Letizia Ortiz será la primera
reina consorte de España de origen plebeyo. De ahí
el desagrado de los más conservadores. Si a esto se
suma el hecho aludido de un anterior matrimonio civil seguido
de un divorcio, tenemos un segundo ingrediente que provoca
más decepción que el primero. Especialmente este punto le crea problemas a los que conciben
la Monarquía como una rancia institución católica
en España, que no entienden cómo la aspirante
a ser Reina, siendo católica por estar bautizada, no
contrajo matrimonio canónico en su momento. Ciertamente
esto plantea muchos interrogantes porque quiere decir que
en su fuero interno Letizia no es católica practicante
y en el Código de Derecho Canónico se establece
lo siguiente: “Excepto en caso de necesidad, nadie
debe asistir sin licencia del Ordinario del lugar: ...Al matrimonio
de quien notoriamente hubiera abandonado la fe católica.”
(Canon 1071). Si un católico se casa por lo civil ¿Supone
eso un acto de notorio abandono de su fe? No es fácil
la respuesta a esa pregunta. Pero también hay otra
posibilidad: Que Letizia vuelva al redil de donde un día
salió y hay precedentes de este tipo; después
de todo París, digo Madrid, bien vale una misa. Lo
paradójico de todo esto es que el acto anticanónico
que Letizia realizó al casarse por lo civil es lo que
va a facilitar su enlace por lo católico, pues si su
primer matrimonio hubiera sido canónico ahora habría
que hacer encaje de bolillos jurídico para casarla
con el Príncipe, dado que el matrimonio canónico
es indisoluble. ¡Qué complejas son todas estas
cuestiones de Estado! ¡Y cómo quedan en evidencia
las instituciones que se empeñan en estatalizar las
creencias de las personas! Sin embargo, hay otro sector de ciudadanos que consideran
esta boda una señal de modernidad y de adaptación
de la Monarquía a los nuevos tiempos; las mismas características
que los anteriores ven como impedimentos para tal matrimonio,
son consideradas por éstos como motivos para saludar
con alegría tal unión que provee la ocasión
para que la Corona se desprenda de lastres inservibles del
pasado. Después de todo en la Historia de España
ha habido casos en los que personas que reunían todos
los requisitos formales y legales para aspirar a tan alta
magistratura, han demostrado ser verdaderos esperpentos a
la hora de la verdad. Tal vez Letizia, sin poseer los requisitos
formales y legales, les dé cien vueltas a los que los
tienen. Pero el caso de Letizia y el Príncipe me hacía
pensar en otro caso todavía más singular: el
de Dios y su pueblo o el de Cristo y su Iglesia. El pasaje
bíblico arriba citado hace mención a una criatura
doblemente tarada, pues es de oscuro linaje y tiene un estigma
deshonroso (desnudez). Y sin embargo, el amor profundo e inexplicable
de Dios va a ser la causa que va a sustentarla, protegerla,
cubrirla, desposarla, lavarla, ungirla, embellecerla y exaltarla.
Verdaderamente me siento infinitamente más privilegiado
que Letizia, porque teniendo como tengo más impedimentos
que ella, el Heredero (el Inigualable) me amó y dio
su sangre por mí para limpiarme y sentarme con él
en su Trono. ¡Gloria a Dios!
Wenceslao Calvo es conferenciante
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2003, Madrid, España.
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