Yace dormido para siempre, pero despierto en las leyendas y el recuerdo. Nunca más surcará los mares, donde vive y muere continuamente; pero navega en todo su esplendor en la realidad ficticia de las imágenes ¿Las ilusiones y los ideales de nuestras vidas? No, el Titanic.
Primero, luché por cambiar el mundo. Ahora, me conformo conque el mundo no me cambie a mí.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestron entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:2).